Dinámicas que asustan
En el primer derbi siciliano con público después de la tragedia de Catania, los otros dos equipos de la isla se enfrentaban buscando tres puntos para satisfacer sus objetivos radicalmente distintos. El Messina sabe que tendrá que pelear hasta el final para conseguir una permanencia que el año pasado sólo obtuvo vía despachos y gracias al descenso de la Juve. El Palermo ya no puede sestear más: tras pasarse media liga creyéndose clasificado para la Champions y enfocando los partidos como trámites aburridísimos sin tensión alguna, la renta se ha agotado y los rivales llegan amenazadores pisándole los talones. Sobretodo después de la derrota de ayer, que deja a la Lazio a dos puntos, al Empoli a cuatro, al Milan a cinco y a la Fiorentina a diez... ¡y todos ellos con un partido menos! Cuando quiera meterse de nuevo en la pelea, el equipo de Guidolin se habrá olvidado de competir. Aunque ayer no fue ese el problema. Quiso el balón, dominó el partido y llegó con más peligro que el rival, pero se encontró, por encima de todo, con un arbitraje desesperante. Con empate a cero, Ayroldi no señaló un clarísimo penalti de Lavecchia a Di Michele, y poco después Édgar Álvarez -el mejor del Messina- asistió a Riganò para el 1-0 arrancando en fuera de juego. Así que los palermitanos estaban ya muy calientes cuando en el segundo tiempo el recién ingresado Caracciolo cayó en el área en lo que pareció un penalti de Parisi. El árbitro lo ignoró de nuevo y expulsó al delantero por sus protestas. Con el rival absolutamente fuera de sí, Álvarez firmó otra buena jugada por banda y le puso el segundo centro de gol a Riganò, que con el doblete dejaba atrás tres meses sin marcar. El 2-0 final revela además una dinámica más que negativa para un equipo que ya no puede asegurar que el año que viene esté jugando contra los grandes de Europa: el Palermo ha sumado tres de los últimos quince puntos posibles.
Aunque si hablamos de dinámicas negativas, la del West Ham es la que se lleva la palma. No gana en liga desde el 17 de diciembre, el día que debutó Curbishley y ante ese Manchester United que hoy parece tener media liga en el bolsillo. Incluso le ha superado en la clasificación el pobre Watford, uno de los equipos más débiles que se han visto en la Premier en los últimos años. El derbi de ayer ante los Spurs se presentaba como una auténtica final, y los jugadores salieron motivados, intentando olvidar su pésima situación. Y por primera vez en mucho tiempo, Curbs pudo sacar un once que generaba cierta esperanza, con una defensa que, por nombres, ya firmarían muchos equipos de la mitad alta de la tabla: Neill-Ferdinand-Upson-Konchesky. Pero cuando se está abajo nada sale bien, y el ex central del Birmingham se retiró lesionado a los once minutos. Y entró Davenport, que no es lo mismo. Pero parecía ser un día distinto a los anteriores. Parecía que la suerte podía cambiar. Mark Noble, debutante ayer en la presente Premier y subcampeón de Europa sub-19 con Inglaterra en 2005, adelantó a los hammers con un magnífico derechazo tras asistencia con el pecho de Tévez. Porque esta fue la otra buena noticia: el argentino firmó su mejor partido desde que está en la Premier y se le vio absolutamente adaptado al ritmo del fútbol británico. Se veía venir, pues, que su primer gol estaba cerca, y efectivamente lo consiguió en un magnífico lanzamiento de falta. 2-0 al descanso y primeras sonrisas en mucho tiempo en Upton Park, aunque nada estaba hecho aún. Ni que lo digas. Aaron Lennon decidió que era el momento de empezar su show y en doce minutos igualó el partido: primero forzó un inocente penalti de Bowyer y luego asistió a Tainio con un toque prodigioso que, junto a los de Ibrahimovic y Tiago, se convirtió en lo más bello que nos ha dejado el fin de semana. Mazazo para un equipo hundido al que, como dice su técnico, cualquier contratiempo le afecta demasiado. Pero se vino arriba y logró ponerse por delante de nuevo, con otra asistencia de Tévez y un remate de un Zamora que no se entiende que no sea titular. 3-2 con el tiempo casi cumplido y la sensación de estar cerca de conseguir una victoria épica para la esperanza. Pero todo se derrumbó de nuevo con una falta directa de Berbatov en el 89 -¡cómo ha crecido este búlgaro!- y con la puntilla definitiva, la jugada cruel de la condena, el descenso convertido en acción concreta que fue el 3-4 de Stalteri en una contra en el 95 en la que el Tottenham mató a un West Ham que había subido a rematar un córner con prácticamente el equipo entero. Ante esto, levantarse es casi imposible. Los hammers están con los dos pies en segunda y esto, más que todo lo que escribíamos ayer, sí que no puede creerse.
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