jueves, febrero 15, 2007

Ganar en Bolton: lo más complicado del mundo (para el Arsenal)

¡Qué miércoles! La UEFA nos dejó grandes argumentos para dedicarle varios artículos: los partidazos en Leverkusen y en Estambul, la sorprendente competitividad de los equipos israelíes, el empate a precaución en Burdeos, el excelente resultado del Espanyol en Livorno, la mala puntería del Shakhtar ante el Nancy y la goleada del Werder Bremen a un esperpéntico Ajax en el que incluso vimos a Roger García jugando de central. Sin embargo, el encuentro más taquicárdico de la noche se vivió en el replay de FA Cup entre Bolton y Arsenal. Fue otro capítulo más en la extensa historia de momentos memorables de la competición de clubes más antigua del mundo.

Parecía haberse instalado en la psicología gunner la creencia de que el Reebok Stadium era el campo más complicado del planeta. Escuchar la palabra Bolton casi producía pánico en el equipo del toque exquisito, la combinación permanente, la movilidad constante. Claro, los tres últimos precedentes estaban guardados en la memoria: derrotas incontestables ante un conjunto físico de juego directo y que cortaba al instante cualquier intento asociativo del rival. Pues bien, hoy, por fin, los chicos de Wenger ganaron a los guerreros de Allardyce, pero lo hicieron de una forma tan agónica y sufrida que el mito de la dificultad de ese estadio ha crecido un poco más.

La historia podría haber sido muy distinta. Estuvimos muy cerca de leer en las crónicas que esta vez el Arsenal le dio un baño al Bolton, que derrotó a todos sus fantasmas con una actuación convincente. Así fue, de hecho, casi todo el partido, con los gunners bordando una primera parte fantástica cuyo único pero fue irse al descanso con un margen tan corto. Aún sin Henry y sin Cesc, y con un doble pivote Diaby-Denilson que funcionó con una madurez impropia de su carácter novedoso, el conjunto londinense borró del campo al rival con su juego de pases constantes, de tocar y ofrecerse. La segunda parte iba por el mismo camino, pero se acentuó la falta de pegada para sentenciar el partido. Gilberto Silva falló un penalti -lo mandó a las nubes- y Adebayor disparó al palo tras haber regateado al portero, por lo que se llegó al tiempo de descuento con un mísero 0-1. Y entonces el Bolton le recordó al Arsenal que se ha convertido en su peor enemigo con el tanto del empate de Meité. Tan clara que se veía la victoria y había que volver a empezar.

Y en la prórroga parecía aparecerse de nuevo el escenario del pasado: los gunners ya no sabían cómo combinar y se veían superados constantemente por un rival más rápido, más fuerte, más grande. Gilberto remató al poste de su propia portería en lo que parecía ser el prólogo de otro libro funesto. Pero entonces aparecieron Jérémy Aliadière y Freddie Ljungberg, los recambios que había planteado Wenger, para inventarse la jugada del 1-2. Un golazo, pero nada terminado. De aquí hasta el final, una clara ocasión de Anelka y más despropósitos visitantes a la hora de definir. Baptista imitó a Gilberto mandando otro penalti a la grada y sólo en el minuto 123 llegó la sentencia, ya con el Bolton volcado y con una acción de dos contra uno ante Jaaskelainen. Por fin, el Arsenal había ganado en el Reebok. ¡Pero lo que le costó! Eso debía ser lo que, con Adebayor aún celebrando el 1-3, comentaban entre risas Sam Allardyce y Pat Rice, técnico derrotado y asistente vencedor. Aún en la victoria, Bolton sigue siendo el lugar más incómodo del mundo.

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