lunes, agosto 25, 2008

El Inter de Mourinho gustó en su estreno

Ganó su primer título como pudo haberlo perdido, pero aunque Totti hubiese metido el penalti definitivo, las sensaciones que dejó el Inter en el debut oficial de José Mourinho serían las mismas: muy positivas. El equipo posee una intensidad muy distinta al de la época de Mancini: utiliza mucho más las bandas, presiona, y, por encima de todo, transmite. Debe aún mejorar para lograr la solidez que tenía su Chelsea, pero hubo momentos en los que vimos destellos que nos recordaron a la mejor versión de los blues en la era del portugués. Fue un primer sorbo y es significativo que nos hayamos quedado con ganas de más: justo lo que no sucedía con el anterior entrenador, con el que ver al Inter, más allá de algún detalle de Ibrahimovic, podía convertirse casi en un suplicio.

Mou apostó por el dispositivo táctico que más éxitos le dio en Londres: el 4-3-3. Y puso su sello con algunas invenciones que llamaron la atención: Cambiasso de central y Stankovic de pivote defensivo puro. El serbio sorprendió manejando bien los conceptos posicionales de este rol e incluso recuperó balones con garra e ímpetu. No olvidemos que gran parte de su carrera la ha hecho de centrocampista ofensivo. Los dos interiores, Muntari y Javier Zanetti, se dedicaban a encimar al poseedor del balón: le salía el que lo tenía más cerca y el otro se juntaba con el medio centro. A la hora de atacar, el ghanés era el que más se descolgaba, llegando al área y buscando repetidamente el disparo desde fuera. Su función va a ser muy similar a la de Lampard. Ibrahimovic aprobó con buena nota en su examen como delantero centro, aunque no era algo nuevo para él: en el Ajax ya había trabajado con ese sistema. En cuanto a los extremos, cumplieron con el trabajo defensivo que les exige el entrenador. Incluso el sueco quedó ubicado en la derecha durante unos minutos, pero no seguía a su lateral ni se retrasaba para juntarse con los volantes, por lo que el experimento quedó rápidamente anulado. Los laterales se incorporaron con sentido y provocaron en varias ocasiones situaciones de superioridad por los costados.

De esta forma, el Inter fue más que la Roma en la primera parte y se fue al descanso con un merecido 1-0. Pero los visitantes lograron quedarse con el balón tras la reanudación, equilibrando la contienda y empatando por dos veces con mucho orgullo. Lo lograron pese a que Totti se pasó casi todo el partido en el banquillo y sin disponer de un recambio de garantías tras la pérdida de Mancini. Hoy Baptista se ubicó en la izquierda pero parece evidente que esa no puede ser su posición. Extrañó que Spalleti no apostara por Vucinic en banda y el brasileño como atacante central. A priori, ésta va a ser una temporada difícil para los capitalinos, que tendrán mucha más competencia con un Milan centrado únicamente en la competición nacional y con una Juventus reforzada con Poulsen y Amauri más el regreso de Giovinco -sin olvidar a la Fiorentina, cuya estrategia en el mercado de fichajes es muy elogiable-.

Un par de apuntes sobre los dos delanteros italianos de origen africano que ingresaron en el segundo tiempo. Balotelli fue un peligro constante, marcó un gol y se encargó de sacarlo todo a balón parado, reivindicando un puesto en el once titular que probablemente ya merece. Okaka le dio otro aire más directo y atrevido a la banda derecha de la Roma, donde Perrotta se encontró absolutamente desubicado. Casi logró el 2-3 en la última acción del partido.

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jueves, mayo 01, 2008

La final que merecía Mou, la final que merece Lamps

El fútbol es así de caprichoso. En el año en el que hay menor diferencia de potencial entre ambos, en el año en el que el Liverpool posee la mejor plantilla de toda la era Benítez y en el año en el que al Chelsea no lo entrena el técnico con más espíritu ganador del fútbol actual, el equipo de Stamford Bridge ha llegado a la final de la Champions. Una final merecidísima para el club que ha competido con mayor intensidad y en todos los frentes en los últimos cuatro años. Una final que merecía José, por haber ido siempre a por todos los títulos, por no haber despreciado un solo partido, por ser el arquitecto del bloque que dominó el fútbol inglés con mayor solidez y con una aureola de máquina insuperable. Quizá en un acto de justicia poética, los hombres que certificaron el pase de los blues a Moscú fueron sus dos jugadores más fieles, los más mourinhistas del vestuario, Didier Drogba y Frank Lampard. Un guiño al mundo para dejar claro que, por mucho que sus críticos puedan aprovechar ahora el triunfo de Grant para atizarle, el éxito del Chelsea tiene mucho que ver con el estratega de Setúbal. Los londinenses han jugado toda la temporada con el sistema de los mejores tiempos de Mou, con los automatismos generados por sus más de tres años en el cargo, con la columna vertebral que él definió para convertir al equipo en una trituradora hambrienta.

La final que merecía Mou, pero también la final que merecía una generación de futbolistas fantásticos. La final que merecía, sin ninguna duda, Frank Lampard Junior, una leyenda indiscutible -como rezaba una pancarta ayer en el Bridge-, "el mejor profesional que he conocido en mi vida", según dijo el propio entrenador portugués. En el momento más emotivo de toda la edición de la Champions 2007-2008, Frankie, que ya había regalado al partido asistencias fantásticas sólo al alcance de los supercracks, convirtió el penalti decisivo engañando a uno de los mejores especialistas en detenerlos, se besó el brazalete y señaló al cielo. En la grada, su padre, mito del West Ham, aplaudía el coraje de su hijo. A uno, al que le da igual que gane Chelsea o Manchester United, le entran ganas de que la Champions viaje a Londres sólo para recompensar a un futbolista con una trayectoria monumental y al que han querido enterrar demasiado pronto. Lampard fue durante los dos años de dominio blue el mejor jugador de la Premier con una diferencia abismal. Merece ganar el título más elevado, porque su fútbol ha estado en la cima.

Y la final que merecían Cech, Terry, Carvalho, Makelelé, Drogba. ¡Qué partido de Drogba! ¡Qué definiciones en el momento decisivo, aquel en el que a muchos les tiemblan las piernas! Benítez lo picó en la previa y al marfileño las críticas le sirvieron de acicate.

Se generan debates en los comentarios sobre la justicia del resultado, ese término tan abstracto. El Liverpool ganó dos veces sin ser más que el Chelsea, siempre con los pequeños detalles de su lado. Ayer, la intensidad con la que los blues jugaron la prórroga desafió todas las leyes físicas. Se sobrepusieron al gol anulado a Essien y volvieron a ir a por el segundo, y luego a por el tercero. En ese tramo decantaron una eliminatoria equilibrada.

