jueves, febrero 21, 2008

Al Arsenal sólo le faltó acierto

Tras una primera parte en la que Arsenal y Milan se neutralizaron mutuamente, los gunners jugaron un muy buen segundo tiempo y merecieron viajar a Italia con ventaja. Les faltó el acierto que sí ha existido a lo largo de toda la temporada. Fue su hombre gol por excelencia, Manu Adebayor, el que envió al larguero sin oposición un gran centro de Theo Walcott, que ingresó quizá demasiado tarde. Pero antes de ese dramático error en el minuto 93, el equipo londinense ya podía sentirse frustrado con el empate. Fue superior al rival y mostró una personalidad enorme, jugando sin complejos ante el campeón de Europa, olvidándose por completo del descalabro de Old Trafford. Demostró, de hecho, que su equipo titular es potentísimo y no debe temerle a nadie en el continente. Y que puede ir a San Siro con opciones serias de sorprender. El 0-0 dejó un sabor amargo, pero no es una tragedia.

Hubo dos aspectos destacables en el buen partido del Arsenal. La primera, que fue capaz de reproducir ante un equipo de la magnitud del Milan su fútbol combinativo y de asociaciones veloces. La segunda, que funcionó a la perfección en defensa, anulando casi por completo a un equipo con inmensa calidad a partir de tres cuartos de campo. El gran Flamini -le llaman Flattuso- se ocupó de Kaká y subió un escalón más en su ascensión meteórica hacia el Olimpo de los medios centros. Senderos estuvo atentísimo y seguro pese a tener que suplir a un coloso como Touré y medirse a delanteros rápidos. Buen síntoma de cara a la vuelta, donde será necesaria la misma solidez.

Sólo les faltó pegada a los gunners, justo la misma noche en la que Thierry Henry marcó su primer gol delicioso con la camiseta del Barça. El primero de crack indiscutible, el primero que recordó a sus tiempos de artista de Hampstead. En la misma noche, también, en la que Benzema volvió a reclamar el título de delantero más contundente de la generación que viene. Aunque no se irá contento a casa: su compañero Squillaci se agachó incomprensiblemente en un centro en el que tenía ventaja y le devolvió el favoritismo al Manchester United. Un centro de Nani, que acudió al rescate desde el banquillo para prolongar su momento dulce.

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domingo, septiembre 16, 2007

Cracks veinteañeros

Ya no se trata de formar parte de la plantilla de un gigante. Ni de ser titular con regularidad. Mucho más que eso: hablamos de liderar a un equipo Champions con sólo veinte años, de ser el jugador decisivo, el que gana los partidos, el que responde en los momentos críticos. De no conocer la presión. De competir al máximo nivel superando todo lo que hay alrededor. Hablamos de descaro, de talento, de carácter. Este fin de semana ha puesto nombres propios a este perfil tan de moda en el fútbol: el de los cracks veinteañeros.

El principal, es evidente, el de Cesc Fàbregas. Había empezado el año mejor que nunca, pero no tuvo recompensa en una selección que últimamente le ignora sin razón aparente. Será que la Premier no se ve mucho esta temporada en España. El sábado, tras una semana extraña marcada por la crisis de medianoche en Oviedo, el cerebro de Arenys de Mar volvió a lo suyo: a jugar a fútbol, a asistir a sus compañeros, a llegar al área, a recorrer muchos metros, a dominar el juego. Volvía a White Hart Lane, donde ya el año pasado había firmado una actuación memorable. Pero esta vez se trataba de dejar huella. Un rastro histórico. Perdiendo 1-0 en ese partido concreto que no se puede perder, Cesc apareció en los tres goles que le dieron la vuelta al marcador. Un centro a la cabeza, un trallazo a la escuadra, una asistencia a los pies. Reloj preciso, el “cuatro” que idolatró a Guardiola se parece a su pueblo: combina la agresividad de esa riera que baja con fuerza cuando llueve con la tranquilidad de los cafés de una pequeña localidad de costa.

Más joyas precoces: Ivan Rakitic. Este no tiene ni los veinte. Y ya le ha tocado tomar una decisión comprometida: elegir bandera. Tras representar a Suiza, la tierra donde nació, en casi todas las categorías inferiores, se acabó decantando por Croacia, la patria de sus padres, y debutó con la selección balcánica absoluta en el encuentro ante Estonia de la semana pasada. Con el mismo aplomo se plantó el sábado en el Allianz y adelantó al Schalke ante el Bayern con un derechazo sublime. Por si alguien lo dudaba, ha asumido su cometido: sustituir a Lincoln, ser el talentoso del equipo de Gelsenkirshen.

Y en el Lyon que llega el miércoles a Barcelona, el 1-5 en Metz lo cimentaron dos chicos de la “generación Fàbregas” –o sea, del 87-. Dos atacantes que coincidieron con Cesc en el Europeo sub-17 de 2004. Karim Benzema y Hatem Ben Arfa, que además comparten origen norteafricano pese a ser franceses de nacimiento, construyeron los cuatro primeros goles del campeón galo, que empujado por su savia joven parece empezar a respirar. Mientras ellos goleaban, todo un Milan Baros se lo miraba desde el banquillo.

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