jueves, febrero 14, 2008

Aluko, en los dos gritos de Pittodrie

Una vez más, el fútbol desafió la lógica. El Aberdeen no se llevó un resultado positivo para la vuelta en Munich, pero se adelantó por dos veces en el marcador y logró que su mítico Pittodrie mantuviera la imbatibilidad europea en esta meritoria campaña. Ni el Bayern, líder de la poderosa Bundesliga, fue capaz de llevarse una victoria. El Celtic se había marchado el domingo con un contundente 1-5 que hizo temer lo peor de cara a la gran cita de hoy, pero estaba claro que la mente de los futbolistas de Calderwood no estaba para partidos de la SPL: ni el gigante católico de Glasgow les motivaba lo suficiente ante la perspectiva de medirse a leyendas como Toni, Klose o Zé Roberto vestidos con la histórica zamarra bávara.

La ilusión suele provocarla la juventud: el futbolista atrevido que deslumbra no sólo por lo que es, sino también por lo que puede llegar a ser. Los dos gritos de Pittodrie nacieron de las botas de dos chicos de dieciocho años, ingleses ambos, cedidos por equipos de la Premier. El disparo con rosquita de Josh Walker, el jugadón de genio de Sone Aluko. El chico de Birmingham, de origen nigeriano, confirmó lo que ya había apuntado en las noches europeas precedentes. Internacional por Inglaterra en todas las categorías inferiores, es descarado, tiene desborde, conducción y golpeo. La gente coreó su nombre en las gradas. No era para menos: él entregó de cara a Walker en el primer tanto y lo hizo todo solo en el segundo, con sombrerito incluido. Si las grandes aventuras de conjuntos modestos suelen llegar acompañados de estrellas emergentes, no hay discusión sobre la identidad de la promesa destapada en esta UEFA del Aberdeen: Aluko. Su velocidad será también el argumento principal para que la apasionada hinchada escocesa pueda soñar con un triunfo en el Allianz.

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jueves, diciembre 20, 2007

La magia europea volvió a Pittodrie

En la década de los ochenta y con Alex Ferguson de entrenador, el Aberdeen logró triunfos que a día de hoy parecen increíbles. Tres ligas escocesas, una Recopa y una Supercopa de Europa, además de una plaza en los cuartos de final de la máxima competición continental. Visto lo que es hoy el fútbol escocés a nivel de clubes, suena a leyenda de tiempos remotos, tan inverosímil que podría pensarse que pertenece a la ficción. Que un equipo alejado de Glasgow se codeara con los colosos internacionales, que lograra derrotar al Real Madrid en una gran final, que le pasara la mano por la cara a Celtic y Rangers durante unos años... En la gélida población de la costa Este escocesa, el recuerdo de un pasado glorioso estuvo hoy en mente de todos. Más que nunca. Por primera vez en veintiún años, el Aberdeen podía clasificarse para una ronda europea más allá de Navidad. Se definió como el partido más importante desde la época de Fergie. Había que ganar al Copenhagen. El mítico Pittodrie se llenó soñando con revivir la magia. Y lo consiguió.

La primera parte ofreció tan poco fútbol que el observador externo corría el riesgo de dormirse. Si lo hubiese hecho habría faltado al respeto a la ilusión de esa gente que apoyaba desde la grada y que creía en el milagro. Un disparo defectuoso de Miller fue lo único rescatable de cuarenta y cinco minutos horrorosos. Jimmy Calderwood, que había comentado antes del partido que se enfrentaba a su mayor reto como entrenador, debió pronunciar el discurso de su vida en el descanso, porque lo que aconteció luego no se asemejó en nada a lo que se había visto hasta entonces. Aunque démosle el mérito a quien lo tuvo: Jamie Smith, ex jugador del Celtic que pasó por Glasgow sin excesivo éxito, internacional escocés en dos ocasiones en 2003, el más técnico de un equipo de innegable estilo directo, rocoso y británico. Controló un balón a unos treinta metros de la portería, le quedó botando y decidió empalmarlo. Ni el mejor jugador del mundo lo habría hecho mejor. La pelota dibujó una parábola increíble y se convirtió en una vaselina legendaria. Animado por su gol estratosférico, en una acción al contragolpe pocos minutos después volvió a animarse a chutar. Esta vez la cruzó con la zurda, pero encontró el mismo destino. Pittodrie se sabía vencedor. El conjunto danés, casi tan limitado como el Aberdeen, no parecía capaz de darle la vuelta al marcador. Y menos cuando llegaron dos contragolpes más que también terminaron en la red. El partido tan esperado, la gran batalla de los tiempos, acabó en una goleada para la historia. Quizá la magia del pasado tuvo algo que ver.