Las lesiones perjudicaron al Liverpool. La de Fabio Aurelio en la ida, la de Skrtel en la vuelta, la de Torres en el tiempo extra. Pudieron ser factores determinantes. Como lo fueron las ausencias de Sagna y Flamini para el Arsenal en los cuartos de final. Entonces se dijo que aquello era producto de la mejor gestión de plantilla de Benítez, que rotaba para evitar contratiempos. Sin embargo, el infortunio puede azotarte en cualquier momento, rotes o no. Sólo ayer, cuando la moneda salió cruz, el Liverpool se dio cuenta de que en la Champions el factor suerte tiene un papel decisivo. No tanto en la liga, donde la longitud del torneo juega a favor de los mejores. Apostar casi toda la temporada a una competición en la que influyen tantos factores incontrolables es un riesgo demasiado elevado. Hasta ahora a Benítez le había salido bien. Esperemos que esta derrota le anime a pelear de verdad por una Premier que, por potencial económico y grandeza de la institución, debería ser un objetivo abordable. La historia del Liverpool lo merece.

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jueves, septiembre 20, 2007

Sobre Mourinho, el día de su adiós

Es la historia del año. Capaz de dejar en un segundo plano las exhibiciones de anoche de Messi, Cristiano Ronaldo y Cesc Fàbregas -los hombres de moda-. Capaz de convulsionar el mundo del fútbol, de mandarle una descarga eléctrica que se haga sentir en la totalidad de su estructura. José Mourinho, The Special One, el entrenador más famoso del planeta, dejó de ser el técnico del Chelsea ayer por la noche. Tiene esta noticia la magnitud de una esfinge de piedra que se derrumba de repente, de un trasatlántico que se hunde con todo su glamour a bordo, de un palacio calcinándose bajo el fuego. Tiene un aire de inverosimilitud, como si no fuera posible. Tiene todo aquello que acompaña a las caídas de los mitos.

Lo primero que se pregunta uno cuando lee ese sintagma nominal tan confuso y ambiguo de mutual consent es si a Mourinho le han cesado o se ha ido él. Según relata la BBC, el estratega de Setúbal comunicó su marcha a varios jugadores del primer equipo mandándoles un mensaje al móvil. Los pesos pesados de la cúpula directiva blue, Roman Abrahamovic y Peter Kenyon, fueron llamados para mantener una reunión de urgencia con el entrenador. Parece, pues, que el gabinete de crisis lo propició Mourinho, pero el propietario ruso no puso reparo alguno a su decisión de irse: más bien le alivió. Su relación había sido tensa desde hacía un año: primero, por el caso Shevchenko -que no jugaba todo lo que Roman quería-; después, por la falta de fichajes en el pasado mercado de invierno -algo que indignó a Mou-; finalmente, por el nombramiento del israelí Avram Grant, amigo personal del ruso, como Director de Fútbol -eso tampoco gustó al entrenador, que quería tener control absoluto sobre la plantilla-.

Pero si lees The Sun, la historia es distinta. La reunión entre directivos habría empezado antes, sin Mourinho, y en ella Abrahamovic habría decidido su destitución. Alarmado por el mal juego de su equipo y sus humillantes últimos resultados, el propietario ruso perdió la paciencia al saber que el técnico había mantenido tras el partido ante el Rosenborg una discusión con John Terry, uno de sus mayores aliados en el vestuario a lo largo de su reinado. Ese incidente, que se desencadenó cuando el central se enteró de que el entrenador había preguntado al equipo médico si le sucedía algo a su capitán porque sus actuaciones habían empeorado, se interpretó desde la directiva como una señal inequívoca de que Mourinho estaba perdiendo el control del vestuario. The Sun afirma que a las 21.30 -hora inglesa- José llamó a Frank Lampard, su jugador de mayor confianza, para despedirse y comunicarle que dejaba de ser su entrenador. A la 1.45, el Chelsea confirmaba la noticia con una escueta nota oficial en su página web.

Sea una la historia o sea otra, la falta de confianza de la directiva en su entrenador ha propiciado la marcha del que, de largo, pasará a la historia como el mejor técnico del Chelsea de todos los tiempos. Sus dos títulos de Premier, uno de FA Cup, dos de Carling Cup y uno de Community Shield constituyen un legado impresionante. Mourinho construyó un equipo que dominó el fútbol inglés de forma tiránica durante dos años. La ausencia de un título europeo es calificada por sus detractores como un fracaso, pero un análisis profundo de sus tres eliminaciones rebaja considerablemente esa perspectiva tan negativa. Como Mourinho dijo alguna vez -y lo dice alguien que ganó una Copa de Europa-, las ligas las ganan los mejores, mientras que la Champions los que, además, tienen un poco más de suerte. Su Chelsea se quedó dos veces en semifinales ante el Liverpool en eliminatorias que se resolvieron por detalles pequeñísimos: un gol de Luis García que nadie sabe si entró, una tanda de penaltis en la que Reina hizo la diferencia. Probablemente en ambas mereció pasar su equipo, pero el fútbol fue cruel con él y los críticos se olvidaron de esa distancia tan corta que separó el éxito del fracaso.

Ahora empieza otra era, para el Chelsea y para Mourinho. Para la institución se inicia una época de dudas y desconcierto. Para el entrenador, una con garantía de proyecto serio, competitivo y ganador vaya donde vaya. Los blues han nombrado técnico del primer equipo a Avram Grant, un israelí con muchos éxitos en su país pero de escasa trayectoria internacional. Y lo peor de todo: es amigo de Abrahamovic y enemigo de Mourinho, por lo que será mal recibido en el vestuario por el amplio sector que estaba con el portugués. Mientras se especula con otros nombres -Deschamps, Capello, Lippi, Juande-, el Chelsea más caótico de los últimos tiempos visita el domingo Old Trafford. José lo verá ya por televisión, esperando iniciar una nueva aventura. Ofertas no le faltarán.

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miércoles, septiembre 19, 2007

Cristiano vuelve al Alvalade

6 de agosto de 2003. Sporting de Portugal y Manchester United disputan un partido amistoso en Lisboa para inaugura el nuevo Estadio José Alvalade XXI. Cristiano Ronaldo, la gran joya de la cantera leonina, impresiona a sus rivales con una actuación memorable cargada de talento. A Alex Ferguson no le queda otro remedio que intentar su fichaje. Lo consiguió. Diez días después, el extremo de Madeira ya lucía el 7 de Beckham en su debut en la Premier, entrando en los últimos minutos del partido en Old Trafford ante el Bolton.

Aquel, es evidente, era el primer día en el que Cristiano jugaba en el nuevo santuario del club que le formó como futbolista. Poco podía imaginar que también iba a ser, durante muchos años, el único. Ahora la Champions le da una oportunidad de volver al lugar de los hechos, al césped que cambió en un momento su carrera, que le dio la gran oportunidad -aunque, también es evidente, si aquel 6 de mayo no hubiera jugado un buen partido, tarde o temprano se hubiera acabado ganando igualmente la admiración de algún grande de Europa-. El sportinguismo de Cristiano quedó patente en sus visitas al Benfica con los red devils, así que es de esperar que la hinchada verdiblanca le reciba con enorme cariño. Como a uno de los suyos que ha conseguido convertirse en estrella mundial.

