Cracks veinteañeros
El principal, es evidente, el de Cesc Fàbregas. Había empezado el año mejor que nunca, pero no tuvo recompensa en una selección que últimamente le ignora sin razón aparente. Será que la Premier no se ve mucho esta temporada en España. El sábado, tras una semana extraña marcada por la crisis de medianoche en Oviedo, el cerebro de Arenys de Mar volvió a lo suyo: a jugar a fútbol, a asistir a sus compañeros, a llegar al área, a recorrer muchos metros, a dominar el juego. Volvía a White Hart Lane, donde ya el año pasado había firmado una actuación memorable. Pero esta vez se trataba de dejar huella. Un rastro histórico. Perdiendo 1-0 en ese partido concreto que no se puede perder, Cesc apareció en los tres goles que le dieron la vuelta al marcador. Un centro a la cabeza, un trallazo a la escuadra, una asistencia a los pies. Reloj preciso, el “cuatro” que idolatró a Guardiola se parece a su pueblo: combina la agresividad de esa riera que baja con fuerza cuando llueve con la tranquilidad de los cafés de una pequeña localidad de costa.
Más joyas precoces: Ivan Rakitic. Este no tiene ni los veinte. Y ya le ha tocado tomar una decisión comprometida: elegir bandera. Tras representar a Suiza, la tierra donde nació, en casi todas las categorías inferiores, se acabó decantando por Croacia, la patria de sus padres, y debutó con la selección balcánica absoluta en el encuentro ante Estonia de la semana pasada. Con el mismo aplomo se plantó el sábado en el Allianz y adelantó al Schalke ante el Bayern con un derechazo sublime. Por si alguien lo dudaba, ha asumido su cometido: sustituir a Lincoln, ser el talentoso del equipo de Gelsenkirshen.
Y en el Lyon que llega el miércoles a Barcelona, el 1-5 en Metz lo cimentaron dos chicos de la “generación Fàbregas” –o sea, del 87-. Dos atacantes que coincidieron con Cesc en el Europeo sub-17 de 2004. Karim Benzema y Hatem Ben Arfa, que además comparten origen norteafricano pese a ser franceses de nacimiento, construyeron los cuatro primeros goles del campeón galo, que empujado por su savia joven parece empezar a respirar. Mientras ellos goleaban, todo un Milan Baros se lo miraba desde el banquillo.
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