El final de un sueño
Antonio Puerta cumplió ese sueño, esa historia bellísima de deseos de infancia convertidos en realidad. Pero el final llegó demasiado pronto y la tristeza inunda hoy el alma de todos los que, por afinidad de cualquier tipo -de club, de amor al fútbol, de edad...-, nos sentimos cerca de su pérdida. Pero lo peor llega para los que le conocían realmente, para los que le querían, para los que compartían la vida con él. A ellos, nuestros deseos de fuerza y ánimo. Y una reflexión que no sirve de consuelo, pero que con el tiempo debe convertirse en motivo de orgullo: si al final de nuestra vida lo que cuenta es todo lo que hemos aprendido, todo lo que hemos disfrutado haciendo lo que más nos gusta, todo lo positivo que hemos dejado en la memoria de la gente, todos los momentos que hemos vivido con intensidad y todas las experiencias imborrables que hemos acumulado... si todo esto es lo que cuenta, la vida de Antonio Puerta, aunque corta, tiene que haber sido plena.
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