Con Nani sucederá algo parecido, aunque el caboverdiano aún no ha alcanzado el nivel de prestigio y fama que ostenta el de Madeira. El encuentro de esta noche posee ingredientes que lo hacen ser especial, pero además es muy atractivo a nivel futbolístico. El Sporting sigue contando con canteranos de un futuro enorme -Joao Moutinho, Miguel Veloso, Yannick Djaló- y se reforzó este verano con talento de la Europa oriental: llegaron el ruso Marat Izmailov y los montenegrinos Milan Purovic y Simon Vukcevic. El grupo complicadísimo en el que ha caído dificultará su pase a octavos de final, algo que sin duda, por plantilla, estaría a su alcance en otro tipo de circunstancias.

Pero hoy hay otros platos fuertes: un Arsenal-Sevilla que enfrenta a dos de los equipos que mejor juegan en todo el fútbol europeo y un Barça-Lyon que supondrá un examen muy serio para ambos. Jornada pues más atractiva que la de ayer, en la que destacó el asombroso empate del Rosenborg -quinto en la liga noruega a 13 puntos del Brann Bergen- en Stamford Bridge. El Chelsea se encuentra en el peor momento de toda la era Mourinho y aunque tiene lesionados a Drogba y Lampard su dificultad para perforar la portería contraria no parece muy lógica. Y ojo, que el domingo va a Old Trafford y los cracks parece que tampoco estarán.

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domingo, mayo 20, 2007

Drogba y Mourinho sonrieron el último día

Ya se sabe que en Inglaterra la final de la FA Cup es el partido más especial del año, la fiesta de despedida de la temporada y el encuentro que, sea cual sea su desenlace, se convertirá en un clásico que se venderá a los coleccionistas muchos años después. Además de toda su significación habitual, la de 2007 aún había levantado más expectación por tratarse de la primera que se jugaría en el nuevo Wembley y porque además llegaron a ella los dos mejores equipos del país. Todo estaba preparado para un sábado memorable en la nueva joya arquitectónica londinense, pero el espectáculo futbolístico estuvo muy por debajo de la ceremonia previa -en la que desfilaron sobre el césped representantes de los equipos campeones en el antiguo estadio y se inauguró oficialmente el recinto-. Chelsea y Manchester United decepcionaron: ya fuera por la enorme precaución que mostraron o por el considerable cansancio que evidenciaron, ambos equipos fueron incapaces de jugar un partido de ritmo alto y repleto de ocasiones de gol. Fue todo lo contrario, pero aún así pasará a la historia.

Y los libros dirán que el autor del primer gol en el nuevo estadio -los amistosos de categorías inferiores previos parece que no se van a considerar como oficiales- fue Didier Drogba, por lo que en este pequeño gran detalle el fútbol sí fue justo. Y es que el marfileño ha sido el máximo goleador de la temporada en Inglaterra, siendo el precioso tanto que decidió la final de FA Cup el número 33 que firma esta campaña. En un encuentro en el que es difícil señalar qué equipo mereció ganar, finalmente triunfó el que fue capaz de firmar la jugada más bella y elaborada del partido: una pared entre Frank Lampard y el punta marfileño que éste resolvió con un toque sutil por encima de Van der Sar. Mourinho lo celebró como todos esperábamos y dándole la importancia al título que ya se desprendía de sus declaraciones en los días previos -llegó a decir que, cuando era pequeño, para él sólo existían cuatro partidos de fútbol: las finales del Mundial, de la Copa de Europa, de la Copa portuguesa y de la FA Cup-. Cuando subió las escaleras para ir a recibir su medalla de campeón, el estratega de Setúbal indicó con las manos que había conseguido ya seis trofeos desde que llegó al Chelsea. Aunque algunos consideren que esta temporada ha fracasado, lo cierto es que ha firmado un meritorio doblete de copas. Teniendo en cuenta que sólo le separó una tanda de penaltis de la final de la Champions y que peleó la liga casi hasta el último día, creo que es de justicia reconocer el gran trabajo que ha realizado una vez más este entrenador extraordinario y ambicioso. No se podrá decir que su campaña haya sido excelente, pero estuvo muy cerca de serlo. Tampoco se podrá decir, por lo tanto, que haya sido un desastre.

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lunes, mayo 07, 2007

Una derrota de campeón y un triunfo de la cordura

Con un jugador menos. Sin Drogba ni Ashley Cole. Sin Carvalho ni Ballack. Con Kalou y Wright-Phillips arriba. Con el debutante Sinclair en los últimos minutos. Y con un orgullo inmenso, con la grandeza de un doble campeón de la Premier, con su actitud ganadora habitual. Así ha caído el Chelsea, así ha perdido Mourinho su primera liga. En uno de los mejores partidos de la temporada, sabiéndose sin opciones pero renunciando a la rendición, el equipo blue empató en el Emirates un encuentro en el que parecía no tener opción alguna y que estuvo a punto de ganar. Dijo el técnico portugués a los pocos minutos de consumarse su derrota en la lucha por el título: "Normalmente, cuando un equipo que ha tenido mucho éxito pierde un campeonato, suele ser por falta de motivación, por no tener el mismo espíritu ni la misma ambición. Pero en este caso ha sido lo contrario. Mi equipo estuvo brillante". Y es por eso que José Mourinho es muy grande. Porque nunca sus hombres parecerán acomodados. Nunca sus futbolistas desprenderán apatía. Siempre tendrán hambre. Siempre irán a ganar. Puede que el destino sea cruel con el estratega de Setúbal y esta temporada termine sin grandes trofeos en las vitrinas del Bridge, pero es innegable que muy pocos han sido tan valientes como él. Fue a por cuatro competiciones sin tirar ninguna. Quiso ganarlo todo. Y luchó por todo hasta casi el final. No puede haber adjetivos negativos ante una actitud como esta. No puede hablarse de fracaso ante el que ha competido con los mejores durante toda la temporada. Por su pasión desmedida por la victoria, por su atrevimiento constante sin reservas, José Mourinho merece todos los aplausos del mundo. Los que él mismo pedía para sus jugadores en el césped del Emirates.