El 4-0 no debe engañar a nadie. El Aberdeen es un equipo modesto que debería caer en la ronda siguiente. De hecho, ha logrado meterse en dieciseisavos de final ganando sólo un partido de los seis que ha jugado en la presente UEFA Cup. Además de Jamie Smith, tiene dos o tres jóvenes de cierto nivel -Aluko, Maguire, Foster- y un central bastante decente -Diamond-. Pero lo que han disfrutado esta noche en Pittodrie no se lo quita nadie. Y lo que les queda. Ya se sabe que por mucho frío que haga en la calle, los pubs escoceses pueden resultar cálidos y tremendamente acogedores.

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viernes, noviembre 09, 2007

Crónica de un jueves de sesión triple

Otro jueves interesantísimo de UEFA Cup. Me encanta esta competición porque permite ver a equipos que normalmente son difíciles de seguir. Siempre descubres a algún jugador nuevo o observas más a fondo a alguno que habías visto poco. Y con los horarios tan bien puestos, permitiendo una sesión triple: a las 17:00, Spartak-Leverkusen; a las 19:00, Bayern-Bolton; a las 21:00, Aberdeen-Lokomotiv. Ese fue mi menú, pero se podían diseñar muchos otros. ¡Ay, ojalá la Champions fuera así! Con todos los partidos a la misma hora, uno se vuelve loco a la hora de elegir...

Empecemos elogiando a Zenit y Spartak. El domingo por la mañana (12:00 hora española, 14:00 hora de Moscú) se juegan el título de la liga rusa en una apasionante última jornada. Muchos equipos hubieran optado por alinear un once alternativo en el compromiso de UEFA Cup que tenían este jueves, sólo unas 60 horas antes de la cita más importante del año. Especialmente en el equipo de San Petersburgo, que llega dependiendo de sí mismo para lograr su primer campeonato nacional desde la desintegración de la URSS (y segundo en toda la historia, ya que sólo ganaron la liga soviética en 1984). Pues ambos pusieron a sus mejores jugadores sobre el campo. No sólo eso: ganaron sus respectivos partidos, muy complicados a priori. El Zenit remontó en Larissa (donde perdió el Blackburn Rovers, que va sexto en la Premier) y el Spartak derrotó al Bayer Leverkusen. En los moscovitas volvió a destacar Kalinichenko. No se entiende que el ucraniano no haya jugado en Inglaterra, Italia o España. Su precisión en los centros se acerca a la de Beckham. Genera una gran cantidad de oportunidades de gol. El penalti del 1-0 nació de un envío suyo y el del 2-0 se lo hicieron a él. Un jugador que gana partidos.

Lo del Allianz es difícil de explicar. El Bolton se adelantó pronto y luego se echó muy atrás. Era imposible que aguantara todo el encuentro, regalando la posesión a un Bayern que atacaba con criterio y que movía el balón con velocidad. La lógica remontada se produjo, y viendo la incapacidad del rival, Hitzfield retiró a Ribéry, Schweinsteiger y Podolski, los tres mejores del partido. El ex delantero del Colonia, por cierto, anotó sus dos primeros goles con el equipo bávaro desde el mes de marzo -en septiembre había marcado con la selección-. Sólo iban 2-1, pero el choque parecía sentenciado. Hasta que a diez minutos del final, en un saque de banda aparentemente inocente, Nolan peleó un balón en el área alemana, logró entregárselo a Davies y éste empalmó a la red. Un empate que no se podía creer. Tanto afectó el golpe al líder de la Bundesliga que cayó en la precipitación y no logró crear peligro real en el tiempo que faltaba. Gary Megson logró salvar un punto al final -como ya hizo el domingo en Premier ante el West Ham-, pero su equipo sigue dando sensación de candidato evidente al descenso.

Muchos se han preguntado hoy cómo fue posible que ese Rangers tan limitado que vimos en el Camp Nou lograra sacar un empate en casa ante el Barça. Pero la incomodidad de jugar en Escocia, por muy superior que seas, la experimentó esta noche también el Lokomotiv de Moscú. El tiempo tampoco ayudó: en el mítico Pittodrie de Aberdeen nevaba violentamente y soplaba un viento que añadía aún más hostilidad a las condiciones de juego. Los locales no tienen gran nivel técnico, más allá de la habilidad del joven inglés Sone Aluko (18 años), cedido por el Birmingham. Aunque sí mucha garra. Se adelantaron con un gol de cabeza en un córner, una acción muy británica. Pero les pagaron con la misma moneda cuando Branislav Ivanovic, ese defensa serbio interesantísimo, empató el partido. La segunda parte tuvo mucha pelea y el marcador no se movió. El equipo de Calderwood visitará en su próximo encuentro europeo el Vicente Calderón. No debe ser rival para el Atlético: lejos de su tierra y de la tormenta, parece un equipo bastante flojo. Al menos esa sensación dio en Atenas, donde cayó por 3-0.

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