viernes, noviembre 09, 2007

Crónica de un jueves de sesión triple

Otro jueves interesantísimo de UEFA Cup. Me encanta esta competición porque permite ver a equipos que normalmente son difíciles de seguir. Siempre descubres a algún jugador nuevo o observas más a fondo a alguno que habías visto poco. Y con los horarios tan bien puestos, permitiendo una sesión triple: a las 17:00, Spartak-Leverkusen; a las 19:00, Bayern-Bolton; a las 21:00, Aberdeen-Lokomotiv. Ese fue mi menú, pero se podían diseñar muchos otros. ¡Ay, ojalá la Champions fuera así! Con todos los partidos a la misma hora, uno se vuelve loco a la hora de elegir...

Empecemos elogiando a Zenit y Spartak. El domingo por la mañana (12:00 hora española, 14:00 hora de Moscú) se juegan el título de la liga rusa en una apasionante última jornada. Muchos equipos hubieran optado por alinear un once alternativo en el compromiso de UEFA Cup que tenían este jueves, sólo unas 60 horas antes de la cita más importante del año. Especialmente en el equipo de San Petersburgo, que llega dependiendo de sí mismo para lograr su primer campeonato nacional desde la desintegración de la URSS (y segundo en toda la historia, ya que sólo ganaron la liga soviética en 1984). Pues ambos pusieron a sus mejores jugadores sobre el campo. No sólo eso: ganaron sus respectivos partidos, muy complicados a priori. El Zenit remontó en Larissa (donde perdió el Blackburn Rovers, que va sexto en la Premier) y el Spartak derrotó al Bayer Leverkusen. En los moscovitas volvió a destacar Kalinichenko. No se entiende que el ucraniano no haya jugado en Inglaterra, Italia o España. Su precisión en los centros se acerca a la de Beckham. Genera una gran cantidad de oportunidades de gol. El penalti del 1-0 nació de un envío suyo y el del 2-0 se lo hicieron a él. Un jugador que gana partidos.

Lo del Allianz es difícil de explicar. El Bolton se adelantó pronto y luego se echó muy atrás. Era imposible que aguantara todo el encuentro, regalando la posesión a un Bayern que atacaba con criterio y que movía el balón con velocidad. La lógica remontada se produjo, y viendo la incapacidad del rival, Hitzfield retiró a Ribéry, Schweinsteiger y Podolski, los tres mejores del partido. El ex delantero del Colonia, por cierto, anotó sus dos primeros goles con el equipo bávaro desde el mes de marzo -en septiembre había marcado con la selección-. Sólo iban 2-1, pero el choque parecía sentenciado. Hasta que a diez minutos del final, en un saque de banda aparentemente inocente, Nolan peleó un balón en el área alemana, logró entregárselo a Davies y éste empalmó a la red. Un empate que no se podía creer. Tanto afectó el golpe al líder de la Bundesliga que cayó en la precipitación y no logró crear peligro real en el tiempo que faltaba. Gary Megson logró salvar un punto al final -como ya hizo el domingo en Premier ante el West Ham-, pero su equipo sigue dando sensación de candidato evidente al descenso.

Muchos se han preguntado hoy cómo fue posible que ese Rangers tan limitado que vimos en el Camp Nou lograra sacar un empate en casa ante el Barça. Pero la incomodidad de jugar en Escocia, por muy superior que seas, la experimentó esta noche también el Lokomotiv de Moscú. El tiempo tampoco ayudó: en el mítico Pittodrie de Aberdeen nevaba violentamente y soplaba un viento que añadía aún más hostilidad a las condiciones de juego. Los locales no tienen gran nivel técnico, más allá de la habilidad del joven inglés Sone Aluko (18 años), cedido por el Birmingham. Aunque sí mucha garra. Se adelantaron con un gol de cabeza en un córner, una acción muy británica. Pero les pagaron con la misma moneda cuando Branislav Ivanovic, ese defensa serbio interesantísimo, empató el partido. La segunda parte tuvo mucha pelea y el marcador no se movió. El equipo de Calderwood visitará en su próximo encuentro europeo el Vicente Calderón. No debe ser rival para el Atlético: lejos de su tierra y de la tormenta, parece un equipo bastante flojo. Al menos esa sensación dio en Atenas, donde cayó por 3-0.

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domingo, abril 29, 2007

Larga vida al fútbol simultáneo

Hay quien muchas veces reivindica a los profesionales de la plataforma digital que retransmite las ligas europeas que no comenten los resultados de los partidos que están emitiendo en otros canales y que se limiten a relatar lo que ocurre en el encuentro que está en pantalla. Es una petición legítima y perfectamente comprensible en gran parte de la temporada, pero es evidente que si esta pauta de comportamiento se mantiene en las jornadas decisivas de los grandes campeonatos se pierde uno de los grandes alicientes que nos regala este bello deporte. Ver esta mañana cómo celebraban los jugadores del United el cuarto gol en Goodison Park sin saber que el Chelsea ya había terminado su partido con empate significaba no comprender en su totalidad la magnitud del momento, al igual que aislarse de lo que sucedía en la cancha del Everton habría supuesto no comprender por qué en los minutos finales del partido el realizador enfocaba tantas veces al apagadísimo público de Stamford Bridge. Y es que las dos horas de magnífico fútbol simultáneo que nos han brindado los cuatro equipos protagonistas de dos encuentros vitales en la resolución de la Premier League 2006-2007 han sido una auténtica delicia, y lo han sido sobre todo por su carácter interrelacionado y por el contexto en el que se situaban.