Reconozco que no esperaba que el Manchester United ganara esta liga. Siempre lo vi menos sólido que el Chelsea, más frágil atrás, más proclive a dejarse puntos en campos complicados. Digamos pues hoy que la ha merecido. Por saber aguantar la presión del rival más temible pisándole los talones. Por ganar encuentros inmensamente comprometidos -en Fulham, en Tottenham, en Liverpool, en Everton-. Por mostrarse mucho más maduro de lo que en un principio se podía creer. Aunque Cristiano Ronaldo debe llevarse merecidamente todos los titulares -justísimos los premios individuales que le coronan como el mejor de esta Premier-, ha sido éste un triunfo colectivo, un éxito de equipo. Lo corroboran los grandes momentos de fútbol combinativo que nos ha dejado el equipo de Ferguson, que hace un año parecía estar muy lejos del Chelsea. Justo la tarde posterior a la debacle de Lisboa, escribí en este blog lo siguiente: "Creo que estamos más cerca del resurgimiento que de la caída. La eliminación europea hay que verla más como un accidente que como un símbolo de debilidad. Con pocas piezas nuevas, este equipo no debería envidiarle nada a los más grandes. Me atrevería a decir que el United está a sólo un medio centro de formar un grandísimo equipo." La verdad es que no esperaba que este resurgimiento llegara tan pronto, pero es evidente que el medio centro misterioso que el equipo precisaba y que se ha convertido en la pieza fundamental es Michael Carrick. Ferguson se tomó su tiempo, buscó y rebuscó por todo el panorama europeo e inglés y eligió finalmente a ese magnífico cerebro del Tottenham. Pocos fichajes habrán resultado tan rentables en términos de rendimiento inmediato y adaptación al colectivo. Con él, el resto de centrocampistas han podido jugar más liberados, sin preocuparse por lo que tenían detrás, pues eso ya estaba bien vigilado. La maravillosa aportación ofensiva de Giggs, Scholes y Cristiano Ronaldo tiene mucho que ver con la llegada de Carrick, el motor del equipo, la piedra angular. A veces no hay que volverse loco. No hace falta tirarlo todo ni reinventar las revoluciones en nombre del fútbol. Basta con identificar el problema y ponerle remedio. Entiéndase también este título del United como un triunfo de la cordura.

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miércoles, mayo 02, 2007

Reina marcó la diferencia

Es evidente. Pepe Reina le ha dado al Liverpool el billete para la final de Atenas. Evitó una derrota más abultada en Stamford Bridge y paró dos lanzamientos de penalti sobre tres en la tanda decisiva en Anfield. Benítez la contemplaba desde el banquillo con aparente tranquilidad, con la confianza de saber que tenía bajo los palos quizá a uno de los mayores especialistas del mundo en este tipo de situaciones. Y Reina, el portero que sentó al héroe de Estambul, puede ser el siguiente nombre en ingresar en la lista de guardametas memorables que ganan torneos para el club del Mersey por su habilidad deteniendo lanzamientos desde los once metros. Porque no es azar ni lotería: es acierto y dominio de un arte que se entrena, pero con el que también se nace.

¿Entiende el fútbol de justicia? Probablemente no. El resultado es indiscutible, y puede tener relación con el juego o no tenerla. En el cómputo general de la eliminatoria, creo que el Chelsea fue mejor. Fue más superior en la ida de lo que pudo serlo el Liverpool en la vuelta. Pero eso ya sucedió hace dos años y los partidos hay que ganarlos. Mourinho, al que pocas cuestiones se le podrán discutir en el planteamiento del partido -quizá no situar a Essien en el centro del campo, pero ésta parte de su confianza en que Mikel es un jugador más solvente que Boulahrouz, algo con lo que probablemente yo esté de acuerdo-, queda ahora amenazado por la perspectiva de no ganar en una temporada ninguno de los dos títulos grandes. Ya adelanto que si es cesado me parecerá una de las mayores injusticias cometidas recientemente en el mundo del fútbol, pero de todo ello hablaremos con mayor profundidad a final de temporada, que es cuando hay que hacer los balances. Y además, ya lo hemos dicho, el fútbol no entiende de justicia.

Pero hablemos de Benítez. No me gusta su tendencia irresistible a la rotación. No entiendo algunas de sus decisiones en partidos importantes -hoy, por ejemplo, su apuesta por Zenden-. Pero ha metido en dos de las últimas tres temporadas al Liverpool en la final de la Champions. Y no a un Liverpool poderoso con grandes estrellas mundiales. Siendo claros, sólo Steven Gerrard pertenece a esa categoría. Tiene algún que otro jugador de mucho nivel -Carragher, Alonso, Kuyt-, pero su plantilla no es la de un supergigante. La clasificación de la Premier League no miente. Quedó en 2005 a 37 puntos del campeón. El año pasado se acercó mucho más, pero le separaron nueve de un Chelsea que se relajó cuando ya tenía el título asegurado. Y esta temporada está a 18 del Manchester United. Tiene un buen equipo, pero nada más. Y Benítez ha logrado llevarlo de nuevo al partido que decide quién es el mejor de Europa. Parece inexplicable, pero es milagroso. Es meritorio. Tremendamente. Reconozcámoselo, pues.

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martes, mayo 01, 2007

Owen jugó 314 días después

Tengo aún muy vivo el recuerdo del día en el que se lesionó Michael Owen. Eran los primeros minutos del último partido de Inglaterra en la fase de grupos del pasado Mundial de Alemania, contra Suecia. Fue cerca de la zona de banquillos, pegado a la línea de banda, en el perfil izquierdo de los tres cuartos de campo según atacaban los pross. Enseguida se vio que aquello era serio. Las noticias de los días siguientes parecían competir en un concurso apocalíptico: incluso los pronósticos más optimistas veían muy complicado que el delantero de Chester pudiera jugar a fútbol en algún momento de la temporada 2006-2007. Había quien indicaba que aquello podía suponerle la retirada. Ayer, por fortuna, Michael Owen volvió a pisar un terreno de juego para disputar un partido de primer nivel. Fue en el Reading 1-0 Newcastle. Aguantó los noventa minutos. No marcó -bueno, sí, pero se lo anularon por fuera de juego-, pero lo más importante es que reapareció, y lo hizo más pronto de lo que todos auguraban. Diez meses y diez días después. Vuelve el Balón de Oro de 2001. El jugador al que Shearer hace referencia cuando le preguntan por su sucesor. El niño que no necesitó aprender a marcar goles porque llevaba ese instinto inscrito en su ADN. Bienvenido de nuevo, Michael.

Y estoy convencido de que Owen espera que la segunda buena noticia en dos días consecutivos llegue esta noche en Anfield con la clasificación de su amado Liverpool para la final de la Champions. Aunque el Chelsea parte con ventaja, en Inglaterra dan como favoritos a los reds, probablemente muy influidos por la mala imagen que dio el equipo de Mourinho el sábado ante el Bolton. Hablando del técnico portugués, sorprenden las declaraciones de Benítez en las que vino a decir que las rotaciones que introdujo en ese encuentro el estratega de Setúbal le van a costar el título de la Premier al equipo de Fulham Road. Puede que tenga parte de razón, pero quizá no es el más indicado para hacer un comentario como ese. ¿Cuántos puntos ha podido perder el Liverpool por la tendencia irresistible de su entrenador al cambio constante de piezas? Es evidente que se trata de un episodio más en esta espiral en la que están inmersos los dos managers para calentar el partido y trasladar la presión al rival. Es por ello que Rafa recalcó en varias ocasiones que el título que de verdad quiere ganar el Chelsea es la Champions League.

¿Y qué partido veremos? Pues otra batalla táctica, pero con el Liverpool llevando la iniciativa al principio, saliendo con mucha más fuerza e intensidad que en la ida. La baja de Ricardo Carvalho es la más importante de todas las que tiene Mourinho, que se verá obligado de nuevo a retrasar la posición de Essien, jugando probablemente con un centro del campo compuesto por Makelelé, Mikel y Lampard, con Joe Cole y Salomon Kalou acompañando a Drogba arriba. En los locales parece evidente que esta vez Crouch será titular dejando fuera a Bellamy, y no sería nada sorprendente que hubiera alguna modificación en el centro del campo tras el fracaso de Stamford Bridge en esa zona. Es difícil hacer un pronóstico en encuentros tan equilibrados y que suelen decidirse por pequeños detalles, pero no veo a Mou tropezando dos veces con la misma piedra.

