Empezó la FA Cup, la competición de clubes más antigua del mundo, el campeonato de copa más prestigioso del planeta, el único de su especie capaz de competir en importancia con una liga. Tiene este torneo un sabor tan especial que a nadie le molesta que aparezca de golpe y detenga la Premier. Sus partidos aportan incluso mayor diversión: no hay margen de error, o sigues o te vas, cada victoria te acerca a la gloria. No hay derecho de admisión: empiezan en rondas preliminares equipos de divisiones bajísimas, absolutamente amateurs -¿qué es eso de que en España haya muchos equipos de Segunda B que no puedan participar?-, y algunos de ellos llegan a enfrentarse con los de la élite. Y cuando sucede, Inglaterra entera lo celebra. Tanto es así que la BBC, pudiendo elegir sólo tres de los 32 encuentros de tercera ronda para emitirlos en directo , escogió, además del Liverpool-Arsenal y el Manchester United-Aston Villa, el
Tamworth-Norwich, un partido entre el penúltimo de la quinta división y un equipo de segunda. Y todo el país tuvo en su primera cadena pública las imágenes de lo que sucedía en el modesto The Lamb Ground, un estadio que se llenó hasta la bandera con sus 3.165 espectadores.
Esta primera ronda mediática -las anteriores, sin equipos de primera ni segunda división, no tienen el seguimiento que se le dispensa al torneo a partir de ahora- nos ha dejado sobretodo
la eliminación del campeón. El Liverpool partía como favorito ante el Arsenal por sus actuaciones recientes -sobretodo la exhibición que dio ante el Bolton-, pero cayó ante un conjunto de Wenger que defendió de maravilla y que tuvo una efectividad arriba poco habitual. Los
reds disfrutaron de la posesión del balón, pero casi nunca superaron la zona de tres cuartos de campo. Excelentemente posicionados, los
gunners cerraron todos los espacios y se pusieron 0-2 arriba antes del descanso gracias a dos zarpazos de Tomas Rosicky. El futbolista al que bautizaron como Mozart por su delicioso talento no estaba firmando una temporada demasiado brillante, pero ayer emuló al mejor Pires con dos disparos fenomenales desde la frontal del área. En la segunda parte el Liverpool bombardeó al rival con centros constantes y se metió en el partido con el gol de Kuyt, pero Senderos estuvo enorme imponiendo toda su corpulencia para ir devolviendo los golpes como si se tratara de una pared de frontón. La sentencia la puso Henry con esa carrera prodigiosa, segunda demostración en una semana de que el descanso le ha venido de fábula. El 1-3 final confirmó de nuevo que este Arsenal se está especializando en ganarle a los otros grandes.
En Old Trafford,
el United también selló su pase a la cuarta ronda, aunque debe agradecerle a Gabor Kiraly su error en el gol decisivo de Solskjaer en el tiempo de descuento. El portero húngaro, siempre irregular, se tragó por debajo del cuerpo el disparo del noruego, aparentemente inocente. Aunque el partido será recordado por el debut de Henrik Larsson con los
red devils. Y claro, ya se sabe como es Henke, su nombre es prácticamente sinónimo de gol. Uno de los mejores delanteros de su generación, el sueco maniobró con rapidez en el área y se sacó un latigazo habitual para abrir el camino del triunfo. Enorme valor el de su gol, pues la pareja Gary Cahill-Liam Ridgewell estaba defendiendo bien, reafirmando una vez más su enorme futuro. La zozobra la llevó el gol de Milan Baros, que eligió responder a las críticas de su técnico con un gol en Old Trafford, y la eliminatoria se habría ido al
replay si no llega a ser por esa última jugada tan poco ortodoxa como los pantalones de su protagonista. A saber qué debió pensar Martin O'Neill, estratega privilegiado, cuando vio como todo el trabajo se echaba a perder por un error de patio de colegio.