lunes, mayo 21, 2007

Oporto por lógica, Stuttgart por sorpresa

Alemania y Portugal conocieron a sus campeones de liga este fin de semana, pero la semejanza del suceso sólo reside en el aspecto temporal. Porque mientras los lusos presenciaron la coronación del que partía como gran candidato cuando se inició la competición, los germanos no podían ni imaginarse que la ensaladera se levantaría en Stuttgart. Bayern y Bremen parecían los favoritos obvios el pasado mes de agosto, e incluso Schalke, Dortmund y Hamburgo estaban en las quinielas por encima del inesperado campeón. No me lo estoy inventando para exagerar la sorpresa. Saco del cajón la revista Kicker -probablemente la más prestigiosa a nivel futbolístico que se edita en Alemania- y leo en su número especial previo a la temporada el análisis de tres expertos consultados -Thomas Helmer, Ralf Rangnick y Toni Schumacher- que elaboraron un ránquing de candidatos al título: ¡el Stuttgart aparecía en el décimo puesto! No sólo le superaban los cinco equipos ya mencionados, sino que también daban más opciones a Nürnberg, Leverkusen, Hertha ¡y Mainz! -que ha descendido-. Conclusiones: hacer pronósticos en fútbol es muy complicado y que incluso en un torneo que premia la regularidad se den sorpresas como ésta es una excelente noticia, ya que permite a los hinchas de los clubes más pequeños seguir soñando con alcanzar la gloria algún día.

¿Quiénes han sido los jugadores clave en el título del Stuttgart? Ha sido más un triunfo colectivo que un conjunto de individualidades decisivas, pero se puede señalar a algunos futbolistas que han destacado por encima del resto: el portero Hildebrand, el lateral izquierdo ofensivo Ludovic Magnin, el bombardero zurdo Thomas Hiztlsperger, el joven extremo Roberto Hilbert y los delanteros Cacau y Mario Gómez. Fue bonito que el gol del título lo consiguiera Sami Khedira, un centrocampista de origen tunecino nacido en Stuttgart hace 20 años y formado en las categorías inferiores del club. Aunque el gran héroe quizá sea Armin Veh, un modesto técnico con poco más de dos años de experiencia en la máxima categoría y que le ha dado al club de la capital de Baden-Württemberg su primera liga en quince años. El logro puede ser aún más grande si el próximo sábado el Stuttgart gana la final de Copa ante el Nürnberg en Berlín, en lo que podría ser el primer doblete de su historia.

Lo del Oporto no tiene nada que ver: aunque ayer pasó minutos de zozobra cuando el Desportivo Aves logró empatar en Dragao, su título es absolutamente lógico teniendo en cuenta la plantilla de la que dispone, la mejor de la Superliga portuguesa. Con un potencial económico importante, el doble campeón de Europa ha sabido fichar con acierto en las últimas temporadas -Anderson, Quaresma, Lucho González, Lisandro López, Pepe, Raúl Meirelles- y ha configurado un equipo capaz de pelear con los gigantes del continente -estuvo muy cerca de eliminar al Chelsea en octavos de la Champions-. Ahora deberá afrontar el problema de tantos otros veranos: intentar retener a sus estrellas, perseguidas por gigantes de ligas más potentes, o reemplazarlas con acierto en caso de desbandada. El que parece que por ahora seguirá contando con sus perlas es el meritorio subcampeón, un Sporting que sigue un modelo basado en la cantera y que cuenta en sus filas con joyas como Nani, Joao Moutinho, Yannick Djaló o Miguel Veloso. Se quedaron a las puertas del éxito, pero tienen un futuro bárbaro por delante. Lo que es evidente es que el fútbol luso cuenta con una salud excelente y que su liga posee un evidente atractivo para los cazatalentos.