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miércoles, abril 25, 2007

Mou 1; Rafa 0... y pudieron ser más

En un duelo entre dos estrategas que ante todo pretenden anular al rival, es evidente que el ganador es aquel que más daño hace al contrario. El que más veces llega. El que más peligro crea. Y en eso no ha habido color. El Chelsea ha tenido el doble -casi el triple- de oportunidades claras que el Liverpool, ha sido capaz de desarmar el entramado defensivo de Benítez con un mecanismo de ataque nada sofisticado y a su vez ha hecho imposible que el rival combinara con fluidez plantando una muralla hermética en el centro del campo. Mourinho sigue sacando el mejor rendimiento posible de sus equipos tomando las decisiones más acertadas en cada momento. Reemplazó a Ballack dando entrada a Mikel -o a Makelelé, que ya no se sabe quién es el titular- y apostó por su improvisador más talentoso, Joe Cole, para acompañar arriba a los dos fijos. El resultado fue notable: solidez absoluta, espacios anulados y Drogba bastándose él solito para ganarle la partida a los centrales reds, especialmente a Agger. Sólo fue mejorable la definición: de haber sido un poco más certera, la eliminatoria podría haber quedado vista para sentencia.

El Liverpool pareció un equipo muy flojo, en el que sólo se pudo rescatar mucho de Gerrard y algo de Kuyt. No acabó de funcionar la extraña apuesta de Benítez por Zenden, aunque el holandés no fue el peor. Mascherano ni construyó ni contuvo, Arbeloa estuvo lento en el gol e impreciso en general y Alonso sufrió mucho ante ese centro del campo tan bien diseñado por parte del rival. Reina salvó dos goles cantados de Lampard y mérito suyo es que su equipo aún esté vivo. Se echó de menos el desequilibrio de Pennant, que entró muy tarde, o el músculo de Sissoko: si no puedo esquivar a una apisonadora, déjame sacar la mía y choquemos; a ver quién es más fuerte. Lo mejor para el Liverpool es que la desventaja es remontable y que queda un partido de vuelta en Anfield, donde el factor anímico puede equilibrar la diferencia existente entre los dos equipos. Porque viendo el partido de esta noche, a nadie le tiene que extrañar que el Chelsea tenga doce puntos más en la Premier con un partido pendiente.

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miércoles, abril 11, 2007

Una noche de rayos y truenos

El dominio inglés se confirmó en forma de tormenta. Lo anticipó un rayo en Old Trafford y finalmente lo completó un trueno en Mestalla. La Roma sintió en su propia piel el efecto de la electricidad: creyó ver una luz desplazándose por el espacio, pero sólo estuvo segura de que recibió un impacto detrás de otro. El Valencia estaba prevenido del peligro que le atenazaba, pero confiaba secretamente en que no llegara un estruendo que se hizo esperar pero que cayó con todo su peso, con la fuerza de un choque de trenes de alta velocidad. Y a eso de la medianoche, cuando el mundo empezaba a recobrar la calma, el fútbol inglés se sentía orgulloso de esa llovizna eterna que baña todo su territorio, desde Londres a Manchester...

La Roma puede lamentar su suerte y su atrevimiento, pero debe aplaudir a un rival que cuando juega en casa es prácticamente imparable. Es cierto que al United le entraron los tres primeros disparos a puerta, pero también lo es que el equipo italiano concedió muchas facilidades -desastrosos Doni y Chivu- y que luego dejó demasiado espacio atrás. Es admirable: no quiso capear el temporal ni conservar un resultado digno, sino que se fue a por la imposible remontada. Fue una especie de heroicidad suicida, pues no hay equipo que mueva el balón a la velocidad que lo hacen los red devils. Repletos de confianza, los hombres de Ferguson se dieron un festín, conducidos por un Michael Carrick estratosférico -man of the match- e inspirados por un Cristiano Ronaldo sobrenatural -man of the moment-. Además de meterse en semifinales presentando una candidatura indiscutible al título europeo, borraron de un plumazo las dudas que podían surgir tras sus derrotas en la ida en el Olímpico y en Fratton Park ante el Portsmouth.

En Mestalla asistimos a la enésima prueba de que el Chelsea es mucho más dañino cuando juega con su 4-3-3. Tras una primera parte muy discreta, en la que Mourinho parecía haberse equivocado de nuevo dando la titularidad a John Obi Mikel, la reestructuración tras el descanso cambió el decorado, ayudada en gran medida por la superioridad física de un equipo que parece compuesto de futbolistas con dos corazones y cuatro pulmones. Por encima de todos ellos, Mickael Essien, que partiendo desde el lateral derecho empezó a revolucionar el partido con sus continuas cabalgadas hacia la gloria. Con Lampard y Ballack más libres, Mikel creció en el partido y se convirtió en el barrendero que Mou esperaba, distribuyendo además con ese criterio que le otorga un valor añadido. Pero los titulares tenía que llevárselos el ghanés, que seguía corriendo en el tiempo de descuento con la misma fuerza que cuando el partido empezaba. El Valencia parecía ni estar en el campo, arrollado por la potencia de un rival superdotado. Y el Chelsea estalló de júbilo sabiendo que los cuatro títulos son aún posibles, pero consciente de que los tres que le faltan deberá peleárselos a un Manchester United enchufadísimo.

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domingo, abril 08, 2007

Apuntes de un sábado intensísimo

Arrancaba el maratoniano sábado futbolístico con un desafío para dos entrenadores cuyos equipos afrontan un calendario de compresión exagerada: el Tottenham, que había jugado el jueves noche en Sevilla, visitaba a un Chelsea inmerso en una durísima eliminatoria ante el Valencia de sólo siete días de duración. El martes se verá en Mestalla quién gana la partida definitiva, pero Mourinho rotó con más criterio que luego Quique en Bilbao. Y también que Jol. Claro que los blues poseen una plantilla más amplia, con más recursos y mayor margen de maniobra. Pero el técnico de Setúbal fue fiel a su estrategia habitual: se cambian pequeñas piezas, pero el espíritu del equipo permanece intacto. Así que la columna vertebral no quedó modificada: Cech, Terry, Carvalho, Lampard y Drogba repetían sobre el campo, más el regreso de Makelelé. O sea, los que ganan los partidos. Porque hoy el duelo londinense ante el Tottenham lo ganaron el central portugués y el portero checo, como para dar toda la validez del mundo a aquellas lamentaciones de un Mourinho que, cuando su equipo se dejaba puntos en diciembre y enero, sólo pedía que regresaran los pilares de su bloque. Y con ellos volvió la solidez de un campeón que tiene todos los argumentos del mundo para repetir título. No vapulea a sus rivales como lo hace el Manchester United en Old Trafford, pero tampoco da la sensación de poder perder puntos en campos como Fratton Park. Porque lo de los red devils se veía venir: en Fulham y en Anfield ganaron de milagro, por no hablar de la goleada que pudieron recibir el pasado miércoles en Roma. Espectacular como pocos en casa, el líder de la Premier parece más vulnerable que su perseguidor cuando juega a domicilio. Y hoy, que quizá lo mereció menos que en los dos desplazamientos ligueros anteriores -David James estuvo inmenso-, perdió en Portsmouth.

