jueves, diciembre 20, 2007

La magia europea volvió a Pittodrie

En la década de los ochenta y con Alex Ferguson de entrenador, el Aberdeen logró triunfos que a día de hoy parecen increíbles. Tres ligas escocesas, una Recopa y una Supercopa de Europa, además de una plaza en los cuartos de final de la máxima competición continental. Visto lo que es hoy el fútbol escocés a nivel de clubes, suena a leyenda de tiempos remotos, tan inverosímil que podría pensarse que pertenece a la ficción. Que un equipo alejado de Glasgow se codeara con los colosos internacionales, que lograra derrotar al Real Madrid en una gran final, que le pasara la mano por la cara a Celtic y Rangers durante unos años... En la gélida población de la costa Este escocesa, el recuerdo de un pasado glorioso estuvo hoy en mente de todos. Más que nunca. Por primera vez en veintiún años, el Aberdeen podía clasificarse para una ronda europea más allá de Navidad. Se definió como el partido más importante desde la época de Fergie. Había que ganar al Copenhagen. El mítico Pittodrie se llenó soñando con revivir la magia. Y lo consiguió.

La primera parte ofreció tan poco fútbol que el observador externo corría el riesgo de dormirse. Si lo hubiese hecho habría faltado al respeto a la ilusión de esa gente que apoyaba desde la grada y que creía en el milagro. Un disparo defectuoso de Miller fue lo único rescatable de cuarenta y cinco minutos horrorosos. Jimmy Calderwood, que había comentado antes del partido que se enfrentaba a su mayor reto como entrenador, debió pronunciar el discurso de su vida en el descanso, porque lo que aconteció luego no se asemejó en nada a lo que se había visto hasta entonces. Aunque démosle el mérito a quien lo tuvo: Jamie Smith, ex jugador del Celtic que pasó por Glasgow sin excesivo éxito, internacional escocés en dos ocasiones en 2003, el más técnico de un equipo de innegable estilo directo, rocoso y británico. Controló un balón a unos treinta metros de la portería, le quedó botando y decidió empalmarlo. Ni el mejor jugador del mundo lo habría hecho mejor. La pelota dibujó una parábola increíble y se convirtió en una vaselina legendaria. Animado por su gol estratosférico, en una acción al contragolpe pocos minutos después volvió a animarse a chutar. Esta vez la cruzó con la zurda, pero encontró el mismo destino. Pittodrie se sabía vencedor. El conjunto danés, casi tan limitado como el Aberdeen, no parecía capaz de darle la vuelta al marcador. Y menos cuando llegaron dos contragolpes más que también terminaron en la red. El partido tan esperado, la gran batalla de los tiempos, acabó en una goleada para la historia. Quizá la magia del pasado tuvo algo que ver.

El 4-0 no debe engañar a nadie. El Aberdeen es un equipo modesto que debería caer en la ronda siguiente. De hecho, ha logrado meterse en dieciseisavos de final ganando sólo un partido de los seis que ha jugado en la presente UEFA Cup. Además de Jamie Smith, tiene dos o tres jóvenes de cierto nivel -Aluko, Maguire, Foster- y un central bastante decente -Diamond-. Pero lo que han disfrutado esta noche en Pittodrie no se lo quita nadie. Y lo que les queda. Ya se sabe que por mucho frío que haga en la calle, los pubs escoceses pueden resultar cálidos y tremendamente acogedores.

Etiquetas: , ,