Cuando Theo había firmado la jugada con mayúsculas de esta edición de la Champions League, Babel cayó en el área y el árbitro sueco pitó penalti. Andújar Oliver dijo en la transmisión que hicimos en Radio Marca que ningún entrenador se quejaría del colegiado. Wenger,
of course, lo hizo. No podía ser de otra forma. En dos acciones similares, una en la ida y la otra en la vuelta, las decisiones fueron distintas. Incluso pareció mucho más claro el agarrón sobre Hleb en el Emirates que el que derribó al ex delantero del Ajax en la vuelta. Hablaremos de muchas cosas -lo haré yo también a continuación-, de tácticas, de jugadores que no debieron estar, de otros a los que se echó de menos, de valentía y de carácter, pero
at the end of the day, esa jugada de Kolo con Ryan decidió la eliminatoria. Si el árbitro la pitaba era billete para el Liverpool, si no la señalaba probablemente se habría metido el Arsenal. Critiquemos también al defensor marfileño por situarse demasiado cerca de su rival, por dejar lugar a la duda. Debió quedarse parado, Gallas le había hecho la cobertura y ya estaba esperando a Babel. Me alegro, al menos, cuando llego a casa, me pongo a leer la prensa inglesa y descubro que
califican el penalti como controversial. Claro, discutible, polémico. Demasiado para decantar una eliminatoria tan disputada.
Wenger siente que la justicia no trató bien a su equipo. Quizá tampoco él estuvo acertado en alguna decisión -Senderos, Gilberto, Walcott-, pero lo que ha condenado a este Arsenal ha sido la desmembración de su equipo titular. Las lesiones han destrozado a un bloque fantástico que estaba preparado para luchar con los mejores. La ausencia de Sagna planteó un quebradero de cabeza que finalmente no se resolvió de la mejor forma posible, pero uno se pregunta cómo debió hacerse -la solución obvia parecía Eboué en el lateral, pero con él en ese puesto el equipo ha sido muy desbordable por su costado-. Sin Rosicky, el técnico alsaciano se quedaba sin el único de sus jugadores de banda con cierta capacidad goleadora. Sin Eduardo, sin el mejor finalizador de la plantilla. Sin Van Persie -que no está bien-, sin el delantero más directo, el mejor lanzador desde fuera. Ya sólo faltaba que se lesionara Flamini. ¡Ay, cuando se lesionó
Flattuso! ¿No pensaste tú también que ese partido difícilmente se ganaba? Miramos al banquillo y aparecía Gilberto como única alternativa. Y nos echamos a temblar. ¡Qué grande fue Gilberto en sus buenos tiempos, pero qué lejos quedan éstos! Prometo que en ese momento lo vi muy negro, pese al 1-1 del marcador, y que me la habría jugado antes con Alex Song que con el brasileño. Era arriesgado, no tiene ritmo, le falta experiencia, pero el camerunés posee una vehemencia y una intensidad que suplen todo lo demás. Y si se apuesta por los jóvenes, se apuesta por ellos hasta el final, con todas las consecuencias. Pero la historia fue distinta. Mathieu se fue, se sentó en el banquillo con un gorrito, Cesc se fundió teniendo que hacer el trabajo de los dos, no le quedó oxígeno para pensar y el Liverpool imprimió el ritmo que quiso. Se acabó el Arsenal. Y pese a ello fue capaz de reaccionar, de lograr ese 2-2 que bajó del cielo, de otro planeta quizá, para que al final ese penalti lo echara todo por la borda. Oh, Theo, ¡no te merecías algo así! Ahora este golazo de
youtube no valdrá para nada, no será tan legendario, no podremos recordarlo con una sonrisa.
Es evidente que Benítez ha armado un equipazo, el mejor de toda su era en Anfield, el que tiene más calidad diferencial arriba -Torres, Babel-. Un candidato indiscutible a ganar la Champions, por mucho que en la Premier decepcione años tras año. Pero su Liverpool no tuvo tantas lesiones de hombres fundamentales y las decisiones arbitrales decisivas estuvieron de su lado. Es por ello que Wenger se siente traicionado por la justicia. En fin, qué le vamos a hacer. Pues nada, irnos a dormir, que ya es tarde.