En Italia el Milan ya está virtualmente en Champions. Y más que por méritos propios, por la siesta incontrolada del Palermo, que creyó que la liga terminaba en diciembre. Guidolin, casi con total seguridad, será cesado el lunes, pero los sicilianos ya van contra corriente y difícilmente podrán cazar un pájaro que tenían en la mano y que ahora está volando. Lo de la Lazio sí que tiene mérito: con una plantilla muy normalita suma ocho victorias consecutivas y se ha instalado en el tercer puesto con un colchón ciertamente importante. Pero volviendo al partido de San Siro, resulta evidente que el Milan es mucho más peligroso cuando juega con tridente. Sobre todo si la pareja de delanteros la forman Ronaldo y Gilardino, una dupla difícilmente mejorable y que, para desespero rossonero, no puede verse en Europa. Hoy mojaron los dos, y con estilo. Hablando de nombres propios, el de Giuseppe Rossi reclama día tras día mayores titulares. Con otro gol suyo sobre el final, el Parma sumó tres puntos vitales que le mantienen en el sueño de la salvación. ¿En qué estaría pensando el Manchester United cuando lo cedió primero al Newcastle y luego al Parma? ¡Pero si ahora le faltan delanteros! Y ya no hablemos de Gerard Piqué, que se está exhibiendo en Zaragoza mientras Ferguson se rompe la cabeza para suplir a Vidic. Aunque siendo sinceros, a ambos les está viniendo muy bien esta experiencia lejos de Old Trafford...

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jueves, marzo 22, 2007

¿Ligas de filiales o filiales en las ligas?

Mientras en varios foros deportivos en España se pueden leer de vez en cuando opiniones que reclaman que se copie el sistema inglés y se implante una liga de filiales, algunas voces en las islas apuestan por todo lo contrario: que en Inglaterra se tome prestado el sistema español. Es lo que sugirió Rafa Benítez el pasado martes, argumentando que los jóvenes futbolistas progresarían de un modo más adecuado si jugasen todos los fines de semana partidos más competitivos y profesionalizados. El técnico del Liverpool se queja de la poca intensidad que se aprecia en los encuentros de las ligas reserve, en los que se puede encontrar "jugadores de 34 años que regresan de una lesión". Para él, nada mejor que el ejemplo del Castilla, que ofrece a los canteranos del Madrid la posibilidad de disputar fútbol de alto nivel cada siete días. Ya que no le satisface el actual sistema, afirma que se verá obligado a ceder a sus promesas a otros equipos para que se curtan en el fútbol profesional -ayer mismo mandó al central Miki Roqué al Oldham Athletic de la Ligue One-. José Mourinho ya se había pronunciado en términos parecidos algunas semanas atrás.

Sin embargo, no podemos dejar de lado la razón de ser de estas ligas de filiales separadas de las divisiones profesionales. La óptica de Benítez está centrada en el jugador y su progresión, pero no hay que olvidar ni a los clubes ni a los aficionados. La presencia de equipos "B" en la segunda máxima categoría supone que entidades importantes, históricas y con una gran masa social a su alrededor no puedan tener presencia en la elite. Imaginemos que Barça, Atlético de Madrid, Sevilla y Valencia también tuvieran su filial en Segunda A. Cuatro de los clubes que están ahora en la división estarían jugando en Segunda B. Pongamos, por ejemplo, que le quitan la plaza a Castellón, Málaga, Tenerife y Elche, para citar a cuatro instituciones de cierto peso que están en la zona baja de la tabla. ¿No sería una terrible injusticia que equipos que no tienen una afición propia ni levantan grandes pasiones dejaran sin su lugar en el fútbol profesional a entidades que representan a ciudades importantes y que tienen detrás a una afición que sueña con sus colores? Eso es lo mejor del sistema inglés: que protege a los clubes pequeños e impide que se amplíen aún más las diferencias entre gigantes y diminutos.

De hecho, España es el único país de entre los que organizan las grandes ligas en el que se permite que los filiales puedan jugar en la segunda categoría. Italia, como Inglaterra, dispone de su liga primavera, absolutamente separada del sistema profesional. Alemania y Francia optan por una solución mixta: los equipos "B" están integrados en las divisiones más bajas pero tienen un tope que les limita su ascensión. En el caso germano, no pueden subir a la Bundesliga 2, por lo que su techo es la Regionalliga (tercera categoría), mientras que en el sistema galo la restricción afecta a una división más, siendo la CFA (cuarta) la liga más alta a la que pueden acceder.

Así que, ya respondiendo a la pregunta que encabeza este artículo, me posiciono claramente en contra de la presencia de los equipos filiales en las ligas profesionales. El fútbol tiene que abrirse lo máximo posible para que puedan disfrutar de él cuanta más gente mejor. Es mucho más equitativo que juegue un Leicester City en segunda, con su ciudad de 300.000 habitantes pendiente de sus resultados, que no que lo haga un Chelsea B, que preocuparía ligeramente a los seguidores del primer equipo pero que atraería a muy poca gente a sus partidos. Quizá el modelo de la liga reserve tiene que revisarse para que no se produzcan estas deficiencias que denuncia Benítez -se podría establecer un límite de edad-, pero me parece evidente que su existencia es mucho más beneficiosa para el sistema global.

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martes, marzo 20, 2007

El año del Chelsea-Man U

Chelsea y Manchester United están peleando por el título de la Premier separados por seis puntos y con un enfrentamiento directo en Stamford Bridge aún por disputarse. Pero ese podría no ser el único título por el que rivalicen de aquí al final de temporada. Las casas de apuestas señalan un duelo entre ellos como la final más probable de la Champions League y resulta evidente, tras los replays de ayer noche, que esa es también la final más lógica en la FA Cup. Podemos estar pues ante una temporada histórica en la que dos clubes ingleses se jueguen los tres títulos más importantes de forma directa, lo que sin duda generaría cierta rivalidad de cara al futuro entre las dos instituciones.

