domingo, diciembre 30, 2007

Tres choques competidos

Presentaba la última jornada de Premier de 2008 un cartel con tres platos fuertes: las visitas de Manchester United, Arsenal y Liverpool a West Ham, Everton y Manchester City. Parecían encuentros complicados para los favoritos, duelos en los que podían perder puntos. Uno ganó, otro empató y un tercero cayó, pero la fecha confirmó que en la liga inglesa hay varios conjuntos que, en duelos directos, no están tan lejos de los grandes.

Llegaban los red devils a Upton Park tras su exhibición de Sunderland. Claro, no es lo mismo medirse al limitado equipo de Roy Keane -ojo, limitado pero con algún elemento más que interesante, véase la actuación de Kenwyne Jones en el triunfo ante el Bolton- que al digno bloque de Curbishley. Aunque en realidad, hubo más demérito mancuniano que acierto hammer en el 2-1 final. Y no estoy hablando del penalti que desperdició Cristiano Ronaldo, otra vez el más peligroso de los de Ferguson. Me refiero a la actitud, al no tener ninguna intención de ir a sentenciar el partido, el limitarse a esperar atrás a que el tiempo se consumiera o a que el portugués cazara alguna contra. Pese a todo ello, no tenía pinta el partido de terminar en remontada. Pero en choques apretados todo es posible, y ese centrocampista tan prometedor que es Mark Noble se sacó dos centros precisos, tocaditos, con rosquita, y en ambos casos los ganó un compañero suyo, un central, para obrar lo que parecía improbable.

En Goodison pasó algo similar: el desenlace no tuvo nada que ver con la lógica. Tras ver la primera parte, en la que los hombres de Moyes noquearon por completo a los tocones gunners con su presión en el centro del campo, uno habría dicho que el Arsenal firmaba un empate. Pues lo ganó por goleada. Y con un estilo radicalmente opuesto a su propuesta habitual. Con balones largos y con la pillería de un delantero que había mostrado detalles apreciables en otras competiciones pero que aún no había dejado su huella en la Premier. Eduardo Da Silva nos enseñó ese instinto que nos habían prometido que poseía, esa capacidad para desmarcarse, esa definición fría, elegante, de goleador estético. Si explota definitivamente y van Persie vuelve a lo grande y sin lesiones, el cuadro de Wenger tendrá muchas opciones en ataque. Y todas de nivel.

El Liverpool tuvo la ambición final de querer ir a ganar en un estadio tan complicado como el del City, pero se topó con un Richard Dunne colosal, salvador, hasta rápido. Benítez sacó uno de sus mejores onces posibles, con la gran salvedad del extremo izquierdo. Me pasó lo mismo que en su derrota contra el United: terminó el partido y pensé que Babel había salido demasiado tarde. El holandés es más rápido que Kewell, imprime otro ritmo, parece más directo, más desequilibrante. Aún así, a Rafa pudo bastarle para ganar, y probablemente lo mereció.

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lunes, mayo 14, 2007

Un fin de semana de fútbol-tensión

Cuando la temporada se acerca a su conclusión, los partidos dejan de ser importantes para convertirse en mucho más que eso, en algo parecido al fenómeno central que mueve el mundo. Mientras la bola que marca la diferencia entre el éxito y el fracaso está girando en la ruleta del campo de fútbol de tu equipo, parece imposible que exista algo más allá de las paredes del estadio. No te entra en la cabeza que alguien pueda estar pendiente de otras cosas mientras tu asistes al juicio definitivo que resolverá la gran duda existencial del año: saber si eres un ganador o un perdedor. Este fin de semana hemos asistido a varios episodios de este fenómeno llamado fútbol-tensión. Reflexionemos brevemente sobre algunos de ellos.

Stuttgart: Hildebrand o la mejor parada en tres lustros
En Dortmund se estaba cumpliendo el guión previsto: el Borussia le ganaba al Schalke fastidiando su título soñado. Para depender de sí mismo en la última jornada, el Stuttgart debía amarrar esa preciosa victoria que estaba consiguiendo en Bochum, un campo tremendamente complicado en el tramo final de campeonato. Cacau ya había hecho méritos para convertirse en el hombre del partido -una asistencia y el gol del liderato-, pero era una cuestión de justicia que los titulares fueran para un hombre que lleva en el club toda la vida. Timo Hildebrand, el único superviviente de aquel equipo que en su momento llegó a maravillar Europa, le sacó un remate a bocajarro a Dabrowski a escasos minutos del final en una parada que vale más de media Bundesliga. Lo celebró como si hubiese marcado un gol. No era para menos. Ganando en casa al Cottbus, el Stuttgart será campeón por primera vez desde 1992. Lo que no logró con Kuranyi, Hleb, Lahm y Hinkel puede conseguirlo ahora con Cacau, Gómez, Hilbert, Magnin, Hitzlsperger y compañía. Y siempre con Timo, claro.