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lunes, mayo 14, 2007

Un fin de semana de fútbol-tensión

Cuando la temporada se acerca a su conclusión, los partidos dejan de ser importantes para convertirse en mucho más que eso, en algo parecido al fenómeno central que mueve el mundo. Mientras la bola que marca la diferencia entre el éxito y el fracaso está girando en la ruleta del campo de fútbol de tu equipo, parece imposible que exista algo más allá de las paredes del estadio. No te entra en la cabeza que alguien pueda estar pendiente de otras cosas mientras tu asistes al juicio definitivo que resolverá la gran duda existencial del año: saber si eres un ganador o un perdedor. Este fin de semana hemos asistido a varios episodios de este fenómeno llamado fútbol-tensión. Reflexionemos brevemente sobre algunos de ellos.

Stuttgart: Hildebrand o la mejor parada en tres lustros
En Dortmund se estaba cumpliendo el guión previsto: el Borussia le ganaba al Schalke fastidiando su título soñado. Para depender de sí mismo en la última jornada, el Stuttgart debía amarrar esa preciosa victoria que estaba consiguiendo en Bochum, un campo tremendamente complicado en el tramo final de campeonato. Cacau ya había hecho méritos para convertirse en el hombre del partido -una asistencia y el gol del liderato-, pero era una cuestión de justicia que los titulares fueran para un hombre que lleva en el club toda la vida. Timo Hildebrand, el único superviviente de aquel equipo que en su momento llegó a maravillar Europa, le sacó un remate a bocajarro a Dabrowski a escasos minutos del final en una parada que vale más de media Bundesliga. Lo celebró como si hubiese marcado un gol. No era para menos. Ganando en casa al Cottbus, el Stuttgart será campeón por primera vez desde 1992. Lo que no logró con Kuranyi, Hleb, Lahm y Hinkel puede conseguirlo ahora con Cacau, Gómez, Hilbert, Magnin, Hitzlsperger y compañía. Y siempre con Timo, claro.

El Sochaux lo confirma: el Marsella está gafado
Imaginemos al Barça o al Madrid sin ganar un título durante catorce años. Parece imposible, pero en Francia el equipo más grande del país está viviendo este calvario. La última vez que en Marsella se echaron a la calle para celebrar que su amado Olympique era campeón corría el año 1993 y acababan de conquistar Europa con esa victoria en Munich ante el Milan en la final de la Champions. Desde entonces, nada de nada. Ni ligas, ni copas -y eso que en Francia se juegan dos-. El sábado podía terminar este negro periodo, pero parece que el destino aún esté castigando al club con más afición del fútbol galo por sus pecados pasados. Ni adelantándose por dos veces en el marcador, una de ellas en la prórroga, pudo el OM llevarse la Coupe de France. Anthony Le Tallec apareció desde el banquillo para empatar por segunda vez el partido y llevarlo a una tanda de penaltis taquicárdica en la que el héroe fue Teddy Richert, guardameta del Sochaux. Y mientras Marsella lloraba por una derrota dolorosísima, los dos pueblos a los que representa el equipo de la Peugeot celebraban un trofeo que llevaban setenta años sin ganar. En el campo, las lágrimas más sinceras eran las de Nasri, que fue el mejor del partido y le quitó todo el protagonismo a un apagado Ribéry. Samir recibirá pronto ofertas de grandes clubes europeos, aunque quizá lo más bonito sería que se quedara en el club de sus amores y lo ayudara a romper este gafe terrible.

Sheffield United: descendió el más inesperado
Las apuestas lo tenían claro: de los tres equipos que se jugaban la última plaza de descenso en la Premier, el que tenía más opciones de salvarse era el Sheffield United. Jugaba en casa ante un Wigan en caída libre y sólo bajaba si perdía y el West Ham puntuaba en Old Trafford. Pues todo ello sucedió. Y lo más irónico fue que el gol que determinó este destino cruel lo firmó un jugador que empezó la temporada en Sheffield y que la ha terminado en Wigan: David Unsworth. Y lo celebró, claro. ¿Cómo no iba a hacerlo? El partido era más dramático que una final, con un ambientazo en el que la tensión se podía respirar en el aire, con los goles gritados con toda la pasión del mundo, con dos aficiones en un mismo estadio sabiendo que al final del partido una se iba a segunda. Paul Jewell -que, por cierto, acaba de dimitir- se está especializando en este tipo de milagros: ya en 2000 salvó al Bradford en otra última jornada de infarto. Aunque el gran nombre propio del final de liga en la parte baja de la tabla es Carlos Tévez, cuyo estado de forma ha sido decisivo para que el West Ham permanezca en la Premier, añadiendo más controversia a esa discutidísima decisión de la liga de no restarles puntos a los hammers.