Los jugadores del Chelsea celebraron anoche su clasificación para semifinales de la FA Cup como si hubieran ganado un campeonato. Se abrazaron y se fueron al fondo donde estaba situada su afición y empezaron a saltar eufóricos mientras un exultante Mourinho repetía una vez más sus gestos de alegría incontenible. No debe extrañar a nadie: es el único torneo doméstico que no ha ganado el técnico portugués desde su llegada a Inglaterra y consiguieron superar una prueba dificilísima en un campo donde habían perdido en Premier. Fue un partido muy igualado en la primera mitad, con escasas ocasiones y un nivel defensivo muy alto por parte de ambos conjuntos. En la segunda todo lo desequilibró el golazo de Shevchenko, un zurdazo inesperado que se coló por la escuadra de Robinson. Una de esas genialidades por las que se le fichó y que hasta ahora prácticamente no habían aparecido. Cinco minutos después, Dawson, que había estado pletórico en la primera mitad saliendo a pelear los balones aéreos que el Chelsea enviaba a la zona de tres cuartos de campo, no estuvo esta vez tan contundente y el esférico llegó rápidamente al área, donde aprovechando la descolocación de la zaga, Drogba sirvió con el pecho a un Wright-Phillips que cruzó otro zurdazo imprevisto. 0-2 y partido resuelto. Los spurs le dieron cierta emoción al choque con el penalti transformado por Keane -y por el que debió ser expulsado Carvalho, que inexplicablemente no vio ni amarilla-, pero no supieron crear peligro alguno en el cuarto de hora restante. Se precipitaron, quisieron hacer un fútbol demasiado directo y se olvidaron de mover el balón a ras de suelo. Lennon estuvo esta vez muy desafortunado, como casi todos los jugadores de ataque de su equipo.

En Old Trafford el encuentro se decidió en una jugada polémica que ha vuelto a generar debate sobre la deportividad de Cristiano Ronaldo, al que se acusa de piscinero. Resulta complicado, tras ver varias repeticiones, asegurar si existe penalti de Woodgate al extremo portugués, que luego lo transformó con su maestría habitual. No tienen desperdicio las declaraciones posteriores del de Madeira: "Quizá no le gusto a alguna gente. Quizá soy demasiado bueno". Y lo cierto es que, ya sea por astucia y pillería o por desequilibro limpio, Cristiano volvió a ser determinante en el triunfo de un United que sueña con repetir el triplete de 1999. Aunque para conseguirlo, tendrá que superar al Chelsea. Probablemente, en más de una ocasión.

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jueves, marzo 15, 2007

Jugando con el riesgo

Llegaba el Chelsea al City of Manchester Stadium con el objetivo de situarse a seis puntos del United. No era un escenario agradable: allí perdió Mourinho por primera y única vez en su temporada de estreno en el fútbol inglés. Y había que dosificar los esfuerzos ante la terrible semana que les espera a los futbolistas blues: vuelven a tener Premier el sábado, afrontan el replay de FA Cup el lunes y se concentran con sus selecciones inmediatamente después. Pero rotación es una palabra extraña en el vocabulario de Mourinho, así que la consigna fue reservar, únicamente, energía. Ganar con lo justo, haciendo lo mínimo posible. Y así se llevó el triunfo: con un penalti más que dudoso y dejando pasar el tiempo mientras el fútbol desaparecía. Con un riesgo máximo, ya que cualquier acción, rebote o caída podía convertirse en un empate que les habría puesto, entonces sí, el título prácticamente imposible. Pero los hombres de Mou saben manejarse de maravilla en este tipo de situaciones y una vez más lograron conservar la renta.

No como el Lens, que intentó defender un 2-1 en Leverkusen y se volvió al norte de Francia con un 3-0 duro y contundente. Tras jugar toda la temporada con defensa de cuatro, Francis Gillot sorprendió ayer con tres centrales y dos carrileros, una clarísima línea de cinco cuando el contrario tenía el balón. Los alemanes aprovecharon la invitación al ataque y se dieron un festín ante el recital de errores de marcaje de los sang et or, que se practicaron un histórico harakiri que les apeó de Europa. Precisamente un ex del Bayer, Dimitar Berbatov, fue el gran protagonista de la media jornada de UEFA. El búlgaro ha crecido tanto que ya está entre los mejores atacantes del continente. Ayer dio una exhibición de recursos y maniobras para anotar un doblete y servirle a Malbranque el 3-2 definitivo de los spurs ante el Braga. Y nada de filigranas gratuitas: es exquisito para sorprender y contundente para arrollar, combinación letal de delantero total. No está a ese nivel Pierre Webó, pero su gol ante el Rangers aseguró el pase de un Osasuna tremendamente sólido. Es admirable: pese a modificar más de la mitad del equipo, la escuadra de Ziganda ha encajado sólo un gol en los últimos cuatro partidos europeos. Tiene tanta confianza que se atrevería incluso ante un Werder Bremen que sigue atacando con todo. Que ganando 2-0 en el global de la eliminatoria Clements Fritz recupere un balón en la zona de tres cuartos de campo es una demostración perfecta del carácter ofensivo radical, prácticamente único, de un equipo que sigue soñando con un doblete histórico Bundesliga-UEFA.

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lunes, marzo 12, 2007

Mou lo quiere todo

Enfrascado en la durísima persecución del Manchester United en la Premier, con la Carling ya en las vitrinas y con la Champions como objetivo prioritario, muchos entrenadores darían una importancia relativa a la FA Cup. Pero el insaciable José Mourinho, ganador como pocos, lucha hasta el final por todos los títulos posibles. Y tiene un sueño: conseguir el cuatriplete. Sería una quimera si el deseo viniera de otro técnico, pero es una posibilidad real conociendo al portugués -y viendo la plantilla de la que dispone-. Ayer, en el memorable encuentro de cuartos de final ante el Tottenham, sacó su mejor once posible, algo que ya hizo ante equipos de inferior categoría. Y perdiendo 1-3 a falta de media hora, se fue desesperadamente a por la remontada, sin importarle que un hipotético empate supusiera un partido más en el ya cargadísimo calendario blue. Así que el estratega de Setúbal terminó el encuentro con el siguiente once: Cech; Boulahrouz, Carvalho, Essien; Wright-Phillips, Ballack, Lampard, Robben; Kalou, Drogba, Shevchenko. Un 3-4-3 que incluso puede interpretarse como un 3-2-5 (en Inglaterra a los extremos se les considera delanteros) y en el que los dos medios centros eran jugadores de clarísima vocación ofensiva. A Mou le suelen acusar de ser un técnico defensivo, pero es quizá el entrenador que más arriesga en todo el mundo cuando su equipo va perdiendo. Y no lo hace precisamente cuando el tiempo se está consumiendo: su primera sustitución la hizo en el minuto 34, sin preocuparse por si el cambio humillaba a un Paulo Ferreira que está viviendo una temporada para olvidar. La prioridad, estaba claro, era remontar.

Y como no podía ser de otra forma, el Chelsea remontó. Es cierto que parte del mérito hay que dársela a Peter Cech, que salvó un mano a mano con el gran Aaron Lennon con 1-3 en el marcador. Pero el tramo final del partido fue un acoso y derribo constante del campeón de liga ante un Tottenham incapaz de capear el temporal. Fue una prueba más de la determinación de un equipo con carácter y pegada, capaz de encontrar resquicios en los muros más impenetrables. Aunque el partido vuelve a generar dudas sobre el rendimiento de una defensa que naufragó una vez más sin John Terry. Martin Jol supo cómo hacerle daño al equipo de Mou: situó a Lennon en la media punta, con libertad absoluta para que se moviera a su antojo, y el joven internacional inglés -es inexplicable que no sea titular con los pross- entraba por donde quería. El 3-3 final nos garantiza otro partidazo, esta vez en el Lane, y con el pase a semifinales en juego. Seguro que, una vez más, Mourinho no reserva a nadie.

