jueves, marzo 22, 2007

¿Ligas de filiales o filiales en las ligas?

Mientras en varios foros deportivos en España se pueden leer de vez en cuando opiniones que reclaman que se copie el sistema inglés y se implante una liga de filiales, algunas voces en las islas apuestan por todo lo contrario: que en Inglaterra se tome prestado el sistema español. Es lo que sugirió Rafa Benítez el pasado martes, argumentando que los jóvenes futbolistas progresarían de un modo más adecuado si jugasen todos los fines de semana partidos más competitivos y profesionalizados. El técnico del Liverpool se queja de la poca intensidad que se aprecia en los encuentros de las ligas reserve, en los que se puede encontrar "jugadores de 34 años que regresan de una lesión". Para él, nada mejor que el ejemplo del Castilla, que ofrece a los canteranos del Madrid la posibilidad de disputar fútbol de alto nivel cada siete días. Ya que no le satisface el actual sistema, afirma que se verá obligado a ceder a sus promesas a otros equipos para que se curtan en el fútbol profesional -ayer mismo mandó al central Miki Roqué al Oldham Athletic de la Ligue One-. José Mourinho ya se había pronunciado en términos parecidos algunas semanas atrás.

Sin embargo, no podemos dejar de lado la razón de ser de estas ligas de filiales separadas de las divisiones profesionales. La óptica de Benítez está centrada en el jugador y su progresión, pero no hay que olvidar ni a los clubes ni a los aficionados. La presencia de equipos "B" en la segunda máxima categoría supone que entidades importantes, históricas y con una gran masa social a su alrededor no puedan tener presencia en la elite. Imaginemos que Barça, Atlético de Madrid, Sevilla y Valencia también tuvieran su filial en Segunda A. Cuatro de los clubes que están ahora en la división estarían jugando en Segunda B. Pongamos, por ejemplo, que le quitan la plaza a Castellón, Málaga, Tenerife y Elche, para citar a cuatro instituciones de cierto peso que están en la zona baja de la tabla. ¿No sería una terrible injusticia que equipos que no tienen una afición propia ni levantan grandes pasiones dejaran sin su lugar en el fútbol profesional a entidades que representan a ciudades importantes y que tienen detrás a una afición que sueña con sus colores? Eso es lo mejor del sistema inglés: que protege a los clubes pequeños e impide que se amplíen aún más las diferencias entre gigantes y diminutos.

De hecho, España es el único país de entre los que organizan las grandes ligas en el que se permite que los filiales puedan jugar en la segunda categoría. Italia, como Inglaterra, dispone de su liga primavera, absolutamente separada del sistema profesional. Alemania y Francia optan por una solución mixta: los equipos "B" están integrados en las divisiones más bajas pero tienen un tope que les limita su ascensión. En el caso germano, no pueden subir a la Bundesliga 2, por lo que su techo es la Regionalliga (tercera categoría), mientras que en el sistema galo la restricción afecta a una división más, siendo la CFA (cuarta) la liga más alta a la que pueden acceder.

Así que, ya respondiendo a la pregunta que encabeza este artículo, me posiciono claramente en contra de la presencia de los equipos filiales en las ligas profesionales. El fútbol tiene que abrirse lo máximo posible para que puedan disfrutar de él cuanta más gente mejor. Es mucho más equitativo que juegue un Leicester City en segunda, con su ciudad de 300.000 habitantes pendiente de sus resultados, que no que lo haga un Chelsea B, que preocuparía ligeramente a los seguidores del primer equipo pero que atraería a muy poca gente a sus partidos. Quizá el modelo de la liga reserve tiene que revisarse para que no se produzcan estas deficiencias que denuncia Benítez -se podría establecer un límite de edad-, pero me parece evidente que su existencia es mucho más beneficiosa para el sistema global.

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