El Schalke se juega la liga en casa del enemigo
Aunque para el Schalke, evidentemente, el propósito es radicalmente opuesto, aunque idénticamente morboso: poder celebrar la consecución de la ensaladera en el estadio de su mayor enemigo, ese coloso en el que mañana 83.000 personas presenciarán uno de los derbis de la cuenca del Ruhr más trascendentes de toda la historia. Aunque para ello no bastaría la victoria: debería perder el Stuttgart en Bochum y que el Werder Bremen no le ganara al Eintracht. Bastante improbable, aunque seguramente sus hinchas ya se conformarían con una victoria que permitiera al equipo de Slomka llegar a la última jornada -en casa ante el Bielefeld- dependiendo de sí mismo.
Es complicado afirmar quién merece llevarse esta Bundesliga. El Schalke puede argumentar que es el equipo que ha ocupado el liderato durante más tiempo. El Stuttgart saca a relucir su excelente campaña en los dos torneos domésticos -también es finalista de copa- con una plantilla teóricamente inferior a la de sus dos rivales y a la del Bayern. Y el Werder Bremen presenta como baza principal las distracciones europeas, que le han tenido ocupado hasta el tramo final y no le han impedido estar con los mejores en la liga. Quizá por eso, porque hay tres equipos que podrían ser dignos campeones, está tan emocionante este desenlace. La suerte de los neutrales es que no sufriremos demasiado: sólo disfrutaremos con las alternativas constantes. Y una excelente noticia: a partir de mañana, horario unificado. Vuelve el fútbol simultáneo.
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