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domingo, marzo 04, 2007

Cosas que no pueden creerse

Que el Manchester United haya ganado en Anfield. El Liverpool dominó el partido, no dejó jugar a su rival y tuvo las mejores oportunidades del partido. Las únicas, de hecho. Los red devils chutaron a puerta por primera vez en el minuto 92, en el que fue el gol del triunfo de John O'Shea, precisamente el jugador que sustituyó a Wayne Rooney en un cambio de Ferguson que evidenciaba que el técnico escocés se conformaba con el empate. Paul Scholes había sido expulsado, por lo que el punto, si ya se daba por bueno con igualdad numérica visto el desarrollo del partido, se convertía en magnífico para el United. Al final fueron tres y no puede creerse.

Que Cech sacara esos dos balones a Andy Cole y a Kanu. El Chelsea ganaba 0-1 en Fratton Park y el Portsmouth buscaba el tanto del empate. Lo habría logrado si el portero checo no llega a sacar dos manos imposibles que salvaron el resultado para el equipo de Mourinho. El técnico portugués lo tiene claro: sin la lesión de su arquero titular, los blues serían ahora líderes de la Premier. Eso nunca lo sabremos, pero está claro que desde su vuelta y la de Terry el Chelsea vuelve a parecer tan sólido como en las dos temporadas anteriores. Algunos amantes del riesgo seguimos creyendo que acabarán llevándose el título. De momento siguen vivos y no puede creerse.

Que el Bayern se haya reenganchado a la Bundesliga en sólo dos jornadas. Es el campeón, tiene la mejor plantilla de Alemania y nunca hay que darle por muerto, pero nadie podía imaginar que en cuestión de ocho días le recortaría la mitad de la ventaja al líder Schalke. En Berlín ganó por pegada y anotando dos goles al contragolpe, y, lo que es más importante, recuperó a un Podolski que hasta ahora estaba desaparecido. Gol y asistencia del mejor jugador joven del último Mundial, que despierta en el momento decisivo de la temporada. Justo cuando los próximos tres visitantes del Allianz serán el Madrid, el Werder Bremen y el Schalke. Antes de abril el Bayern puede ser líder de nuevo y no puede creerse.

Que exista un futbolista como Daniel Alves. Lo de mejor lateral del mundo empieza a quedarse corto. Su exhibición ante el Barça le confirma como un superdotado físico. Ataca, defiende, vuelve a atacar, vuelve a defender, recupera, corre, centra, chuta, corre, regatea, chuta, corre, centra... Rompe el mito del lateral ofensivo que se olvida de defender. Lo hace todo. Está en todas partes. Y como ya dejó entrever en el Mundial sub-20 de 2003, en el que fue el mejor jugador del torneo -aunque no le dieran el premio- partiendo de una posición tan marginal como el lateral derecho, ahora amenaza con hacer lo propio en un campeonato tan prestigioso como la liga española y no puede creerse.

Que el Paris-Saint Germain esté en zona de descenso. Una plantilla pensada para pelearle el título al Lyon y una institución que representa al único club importante de la capital de Francia. Ingredientes suficientes como para, incluso en una temporada nefasta, no pasar apuros para mantener la categoría. Tras flirtear con la zona caliente durante varias semanas, el PSG ha caído finalmente en los tres últimos puestos tras perder 2-0 en el campo del Sedan, hasta hoy farolillo rojo de la Ligue 1. Paul Le Guen deberá trabajar mucho para mantener a su equipo en primera y no puede creerse.

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lunes, febrero 26, 2007

Mucho más que un torneo menor

La final de la Carling Cup redondeó una competición que nos ha dejado partidos imborrables. La "copa mala", que es como la denominan aquellos que, no muy metidos en el fútbol inglés, necesitan una simplificación para ubicarse, nos trajo esta temporada la eliminación del Manchester United por parte del colista de segunda, el camino de un equipo de cuarta hasta las semifinales, la goleada histórica del Arsenal en Anfield por 3-6 y un derbi del norte de Londres que se resolvió en la prórroga del segundo partido. Todo ello precioso, pero aún faltaba lo mejor. La final, claro.

Wenger había dicho antes de empezar que él no renunciaría a su filosofía por muchos millones que un presidente rico le pusiera a su alcance. Y en un acto de enorme valentía, de atrevimiento admirable, sacó el mismo equipo que llegó hasta la última ronda. Sin importarle que el Chelsea formara con sus mejores hombres, con los Essien, Carvalho, Cech, Terry, Lampard, Drogba y Shevchenko. Así que dejó en la grada a Henry, Gilberto Silva, Gallas y Lehmann -aunque éste estaba sancionado, pero habría sido suplente igual-. Y sus jóvenes no decepcionaron. Le dieron un baño al Chelsea en la primera parte -con posesión, tocando, llevando la iniciativa, para que luego no se diga que el Arsenal sólo sabe jugar a la contra- y se pusieron merecidamente por delante con el primer gol de Theo Walcott con la camiseta gunner. Luego pudo haber penalti a Baptista y fuera de juego de Drogba, pero el marfileño empató en la primera llegada del equipo de Mourinho. El gol no hizo daño al equipo del norte, que terminó la primera parte dando la sensación de ser superior. Y sobretodo, fuera cuál fuera el resultado al final, de tener garantizado el futuro para los próximos diez años. Esa es la clave de la filosofía de Wenger: hoy se puede perder, pero mañana, seguro, se será competitivo.

Mourinho, que no tendrá el glamour ideológico del francés ni su visión a largo plazo, es un fenomenal estratega y lector de partidos. Así que apostó por Robben para desequilibrar por los costados, nada utilizados por su equipo en la primera parte. Y a la postre el holandés acabaría siendo decisivo. Con él en el campo el partido se igualó, y hasta se puede decir que el Chelsea lo acabó dominando. Y sobretodo, de su bota izquierda nació el centro que Drogba convirtió en gol cuando el partido agonizaba. La final, tan preciosa y equilibrada, la ganó el jugador más en forma sobre el campo, el delantero del momento en el fútbol mundial. El marfileño superó por arriba a Senderos y cruzó un cabezazo enorme que supuso el quinto título de la era Mourinho. Hubo dedicatoria final a un John Terry de hierro, que tras desplomarse sobre el césped al recibir una patada involuntaria en la cara por parte de Diaby se recuperó a tiempo para volver al estadio a celebrar la victoria. Y sí, también hubo tángana monumental, expulsiones y un descuento que se prolongó más allá del minuto cien. Resultado todo ello de una rivalidad enorme que se acentuó por el dramatismo de una final que, desde hoy mismo, ha pasado a engrosar la colección de grandes clásicos del fútbol inglés.

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