Por tercera vez consecutiva, el campeón ha caído en octavos. Cuenta el marcador que lo ha echado la regla del valor doble de los goles en campo contrario, pero seríamos injustos con el Liverpool si dijéramos que el equipo de Benítez pasó por los pelos. El Barça sacó anoche en Anfield mejor resultado del que mereció, sobretodo en una primera parte en la que fue totalmente superado por un equipo más fuerte, más rápido, más impetuoso. Sissoko, probablemente el mejor jugador de la eliminatoria, se comió con la colaboración de Xabi Alonso el centro del campo de pequeños talentosos que planteó un Rijkaard que quizá desequilibró en exceso a su equipo. Partida táctica ganada por Rafa, ese entrenador al que le hemos criticado su irresistible tendencia a unas rotaciones que tantos puntos pueden haberle costado en la Premier, pero que ha vuelto a reivindicarse como
uno de los mayores estrategas del planeta cuando se trata de plantear eliminatorias concretas ante rivales muy duros. Más allá de Carragher, más allá de Momo, más allá de Riise -fantásticos todos-, Benítez se erigió anoche en el gran triunfador del cruce estelar de los octavos de final de la Champions 2006-2007. Su magnífica telaraña cerró todos los espacios posibles y anuló el talento individual de los magos rivales, incapaces de aparecer. Además, el mayor peligro lo llevó el equipo
red entrando por una banda izquierda -la derecha del Barça- que se ha revelado como el gran agujero de un 3-4-3 que quizá ya no veamos más. Anulado el factor sorpresa de Zaragoza, el nuevo sistema dio la sensación de estar aún muy verde, como sucede con todos los experimentos que se encuentran en fase inicial.
En Valencia apuntábamos ayer que la igualdad sólo la podían romper los jugadores desequilibrantes y ninguno de ellos tuvo el impacto suficiente como para destripar el guión de
anulación total. Tiene mucho mérito dejar sin marcar a un equipo que veía puerta en todos sus compromisos desde el 22 de octubre -si no contamos, y no deberíamos, un partido de vuelta de Coppa con la eliminatoria ya resuelta-. El día en el que el gol era más necesario los
nerazzurri echaron de menos a su delantero más temible y contundente, el más directo, el más matador. Sin la pólvora de Adriano, Ibrahimovic y Crespo -luego Cruz- fracasaron en su intento de romper una defensa que ya ha presentado su candidatura a ser una de las mejores del continente. Y evidentemente, habiendo eliminado al Inter, ningún rival puede asustar ya a un equipo que demostró en liga ante el Barça que sabe jugarle muy bien a los gigantes europeos.
En Gerland se confirmó que el empate a cero es un muy buen resultado para un equipo de nivel medio-alto que tiene que afrontar la vuelta fuera de su estadio ante un rival que no es infinitamente superior. Liberado de toda presión, sabiendo que un gol hundiría por completo a
un Lyon que ya ha chocado demasiadas veces contra su inexperiencia en Champions, la Roma se dedicó a esperar y a salir rápido con sus fabulosos
trequartistas. Primero golpeó Totti y luego Mancini en la acción más bella de la noche europea y la eliminatoria estaba ya sentenciada al descanso. Ojo con este equipo de Spalleti, al que nadie espera en la final y que podrá adoptar el papel de contragolpeador, guión idóneo para un equipo que funciona muy bien con espacios. Como el Arsenal el año pasado. Tiene un no sé qué que recuerda a ese caso.
En el Bridge
el Chelsea sufrió más de lo esperado ante un muy buen Oporto, pero mostró toda su fortaleza para remontar la eliminatoria en una segunda parte que fue completamente suya. Aunque el 1-1 llegó en un error gravísimo de Helton -¡ay, los porteros excéntricos!-, el equipo de Mourinho hizo méritos para voltear el marcador y que llegara el 2-1 era una cuestión de tiempo. En una acción muy bien construida entre Drogba y Shevchenko, cuyos cabezazos con intención descolocaron a la defensa portuguesa, Ballack firmó el gol de una victoria que convierte ya a los londinenses en los grandes favoritos para ganar esta Champions.
Y esta noche tendremos más. Haría bien el Madrid en no echarse muy atrás
ante el Bayern, un equipo que cuenta con varios jugadores capaces de marcar con disparos desde la frontal. De la actitud que adopte el equipo de Capello depende en buena medida su suerte en la eliminatoria.
En el Emirates, el Arsenal debe remontar un marcador peligrosísimo ante un PSV que no le va a dar espacios y que planteará la amenaza de Farfán y Koné para rematar el cruce a la contra. Henry volverá a un once local en el que Eboué y Rosicky serán las grandes ausencias.
En San Siro, el Milan no debe tener grandes problemas para apear a un Celtic que ha recibido tres goles en todas sus salidas en la presente Champions. Y
en Old Trafford, el United debe cumplir el trámite ante un Lille que busca venganza tras sentirse estafado en la ida.