Tres choques competidos
Llegaban los red devils a Upton Park tras su exhibición de Sunderland. Claro, no es lo mismo medirse al limitado equipo de Roy Keane -ojo, limitado pero con algún elemento más que interesante, véase la actuación de Kenwyne Jones en el triunfo ante el Bolton- que al digno bloque de Curbishley. Aunque en realidad, hubo más demérito mancuniano que acierto hammer en el 2-1 final. Y no estoy hablando del penalti que desperdició Cristiano Ronaldo, otra vez el más peligroso de los de Ferguson. Me refiero a la actitud, al no tener ninguna intención de ir a sentenciar el partido, el limitarse a esperar atrás a que el tiempo se consumiera o a que el portugués cazara alguna contra. Pese a todo ello, no tenía pinta el partido de terminar en remontada. Pero en choques apretados todo es posible, y ese centrocampista tan prometedor que es Mark Noble se sacó dos centros precisos, tocaditos, con rosquita, y en ambos casos los ganó un compañero suyo, un central, para obrar lo que parecía improbable.
En Goodison pasó algo similar: el desenlace no tuvo nada que ver con la lógica. Tras ver la primera parte, en la que los hombres de Moyes noquearon por completo a los tocones gunners con su presión en el centro del campo, uno habría dicho que el Arsenal firmaba un empate. Pues lo ganó por goleada. Y con un estilo radicalmente opuesto a su propuesta habitual. Con balones largos y con la pillería de un delantero que había mostrado detalles apreciables en otras competiciones pero que aún no había dejado su huella en la Premier. Eduardo Da Silva nos enseñó ese instinto que nos habían prometido que poseía, esa capacidad para desmarcarse, esa definición fría, elegante, de goleador estético. Si explota definitivamente y van Persie vuelve a lo grande y sin lesiones, el cuadro de Wenger tendrá muchas opciones en ataque. Y todas de nivel.
El Liverpool tuvo la ambición final de querer ir a ganar en un estadio tan complicado como el del City, pero se topó con un Richard Dunne colosal, salvador, hasta rápido. Benítez sacó uno de sus mejores onces posibles, con la gran salvedad del extremo izquierdo. Me pasó lo mismo que en su derrota contra el United: terminó el partido y pensé que Babel había salido demasiado tarde. El holandés es más rápido que Kewell, imprime otro ritmo, parece más directo, más desequilibrante. Aún así, a Rafa pudo bastarle para ganar, y probablemente lo mereció.
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