Se dirá que el Valencia está horrible y que se encuentra sumido en una crisis profunda. Pues sí, es cierto. Pero también lo es que el Rosenborg jugó un partido fantástico en Mestalla. Bien ordenado atrás y con una salida al contragolpe prodigiosa. Si el 0-1 fue de manual, con una conducción perfecta de Skjelbred aguantando el balón hasta encontrar la opción de pase ideal y luego una maniobra maravillosa de Iversen, lo que vino después no fue peor. Los de Trondheim se animaron y dieron una lección de cómo salir con velocidad y con criterio. De cómo aprovechar los espacios. De cómo jugar con movilidad. Al final pudieron hasta golear, y si se elogió con justicia al Madrid por su exhibición de hace siete días en el mismo escenario, también hay que hacer lo propio con un equipo nórdico que posee muchos menos recursos. Lo hizo con otro estilo, es verdad, pero convenció y por momentos ofreció detalles estéticos. Uno se pregunta cómo es posible que hayan finalizado la liga noruega en quinta posición. Por plantilla, desde luego, deberían haberla ganado. Quizá les cueste más cuando tienen que llevar la iniciativa, no lo sé, pero desde luego entran ganas de ver el campeonato de su país. Y es que la pregunta que a uno le viene a la cabeza después de visionar el partido es la siguiente: si el quinto juega así, ¿cómo deben ser los cuatro primeros? La lógica diría que mejores, pero este juego carece de ella.
El otro resultado que llamó poderosamente la atención fue el de Anfield. Exhibición de Benayoun -que se reivindica casi cada vez que juega- y de Voronin, que está rayando a un gran nivel dejándonos mal a los que en su momento no comprendimos su fichaje. Y sobre todo, golpe de autoridad del equipo de Benítez. Será ante el Besiktas, pero no es nada fácil ganar 8-0 cuando llegas a un partido absolutamente presionado y al borde de la eliminación. El hincha red se habrá ido a casa con enorme satisfacción, pero lamentablemente para él a su equipo no le dan más puntos por marcar más goles. La clasificación sigue siendo complicada, aunque el Liverpool depende de sí mismo. Pero recibir al Oporto y viajar a Marsella no se presume sencillo.
Hablando de los portugueses, el marroquí Sektioui marcó el golazo de la noche. El fútbol tiene estas cosas: encumbra a grandes estrellas, pero sus plebeyos también son capaces de saborear la gloria. Un delantero de 30 años en cuyo currículum de ex equipos figuran el Mas Fès, el Marítimo, el Auxerre, el Neuchatel, el Willem II, el AZ y el RKC Waalwijk -siendo suplente en casi todos ellos-, es capaz de acaparar los titulares en una jornada de la máxima competición continental. Mensaje contundente para todos aquellos que desprecian lo que no tiene nombre.
Y mérito tiene lo de Olympiacos, que resistió ante el Madrid terminando el partido con tres jugadores que entre ellos no sumaban antes del choque ni veinte minutos disputados en toda la temporada: Pantos, Archubi y Mendrinos. Un 10 para los futbolistas que resistieron y un 0 para la secretaría técnica helena: por muchas lesiones que tuvieran, no se puede armar una plantilla tan corta. Hoy se lesionaron dos defensas y el único zaguero nato que estaba en el banquillo era Papadopoulos, un chaval de quince años. Lemonis -lógico- no se atrevió a sacarlo, y tuvo que hacer mil inventos para recomponer sus líneas.
Por cierto, el disparo al poste de Van Nistelrooy genera un debate interesante. El holandés -cuya categoría no discutiré, pues sus números hablan por sí solos- definió con una vaselina exquisita, pero también puede verse como un uno contra uno ante el portero desperdiciado. Si entra, está claro, todos diríamos que fue un golazo. Sin embargo, al fallarlo, se le podría recriminar que no eligiera un golpeo de balón más seguro. Se puede ver de muchas formas, pero yo, si fuera del Madrid, me habría mosqueado por la frivolidad. Porque el partido acabó 0-0.
Termino con Pirlo. Inzaghi marcó un gol de récord, Kaká estuvo inmenso al final -cuando ya había espacios, dirán sus críticos-, pero Andrea fue el que abrió el camino con una recuperación fantástica y una asistencia aún más maravillosa. Futbolista completo, brújula perfecta, pieza fundamental del campeón de Europa a la que a veces no se valora suficientemente. Algunos piden para él el Balón de Oro. No sé si se lo daría o no, pero que suene para el galardón me parece tremendamente justo.
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