jueves, marzo 01, 2007

La rivalidad que engrandece a África

Aunque el marcador final de la Meridian Cup (10-1 para Europa tras el 4-0 de esta mañana en el Mini) sugiera que aún hay una gran diferencia entre el fútbol europeo y el africano, la realidad actual nos muestra que los jugadores que se han disputado el Balón de Oro de la CAF hasta el final son grandes nombres del panorama internacional, futbolistas reivindicados incluso para ocupar el trono máximo del fútbol mundial. Didier Drogba le ha arrebatado el trofeo a Samuel Eto'o en otra votación muy reñida, con Mickael Essien repitiendo en el tercer puesto. En el podio, dos jugadores del Chelsea y uno del Barça, probablemente las dos grandes potencias dominantes en Europa en los últimos dos años. Signo inequívoco de que el futbolista africano ya no es complemento, sino recurso cotizado para marcar las diferencias.

No voy a escribir hoy un perfil de Drogba. Ya lo hice una vez esta temporada, aunque más bien fuera una visión muy personal de su carrera, de mis recuerdos sobre un futbolista inevitablemente impactante en las emociones de aquellos que seguimos el fútbol internacional. También os remitiré al oficial que ha publicado la CAF en su web. Y diré que el resultado de la votación no me parece ni justo ni injusto, sino que encuentro digno de satisfacción que África pueda discutir entre Eto'o y Drogba, pueda tener partidarios del uno y del otro, pueda venerar a dos dioses, pueda creer que sus pasiones dependen en gran medida de Didier y de Samuel. En el camino hacia el fútbol global es necesario que los grandes ídolos que traspasan fronteras también sean africanos, como lo es que un día también puedan ser asiáticos. África mitificó a Roger Milla, elegido mejor jugador del continente en los últimos cincuenta años, pero el emblema de los leones indomables que encandilaron en Italia 90 nunca jugó en un gigante europeo. Hoy no es uno, sino que son dos cracks mediáticos los que están en la cima. Y más allá de preguntarnos si lo merecía uno o el otro, que es un debate interesante y quizá inacabable -yo gané la Champions, pero tú me echaste de la Copa África y jugaste el Mundial-, debemos celebrar que África posea una rivalidad que la convierte ya, de forma indiscutible, en la tercera gran potencia continental del planeta. Y viendo el hambre que exhiben sus dos estrellas, seguro que no se conforma con el bronce.

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miércoles, febrero 28, 2007

La chapuza de la Meridian

El 30 de enero de 1997, las confederaciones europea y africana decidieron en Lisboa firmar un acuerdo de cooperación que consistía en la organización de una competición de carácter oficial cada dos años en categoría sub-18. La llamaron Meridian Cup, y en un principio el formato de competición era idéntico al de los campeonatos sub-17 que se jugaban en ambos continentes: ocho selecciones (en este caso cuatro de la UEFA y cuatro de la CAF), fase de grupos, semifinales y final. Nigeria se proclamó campeona de la edición inaugural, siendo España el primer equipo europeo en ganar el título dos años después. Entonces las mentes pensantes decidieron cambiar la estructura del torneo y convertirla en una especia de Ryder Cup, en la que los participantes europeos se enfrentaban con los africanos y cada triunfo suponía un punto para su confederación. Visto el claro dominio del viejo continente, que se llevó las tres Meridian que se jugaron bajo este sistema, UEFA y CAF se plantearon otro cambio de cara a 2007. Y así fue como llegó a Barcelona, sede de la sexta edición, un doble partido estilo "All-Star" que debía enfrentar a las selecciones de los mejores jugadores europeos y africanos sub-18.

La idea, de entrada, tenía su atractivo. Ver jugar juntos en un mismo equipo a los cracks del futuro en un partido que, si todo va como tiene que ir, se convertirá en pieza de oro en cualquier videoteca. Es como si ahora alguien pudiera revisar un encuentro de 1994 en el que unos jovencísimos Henry, Shevchenko y Raúl compartieran delantera. Pero a veces las grandes ideas, si no se ejecutan bien, acaban pareciendo pésimas. Es un poco lo que ha sucedido en esta edición de la Meridian. Frederick Osam-Duodu, seleccionador africano, convocó a veinte jugadores para la ocasión, pero problemas burocráticos impidieron que ocho de ellos pudieran viajar a Barcelona. Así, África se encontró con sólo doce jugadores disponibles, de los que tres eran porteros. Tal y como declaró el técnico en rueda de prensa, a última hora tuvieron que llamar a futbolistas africanos que juegan en España para completar la lista y salvar la realización del torneo -¡qué ridículo hubiera sido tener que suspenderlo, después de la gran cantidad de viajes programados para asistir a las conferencias paralelas!-. Así que en el once inicial que saltó al Mini Estadi, cinco futbolistas no estaban en la selección inicial y su técnico no los había visto jugar nunca. Entre los llamados a última hora, Etienne Eto'o, el hermano de Samuel, que juega en La Salle de Mallorca y que disputó los noventa minutos luciendo el brazalete de capitán.

Y claro, no hubo partido. Europa fue infinitamente superior. Estamos hablando de una selección que en la primera parte presentó a Aaron Ñíguez, Manuel Fischer y Marko Marin como jugadores más ofensivos y que en el segundo tiempo dio entrada a Bojan Krkic, Aleksandar Prudnikov y Krisztian Nemeth. O sea, lo mejor del continente en categoría juvenil, el futuro más sólido del fútbol europeo. Fue un 6-1 que se quedó corto y del que se pueden extraer escasas conclusiones. Aunque claro, como la competición en sí misma a poca gente interesaba, quizá no se hablará mucho de la chapuza en toda regla que manchó esa idea tan interesante que es la Meridian Cup. Y por mucho que el seleccionador africano se quejara en la rueda de prensa y confesara que no conocía a algunos de sus jugadores, la única preocupación de los periodistas que cubrían el acto era perseguir a Bojan Krkic, el talento que promete tantos éxitos al Barça y que ayer se mostraba amable con todos, sereno, sonriente, encantador. Con una confianza en sus ojos que sólo pueden mostrar aquellos que saben que el futuro es suyo.

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