El Sochaux lo confirma: el Marsella está gafado
Imaginemos al Barça o al Madrid sin ganar un título durante catorce años. Parece imposible, pero en Francia el equipo más grande del país está viviendo este calvario. La última vez que en Marsella se echaron a la calle para celebrar que su amado Olympique era campeón corría el año 1993 y acababan de conquistar Europa con esa victoria en Munich ante el Milan en la final de la Champions. Desde entonces, nada de nada. Ni ligas, ni copas -y eso que en Francia se juegan dos-. El sábado podía terminar este negro periodo, pero parece que el destino aún esté castigando al club con más afición del fútbol galo por sus pecados pasados. Ni adelantándose por dos veces en el marcador, una de ellas en la prórroga, pudo el OM llevarse la Coupe de France. Anthony Le Tallec apareció desde el banquillo para empatar por segunda vez el partido y llevarlo a una tanda de penaltis taquicárdica en la que el héroe fue Teddy Richert, guardameta del Sochaux. Y mientras Marsella lloraba por una derrota dolorosísima, los dos pueblos a los que representa el equipo de la Peugeot celebraban un trofeo que llevaban setenta años sin ganar. En el campo, las lágrimas más sinceras eran las de Nasri, que fue el mejor del partido y le quitó todo el protagonismo a un apagado Ribéry. Samir recibirá pronto ofertas de grandes clubes europeos, aunque quizá lo más bonito sería que se quedara en el club de sus amores y lo ayudara a romper este gafe terrible.

Sheffield United: descendió el más inesperado
Las apuestas lo tenían claro: de los tres equipos que se jugaban la última plaza de descenso en la Premier, el que tenía más opciones de salvarse era el Sheffield United. Jugaba en casa ante un Wigan en caída libre y sólo bajaba si perdía y el West Ham puntuaba en Old Trafford. Pues todo ello sucedió. Y lo más irónico fue que el gol que determinó este destino cruel lo firmó un jugador que empezó la temporada en Sheffield y que la ha terminado en Wigan: David Unsworth. Y lo celebró, claro. ¿Cómo no iba a hacerlo? El partido era más dramático que una final, con un ambientazo en el que la tensión se podía respirar en el aire, con los goles gritados con toda la pasión del mundo, con dos aficiones en un mismo estadio sabiendo que al final del partido una se iba a segunda. Paul Jewell -que, por cierto, acaba de dimitir- se está especializando en este tipo de milagros: ya en 2000 salvó al Bradford en otra última jornada de infarto. Aunque el gran nombre propio del final de liga en la parte baja de la tabla es Carlos Tévez, cuyo estado de forma ha sido decisivo para que el West Ham permanezca en la Premier, añadiendo más controversia a esa discutidísima decisión de la liga de no restarles puntos a los hammers.

Nunca se celebró tanto un empate en Paços Ferreira
Para el que no siga la liga portuguesa, que el Oporto sume un punto en Paços Ferreira puede sonar a tropiezo. Sin embargo, la estadística lo dice bien claro: esta temporada, sólo el Belenenses ha sido capaz de ganar en ese campo, uno de los más duros de toda la Superliga. Y como el Sporting lo sabía, había puesto todas sus esperanzas de ser campeón en un tropiezo de los dragones en ese pueblo del interior de Portugal. Los leones hicieron su trabajo: ganaron en Coimbra y durante muchos minutos se vieron líderes a falta de una jornada, ya que el Paços estaba ganando 1-0. Pero el campeón luso se volcó en busca de un empate que le permitiera llegar al último partido dependiendo de sí mismo. Y lo consiguió, de rebote, en un córner que tuvo que rematar dos veces, en una jugada tremendamente fea, pero el valor de ese tanto de Adriano es inmenso. La afición que se había desplazado a un campo tan inhóspito lo celebró como medio título de liga. Y es que ahora bastará con ganarle a un Aves que se estará jugando el descenso la semana que viene en Dragao para que el Oporto vuelva a ganar la liga. Será otro episodio de fútbol-tensión.

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lunes, marzo 05, 2007

Dinámicas que asustan

Ayer fue un domingo repleto de derbis. San Lorenzo se vengó de Boca con un 0-3 memorable en La Bombonera, Palmeiras agudizó la crisis de Corinthians con un marcador idénticamente duro y Panathinaikos ganó en el campo de Olympiakos con un gol en el último minuto que le da a Víctor Muñoz el consuelo de haber logrado el doblete ante el eterno rival por si al final no gana nada -aún puede: está en semifinales de Copa-. Pasamos de puntillas por estos tres pero nos metemos de lleno en otros dos: el siciliano entre Messina y Palermo y el londinense entre West Ham y Tottenham.

