miércoles, octubre 03, 2007

Las dos gacelas

Cuando Frédéric Kanouté llegó al West Ham procedente de un Lyon que no era el equipo dominante que es hoy -o que era hasta hoy, ¿quién sabe?-, en Inglaterra se le comparó a Thierry Henry. Había similitudes entre ambos: delanteros fuertes, altos, atléticos, con gran zancada y una elegancia destacable pese a disponer de un físico que ligaría mejor con la torpeza. Aunque pronto confirmó que se trataba de un atacante de muy buen nivel, el francés de origen maliense nunca llegó al nivel de su compatriota de Les Ulis. Hasta ahora. Su nivel de juego en Sevilla ha alcanzado cotas que los ingleses no le conocieron. Y en una noche de Champions como la de hoy, las dos gacelas que se cruzaron sin encontrarse en el norte de Londres reactivaron todas las comparaciones. Fueron, quizá, los dos hombres más destacados de la jornada.

A Henry pronto se le vio muy fresco en Stuttgart. Enchufado. Metido en el partido. Con agilidad mental y física. Dispuesto a demostrar que su carrera está lejos de su fecha de caducidad. Encaró, desbordó, vio los pases y los ejecutó con precisión. Y encontró la recompensa que su fútbol merecía en el gol de Messi: no podía irse del partido sin hacer algo realmente productivo. Algo que sentenciara un partido en el que el Barça no había sido más que el Stuttgart, pero en el que el equipo de Rijkaard dejó claro que su insultante calidad en ataque le hará ganar muchos partidos. Hasta que llegaron los tantos, Valdés se encargó de mantener un empate que peligró ciertamente, quizá porque el técnico holandés no supo remediar la ausencia del fundamental Yaya Touré. Pero a lo que íbamos: Henry ha dado dos lecciones en cuatro días y empieza a formar una sociedad temible con ese argentino convertido en el crack del momento. Y Ronaldinho fue el mediático que peor parado salió de Alemania.

Kanouté, si se me permite la expresión osada, casi ganó el partido ante el Slavia él solo. Marcó un golazo y dio dos asistencias de genio, especialmente la del tanto de Luis Fabiano. No había mucho rival enfrente, pero apareció en un momento crítico: tras cuatro derrotas, cuando el equipo empezaba a dudar, cuando se necesita el empuje de los líderes. No sólo lo hizo de entrada: también cuando los checos pusieron un amenazante empate en el marcador del Pizjuán y apareció la zozobra. Pero no había motivos para la preocupación: con jugadores como él, el Sevilla es muy superior al Slavia, como también lo es al Steaua. Debe pasar bien. Otra cosa sería pelearle el primer puesto a un Arsenal imparable, pero esa es otra historia.

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