Nunca se celebró tanto un empate en Paços Ferreira
Para el que no siga la liga portuguesa, que el Oporto sume un punto en Paços Ferreira puede sonar a tropiezo. Sin embargo, la estadística lo dice bien claro: esta temporada, sólo el Belenenses ha sido capaz de ganar en ese campo, uno de los más duros de toda la Superliga. Y como el Sporting lo sabía, había puesto todas sus esperanzas de ser campeón en un tropiezo de los dragones en ese pueblo del interior de Portugal. Los leones hicieron su trabajo: ganaron en Coimbra y durante muchos minutos se vieron líderes a falta de una jornada, ya que el Paços estaba ganando 1-0. Pero el campeón luso se volcó en busca de un empate que le permitiera llegar al último partido dependiendo de sí mismo. Y lo consiguió, de rebote, en un córner que tuvo que rematar dos veces, en una jugada tremendamente fea, pero el valor de ese tanto de Adriano es inmenso. La afición que se había desplazado a un campo tan inhóspito lo celebró como medio título de liga. Y es que ahora bastará con ganarle a un Aves que se estará jugando el descenso la semana que viene en Dragao para que el Oporto vuelva a ganar la liga. Será otro episodio de fútbol-tensión.

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viernes, mayo 11, 2007

El Schalke se juega la liga en casa del enemigo

"Tenemos que darlo todo para evitar que el Schalke sea campeón". Dedé, que lleva ya nueve temporadas en Dortmund, lo tiene claro. La única forma de salvar una temporada nefasta, en la que el teórico objetivo de clasificarse para Europa tuvo que ser reemplazado por el de una sufrida permanencia, es derrotar al eterno rival y conseguir que el título de la Bundesliga viaje a Stuttgart o a Bremen. O sea, alejarla de Gelsenkirshen, esa ciudad vecina cuyo equipo de fútbol no ha ganado nunca el campeonato nacional desde que se instauró el actual formato profesional en 1963.

Aunque para el Schalke, evidentemente, el propósito es radicalmente opuesto, aunque idénticamente morboso: poder celebrar la consecución de la ensaladera en el estadio de su mayor enemigo, ese coloso en el que mañana 83.000 personas presenciarán uno de los derbis de la cuenca del Ruhr más trascendentes de toda la historia. Aunque para ello no bastaría la victoria: debería perder el Stuttgart en Bochum y que el Werder Bremen no le ganara al Eintracht. Bastante improbable, aunque seguramente sus hinchas ya se conformarían con una victoria que permitiera al equipo de Slomka llegar a la última jornada -en casa ante el Bielefeld- dependiendo de sí mismo.

Es complicado afirmar quién merece llevarse esta Bundesliga. El Schalke puede argumentar que es el equipo que ha ocupado el liderato durante más tiempo. El Stuttgart saca a relucir su excelente campaña en los dos torneos domésticos -también es finalista de copa- con una plantilla teóricamente inferior a la de sus dos rivales y a la del Bayern. Y el Werder Bremen presenta como baza principal las distracciones europeas, que le han tenido ocupado hasta el tramo final y no le han impedido estar con los mejores en la liga. Quizá por eso, porque hay tres equipos que podrían ser dignos campeones, está tan emocionante este desenlace. La suerte de los neutrales es que no sufriremos demasiado: sólo disfrutaremos con las alternativas constantes. Y una excelente noticia: a partir de mañana, horario unificado. Vuelve el fútbol simultáneo.

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