En el primer derbi siciliano con público después de la tragedia de Catania, los otros dos equipos de la isla se enfrentaban buscando tres puntos para satisfacer sus objetivos radicalmente distintos. El Messina sabe que tendrá que pelear hasta el final para conseguir una permanencia que el año pasado sólo obtuvo vía despachos y gracias al descenso de la Juve. El Palermo ya no puede sestear más: tras pasarse media liga creyéndose clasificado para la Champions y enfocando los partidos como trámites aburridísimos sin tensión alguna, la renta se ha agotado y los rivales llegan amenazadores pisándole los talones. Sobretodo después de la derrota de ayer, que deja a la Lazio a dos puntos, al Empoli a cuatro, al Milan a cinco y a la Fiorentina a diez... ¡y todos ellos con un partido menos! Cuando quiera meterse de nuevo en la pelea, el equipo de Guidolin se habrá olvidado de competir. Aunque ayer no fue ese el problema. Quiso el balón, dominó el partido y llegó con más peligro que el rival, pero se encontró, por encima de todo, con un arbitraje desesperante. Con empate a cero, Ayroldi no señaló un clarísimo penalti de Lavecchia a Di Michele, y poco después Édgar Álvarez -el mejor del Messina- asistió a Riganò para el 1-0 arrancando en fuera de juego. Así que los palermitanos estaban ya muy calientes cuando en el segundo tiempo el recién ingresado Caracciolo cayó en el área en lo que pareció un penalti de Parisi. El árbitro lo ignoró de nuevo y expulsó al delantero por sus protestas. Con el rival absolutamente fuera de sí, Álvarez firmó otra buena jugada por banda y le puso el segundo centro de gol a Riganò, que con el doblete dejaba atrás tres meses sin marcar. El 2-0 final revela además una dinámica más que negativa para un equipo que ya no puede asegurar que el año que viene esté jugando contra los grandes de Europa: el Palermo ha sumado tres de los últimos quince puntos posibles.

Aunque si hablamos de dinámicas negativas, la del West Ham es la que se lleva la palma. No gana en liga desde el 17 de diciembre, el día que debutó Curbishley y ante ese Manchester United que hoy parece tener media liga en el bolsillo. Incluso le ha superado en la clasificación el pobre Watford, uno de los equipos más débiles que se han visto en la Premier en los últimos años. El derbi de ayer ante los Spurs se presentaba como una auténtica final, y los jugadores salieron motivados, intentando olvidar su pésima situación. Y por primera vez en mucho tiempo, Curbs pudo sacar un once que generaba cierta esperanza, con una defensa que, por nombres, ya firmarían muchos equipos de la mitad alta de la tabla: Neill-Ferdinand-Upson-Konchesky. Pero cuando se está abajo nada sale bien, y el ex central del Birmingham se retiró lesionado a los once minutos. Y entró Davenport, que no es lo mismo. Pero parecía ser un día distinto a los anteriores. Parecía que la suerte podía cambiar. Mark Noble, debutante ayer en la presente Premier y subcampeón de Europa sub-19 con Inglaterra en 2005, adelantó a los hammers con un magnífico derechazo tras asistencia con el pecho de Tévez. Porque esta fue la otra buena noticia: el argentino firmó su mejor partido desde que está en la Premier y se le vio absolutamente adaptado al ritmo del fútbol británico. Se veía venir, pues, que su primer gol estaba cerca, y efectivamente lo consiguió en un magnífico lanzamiento de falta. 2-0 al descanso y primeras sonrisas en mucho tiempo en Upton Park, aunque nada estaba hecho aún. Ni que lo digas. Aaron Lennon decidió que era el momento de empezar su show y en doce minutos igualó el partido: primero forzó un inocente penalti de Bowyer y luego asistió a Tainio con un toque prodigioso que, junto a los de Ibrahimovic y Tiago, se convirtió en lo más bello que nos ha dejado el fin de semana. Mazazo para un equipo hundido al que, como dice su técnico, cualquier contratiempo le afecta demasiado. Pero se vino arriba y logró ponerse por delante de nuevo, con otra asistencia de Tévez y un remate de un Zamora que no se entiende que no sea titular. 3-2 con el tiempo casi cumplido y la sensación de estar cerca de conseguir una victoria épica para la esperanza. Pero todo se derrumbó de nuevo con una falta directa de Berbatov en el 89 -¡cómo ha crecido este búlgaro!- y con la puntilla definitiva, la jugada cruel de la condena, el descenso convertido en acción concreta que fue el 3-4 de Stalteri en una contra en el 95 en la que el Tottenham mató a un West Ham que había subido a rematar un córner con prácticamente el equipo entero. Ante esto, levantarse es casi imposible. Los hammers están con los dos pies en segunda y esto, más que todo lo que escribíamos ayer, sí que no puede creerse.

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