viernes, marzo 21, 2008

Una finalísima en Turín

Italia habla de una de sus batallas favoritas, el Inter-Juve. El fuego está encendido. Trezeguet quiere ayudar a la Roma a ser campeona porque "juega mejor", según sus propias palabras. Los turineses desean conseguir su primera victoria sobre su enemigo nacional tras el Moggiopoli, como para cerrar heridas y abrir una nueva época que marque la vuelta a la normalidad. Ranieri dice que sus jugadores le han confesado que se divierten más con él que con Capello. Y Mancini responde al delantero francés: "no sé si juegan mejor, quizá sean más divertidos". Se pensaría que son ingredientes suficientes para que el llamado Derby d'Italia acapare toda la atención, pero la jornada ofrece otro duelo dramático con protagonistas de las mismas latitudes geográficas. Claro, el gran Milan, el equipo más importante de la Champions League en los últimos años, puede quedarse fuera de su competición favorita. La derrota ante la Sampdoria en San Siro no fue definitiva porque la Fiore también cayó en Napoli, pero encendió todas las alarmas. Mañana el equipo de Ancelotti no puede fallar en el Comunale. Es una finalísima.

Los analistas de La Domenica Sportiva se preguntaban por las razones del pobre juego del gigante rossonero. Apuntaban al Mundial de Clubes, pero no podemos olvidar que cuando se fue a Japón el Milan ya tenía prácticamente perdido el Scudetto. Y hablaban de regeneración necesaria. En ataque no hará falta. La aparición de Alberto Paloschi, cuatro goles en 364 minutos con el primer equipo, asegura el relevo. Él, Pato y Kaká. ¿Y qué es de Gila? Alberto ha vuelto a convertirse en la diana favorita de los catastrofistas. "A veces puede estarse diez partidos sin tocar el balón", decían en la RAI. Es cierto que pasa un mal momento de cara a puerta, pero sus estadísticas no son tan malas como sus críticos quieren hacer creer. Gilardino ha marcado 44 goles en las dos temporadas y media que lleva en Milán. Nada del otro mundo, pero una cifra poco despreciable teniendo en cuenta que nunca se le ha dado confianza absoluta. Sin embargo, y por mucho que Ancelotti diga que lo ve en San Siro incluso el año que viene, su futuro parece estar lejos de la Lombardía. "Él y Paloschi son parecidos", dijo el técnico. Estando el club necesitado de caras nuevas, esa puede ser su sentencia.

El Toro será un rival complicado. La clasificación, en este caso, puede resultar engañosa. Pese a encontrase a sólo cuatro puntos del descenso, el equipo de Novellino ha perdido sólo ocho de los 29 encuentros disputados esta campaña. Demasiados empates: dieciséis. El ex técnico de la Samp duda sobre la utilización del tridente Rosina-Di Michele-Stellone, considerando otras opciones más defensivas. Los grandes no lo han pasado bien en sus visitas al Olímpico de Turín versión grana: la Roma empató a cero y la Juve ganó en el descuento con gol de Trezeguet. Lo firmaría mañana el Milan sin dudarlo: a estas alturas, lo único que importa es meterse en Champions.

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jueves, mayo 03, 2007

Nada de trilogías: la secuela está servida

Algunos esperábamos un final de temporada al más puro estilo cinematográfico con una trilogía de encuentros decisivos entre Chelsea y Manchester United, pero el plato que finalmente nos deparará el desenlace de la Champions en Atenas será una secuela, una segunda parte de un título que triunfó en las taquillas y que exige continuación. Liverpool y Milan reeditarán la final de 2005 en un partido que supondrá la mejor confirmación de su buen hacer en la máxima competición continental. Habrá cuentas pendientes en un escenario de gran recuerdo para los rossoneri, y no deja de ser curioso que el mismo partido se repita en una capital del Mediterráneo oriental.

Si el martes el Liverpool consiguió su billete tras una tanda de penaltis que decidió una eliminatoria equilibrada en la que quizá el Chelsea fue mejor en el cómputo global, la victoria del Milan sobre el Manchester United no admitió discusión alguna. Superiores desde el primer minuto hasta el descuento, los hombres de Ancelotti marcaron en cada momento el ritmo de partido que les interesó. Tuvieron posesión cuando la quisieron y cedieron el balón cuando prefirieron jugar la baza del contragolpe, impidiendo siempre que los red devils desarrollaran su fútbol vertiginoso y profundo. ¿Qué le pasó al United? Su endeblez defensiva no debe sorprender a nadie -por las bajas y porque durante gran parte de la temporada han dejado la sensación de no ser tan sólidos atrás como dañinos son arriba-, pero su incapacidad creativa debe entenderse como una consecuencia del gran trabajo del centro del campo del Milan, que ahogó por completo a Carrick y a Scholes. Gattuso, inmenso, volvió a ser el jefe de la zona ancha, el que decidió quién podía tener el balón y quién no, el general al que adora San Siro por su dedicación a la hora de defender el terreno propio. A Cristiano Ronaldo y Rooney, alarmantemente desaparecidos, aún se les espera. No les llegaron balones en condiciones, pero tampoco estuvieron inspirados cuando se les ofreció la oportunidad de intentar la jugada individual. Ancelotti salió triunfador de una batalla que le dio la razón incluso en su discutido planteamiento del único punta, porque fueron los dos talentosos que jugaron por detrás los que decidieron la eliminatoria. Kaká, elegante en las formas y contundente en el fondo, fue la estrella que aparece en el momento determinante, como ya lo había sido en Old Trafford. Seedorf asumió a la perfección el papel de acompañante y, primero con una dejada de cabeza y después con un disparo preciso, cabalgó un poco más en el camino hacia su cuarta Champions. La noche fue tan perfecta para el Milan que incluso marcó Gilardino, un goleador cuestionado pero que tiene todas las condiciones para convertirse en el mejor delantero italiano de su generación.

Quizá es más significativo que curioso, pero se han metido en la final dos equipos que en noviembre ya estaban descartados en sus campeonatos nacionales. Puede resultar ciertamente injusto que el Milan termine la temporada con más gloria que el Inter, o que el Liverpool pueda mirar por encima del hombro al Manchester United o al Chelsea. Es evidente que en cuanto a temporada completa no ha habido color. También lo es que los finalistas de Atenas han sacado provecho del gran esfuerzo de sus rivales, dos equipos admirables que quisieron jugarlo todo con los mejores y que acabaron perdiendo en el torneo que más reconocimiento otorga. Podrá parecernos erróneo que la Copa de Europa se resuelva de esta forma, castigando a los equipos más regulares y ambiciosos. Podremos debatir si el sistema de competición es el más adecuado, pero la historia del fútbol se ha escrito con las eliminatorias, las prórrogas y las tandas de penaltis. Quizá el problema no sea de la Champions, sino nuestro. Quizá es momento de que empecemos a entender que este juego no es lógico, científico ni justo. Y que es por ello que es tan grande.

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