La delantera del Helsingborgs
Henrik Larsson y Razak Omotoyossi forman una pareja peculiar. Un producto autóctono, veterano, que apura sus últimos días de fútbol en el club de su ciudad, junto a un joven beninés que a base de aventuras exóticas -llegó del Sheriff Tiraspol- intenta ganarse un nombre en el balompié europeo. Catorce años y miles de kilómetros separan sus orígenes, pero ahora se encuentran en la misma zona de un campo de juego. Y mezclan muy bien. La inteligencia y calidad del sueco junto a la potencia y buenos movimientos del africano han permitido a este modesto conjunto escandinavo seguir vivo en la UEFA hasta el mes de febrero, toda una proeza. Ellos han sido los grandes responsables de la hazaña, sumando doce goles repartidos de forma igualitaria. Anoche se despidieron de Europa, pero en un mes empieza la liga nacional: el último gran reto de Henke.
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