sábado, agosto 16, 2008

Bélgica, corazón de Europa

Empezó la Premier con triunfos mínimos de Arsenal y Liverpool y con una derrota del Tottenham en Middlesbrough. Los reds, aún sin brillar ni convencer, sacan la mejor nota al lograr tres puntos en un escenario complicado. Y Torres se reconfirma una vez más -por si a alguien le quedaban dudas- como uno de los cracks del fútbol actual. Es un jugador que marca diferencias, que decide un partido al ejecutar en décimas de segundo una acción que requiere agilidad mental y coordinación en los movimientos. Pero mañana ampliaremos nuestro juicio sobre los favoritos una vez los hayamos visto todos. Hoy toca hablar, una vez más, de la brillante selección belga olímpica.

Mientras Brasil y Argentina han caminado con paso incierto hacia su cita en semifinales, necesitando ambos una prórroga en los cuartos, un pequeño país europeo de pésimo pasado reciente futbolístico ha vuelto a demostrar que posee una generación capaz de cambiar el presente y el futuro. Se encontró hoy con un par de ayudas arbitrales -el gol fantasma del empate no queda nada claro que entre y hay con 1-2 un claro penalti a Rossi-, pero sumaba mucho más lo que tenía en contra. El cabreo de la federación y de Kompany aumentó ayer cuando el central del Hamburgo no fue titular en el encuentro inaugural de la Bundesliga. Martin Jol había declarado que requirieron su vuelta porque su participación era absolutamente necesaria y luego lo dejó en el banquillo. Sin él ni Fellaini, De Sart volvió a confiar en Simaeys y Haroun, que no son lo mismo. Cuando a los 18 minutos Baldassi expulsó con justicia al excelente Vermaelen y el zurdo del Villarreal convirtió el 1-0, parecía no haber futuro para Bélgica. Vaya misión se presentaba: remontarle a Italia con uno menos y con los dos mejores en casa.

Pero este sorprendente equipo maneja varios recursos: la potencia de Dembelé, el desborde de De Mul, la visión de Martens, la movilidad de Mirallas... En un cabezazo del atacante del AZ que quizá no entró, el empate le devolvía a los belgas la posibilidad de jugar como más cómodos se sienten: al contragolpe. Los extremos realizaron un trabajo extraordinario juntándose con Haroun y dejando más descuidadas sus labores ofensivas. Vertonghen se convirtió en el líder de la zaga una vez retrasada su posición e Italia prácticamente no generó oportunidades claras. Pero habría más contratiempos: la lesión del meta titular, el 2-2 tras un claro penalti de De Roover y la sensación de que los italianos habían logrado cambiar la dinámica del partido. Fue un espejismo: en un contraataque monumental, parecido al que había firmado Mirallas en la primera parte, Dembelé se inventó una jugada que confirmó todo lo que este fantástico bloque había prometido ya en el Europeo sub-21 del año pasado. Entonces no ganó. Pero hoy ya es el único superviviente del viejo continente en la lejana China. El último representante. Su corazón, como en las esferas institucionales.

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