Con su remontada espectacular en Liverpool, el Manchester United ha podido ganar medio campeonato. Lo tiene ahora todo a su favor: incluso perdiendo en Stamford Bridge podría salir campeón. Le basta con sumar cuatro puntos en tres partidos, algo que por el porcentaje conseguido hasta ahora parece mucho más que factible. No sólo por la estadística: también por la autoridad con la que ha solventado partidos de enorme dificultad como el de hoy, encuentros en los que podía perder perfectamente y los ha ganado dando la sensación de ser un equipo poderosísimo. Pero es evidente que el torneo aún no está cerrado: al Manchester City le encantaría devolverle la máxima emoción haciendo sufrir a su eterno rival y el West Ham acudirá a Old Trafford en la última jornada probablemente jugándose la permanencia. O sea, que no será un camino de rosas para los red devils. Pueden ser campeones el próximo domingo, pero también podría ser, incluso, que perdieran lo que hoy parecen tener ganado. Todo es posible en un campeonato precioso al que ya le tocaba llegar al tramo final con cierta igualdad.

¿Y por qué el Chelsea se ha dejado media liga en casa ante el Bolton? Se hablará de rotaciones. Es cierto, y no es nada habitual, que Mourinho ha sacado un once muy raro, pero también lo es que el Bolton ha empatado el partido cuando Lampard y Drogba ya habían ingresado en el campo. Luego los blues pecaron de ansiedad, y quizá ésta venía producida por el pánico que se respiraba en la grada cada vez que el marcador reflejaba un nuevo gol del United. Sabiéndose en el descanso en igualdad de puntos, pasar de esa realidad a los cinco de desventaja provocó un clima de depresión general que pudo incluso llegar al césped. Sin la confianza habitual, el orden sempiterno del Bolton Wanderers fue un obstáculo demasiado duro para un equipo que tantas veces ha ganado partidos gracias a su carácter ganador, casi de robot arrollador, pero que hoy pareció sentir dudas y miedos. Como si fuera humano.

Larga vida al fútbol simultáneo. Mañana habrá más. Y en su versión más radical. Última jornada de la Eredivisie, con tres equipos empatados a puntos al frente de la clasificación. Como para perdérselo.

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jueves, febrero 15, 2007

Ganar en Bolton: lo más complicado del mundo (para el Arsenal)

¡Qué miércoles! La UEFA nos dejó grandes argumentos para dedicarle varios artículos: los partidazos en Leverkusen y en Estambul, la sorprendente competitividad de los equipos israelíes, el empate a precaución en Burdeos, el excelente resultado del Espanyol en Livorno, la mala puntería del Shakhtar ante el Nancy y la goleada del Werder Bremen a un esperpéntico Ajax en el que incluso vimos a Roger García jugando de central. Sin embargo, el encuentro más taquicárdico de la noche se vivió en el replay de FA Cup entre Bolton y Arsenal. Fue otro capítulo más en la extensa historia de momentos memorables de la competición de clubes más antigua del mundo.

Parecía haberse instalado en la psicología gunner la creencia de que el Reebok Stadium era el campo más complicado del planeta. Escuchar la palabra Bolton casi producía pánico en el equipo del toque exquisito, la combinación permanente, la movilidad constante. Claro, los tres últimos precedentes estaban guardados en la memoria: derrotas incontestables ante un conjunto físico de juego directo y que cortaba al instante cualquier intento asociativo del rival. Pues bien, hoy, por fin, los chicos de Wenger ganaron a los guerreros de Allardyce, pero lo hicieron de una forma tan agónica y sufrida que el mito de la dificultad de ese estadio ha crecido un poco más.

La historia podría haber sido muy distinta. Estuvimos muy cerca de leer en las crónicas que esta vez el Arsenal le dio un baño al Bolton, que derrotó a todos sus fantasmas con una actuación convincente. Así fue, de hecho, casi todo el partido, con los gunners bordando una primera parte fantástica cuyo único pero fue irse al descanso con un margen tan corto. Aún sin Henry y sin Cesc, y con un doble pivote Diaby-Denilson que funcionó con una madurez impropia de su carácter novedoso, el conjunto londinense borró del campo al rival con su juego de pases constantes, de tocar y ofrecerse. La segunda parte iba por el mismo camino, pero se acentuó la falta de pegada para sentenciar el partido. Gilberto Silva falló un penalti -lo mandó a las nubes- y Adebayor disparó al palo tras haber regateado al portero, por lo que se llegó al tiempo de descuento con un mísero 0-1. Y entonces el Bolton le recordó al Arsenal que se ha convertido en su peor enemigo con el tanto del empate de Meité. Tan clara que se veía la victoria y había que volver a empezar.

Y en la prórroga parecía aparecerse de nuevo el escenario del pasado: los gunners ya no sabían cómo combinar y se veían superados constantemente por un rival más rápido, más fuerte, más grande. Gilberto remató al poste de su propia portería en lo que parecía ser el prólogo de otro libro funesto. Pero entonces aparecieron Jérémy Aliadière y Freddie Ljungberg, los recambios que había planteado Wenger, para inventarse la jugada del 1-2. Un golazo, pero nada terminado. De aquí hasta el final, una clara ocasión de Anelka y más despropósitos visitantes a la hora de definir. Baptista imitó a Gilberto mandando otro penalti a la grada y sólo en el minuto 123 llegó la sentencia, ya con el Bolton volcado y con una acción de dos contra uno ante Jaaskelainen. Por fin, el Arsenal había ganado en el Reebok. ¡Pero lo que le costó! Eso debía ser lo que, con Adebayor aún celebrando el 1-3, comentaban entre risas Sam Allardyce y Pat Rice, técnico derrotado y asistente vencedor. Aún en la victoria, Bolton sigue siendo el lugar más incómodo del mundo.

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