domingo, abril 08, 2007

Apuntes de un sábado intensísimo

Arrancaba el maratoniano sábado futbolístico con un desafío para dos entrenadores cuyos equipos afrontan un calendario de compresión exagerada: el Tottenham, que había jugado el jueves noche en Sevilla, visitaba a un Chelsea inmerso en una durísima eliminatoria ante el Valencia de sólo siete días de duración. El martes se verá en Mestalla quién gana la partida definitiva, pero Mourinho rotó con más criterio que luego Quique en Bilbao. Y también que Jol. Claro que los blues poseen una plantilla más amplia, con más recursos y mayor margen de maniobra. Pero el técnico de Setúbal fue fiel a su estrategia habitual: se cambian pequeñas piezas, pero el espíritu del equipo permanece intacto. Así que la columna vertebral no quedó modificada: Cech, Terry, Carvalho, Lampard y Drogba repetían sobre el campo, más el regreso de Makelelé. O sea, los que ganan los partidos. Porque hoy el duelo londinense ante el Tottenham lo ganaron el central portugués y el portero checo, como para dar toda la validez del mundo a aquellas lamentaciones de un Mourinho que, cuando su equipo se dejaba puntos en diciembre y enero, sólo pedía que regresaran los pilares de su bloque. Y con ellos volvió la solidez de un campeón que tiene todos los argumentos del mundo para repetir título. No vapulea a sus rivales como lo hace el Manchester United en Old Trafford, pero tampoco da la sensación de poder perder puntos en campos como Fratton Park. Porque lo de los red devils se veía venir: en Fulham y en Anfield ganaron de milagro, por no hablar de la goleada que pudieron recibir el pasado miércoles en Roma. Espectacular como pocos en casa, el líder de la Premier parece más vulnerable que su perseguidor cuando juega a domicilio. Y hoy, que quizá lo mereció menos que en los dos desplazamientos ligueros anteriores -David James estuvo inmenso-, perdió en Portsmouth.

En Italia el Milan ya está virtualmente en Champions. Y más que por méritos propios, por la siesta incontrolada del Palermo, que creyó que la liga terminaba en diciembre. Guidolin, casi con total seguridad, será cesado el lunes, pero los sicilianos ya van contra corriente y difícilmente podrán cazar un pájaro que tenían en la mano y que ahora está volando. Lo de la Lazio sí que tiene mérito: con una plantilla muy normalita suma ocho victorias consecutivas y se ha instalado en el tercer puesto con un colchón ciertamente importante. Pero volviendo al partido de San Siro, resulta evidente que el Milan es mucho más peligroso cuando juega con tridente. Sobre todo si la pareja de delanteros la forman Ronaldo y Gilardino, una dupla difícilmente mejorable y que, para desespero rossonero, no puede verse en Europa. Hoy mojaron los dos, y con estilo. Hablando de nombres propios, el de Giuseppe Rossi reclama día tras día mayores titulares. Con otro gol suyo sobre el final, el Parma sumó tres puntos vitales que le mantienen en el sueño de la salvación. ¿En qué estaría pensando el Manchester United cuando lo cedió primero al Newcastle y luego al Parma? ¡Pero si ahora le faltan delanteros! Y ya no hablemos de Gerard Piqué, que se está exhibiendo en Zaragoza mientras Ferguson se rompe la cabeza para suplir a Vidic. Aunque siendo sinceros, a ambos les está viniendo muy bien esta experiencia lejos de Old Trafford...

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lunes, marzo 05, 2007

Dinámicas que asustan

Ayer fue un domingo repleto de derbis. San Lorenzo se vengó de Boca con un 0-3 memorable en La Bombonera, Palmeiras agudizó la crisis de Corinthians con un marcador idénticamente duro y Panathinaikos ganó en el campo de Olympiakos con un gol en el último minuto que le da a Víctor Muñoz el consuelo de haber logrado el doblete ante el eterno rival por si al final no gana nada -aún puede: está en semifinales de Copa-. Pasamos de puntillas por estos tres pero nos metemos de lleno en otros dos: el siciliano entre Messina y Palermo y el londinense entre West Ham y Tottenham.

En el primer derbi siciliano con público después de la tragedia de Catania, los otros dos equipos de la isla se enfrentaban buscando tres puntos para satisfacer sus objetivos radicalmente distintos. El Messina sabe que tendrá que pelear hasta el final para conseguir una permanencia que el año pasado sólo obtuvo vía despachos y gracias al descenso de la Juve. El Palermo ya no puede sestear más: tras pasarse media liga creyéndose clasificado para la Champions y enfocando los partidos como trámites aburridísimos sin tensión alguna, la renta se ha agotado y los rivales llegan amenazadores pisándole los talones. Sobretodo después de la derrota de ayer, que deja a la Lazio a dos puntos, al Empoli a cuatro, al Milan a cinco y a la Fiorentina a diez... ¡y todos ellos con un partido menos! Cuando quiera meterse de nuevo en la pelea, el equipo de Guidolin se habrá olvidado de competir. Aunque ayer no fue ese el problema. Quiso el balón, dominó el partido y llegó con más peligro que el rival, pero se encontró, por encima de todo, con un arbitraje desesperante. Con empate a cero, Ayroldi no señaló un clarísimo penalti de Lavecchia a Di Michele, y poco después Édgar Álvarez -el mejor del Messina- asistió a Riganò para el 1-0 arrancando en fuera de juego. Así que los palermitanos estaban ya muy calientes cuando en el segundo tiempo el recién ingresado Caracciolo cayó en el área en lo que pareció un penalti de Parisi. El árbitro lo ignoró de nuevo y expulsó al delantero por sus protestas. Con el rival absolutamente fuera de sí, Álvarez firmó otra buena jugada por banda y le puso el segundo centro de gol a Riganò, que con el doblete dejaba atrás tres meses sin marcar. El 2-0 final revela además una dinámica más que negativa para un equipo que ya no puede asegurar que el año que viene esté jugando contra los grandes de Europa: el Palermo ha sumado tres de los últimos quince puntos posibles.

Aunque si hablamos de dinámicas negativas, la del West Ham es la que se lleva la palma. No gana en liga desde el 17 de diciembre, el día que debutó Curbishley y ante ese Manchester United que hoy parece tener media liga en el bolsillo. Incluso le ha superado en la clasificación el pobre Watford, uno de los equipos más débiles que se han visto en la Premier en los últimos años. El derbi de ayer ante los Spurs se presentaba como una auténtica final, y los jugadores salieron motivados, intentando olvidar su pésima situación. Y por primera vez en mucho tiempo, Curbs pudo sacar un once que generaba cierta esperanza, con una defensa que, por nombres, ya firmarían muchos equipos de la mitad alta de la tabla: Neill-Ferdinand-Upson-Konchesky. Pero cuando se está abajo nada sale bien, y el ex central del Birmingham se retiró lesionado a los once minutos. Y entró Davenport, que no es lo mismo. Pero parecía ser un día distinto a los anteriores. Parecía que la suerte podía cambiar. Mark Noble, debutante ayer en la presente Premier y subcampeón de Europa sub-19 con Inglaterra en 2005, adelantó a los hammers con un magnífico derechazo tras asistencia con el pecho de Tévez. Porque esta fue la otra buena noticia: el argentino firmó su mejor partido desde que está en la Premier y se le vio absolutamente adaptado al ritmo del fútbol británico. Se veía venir, pues, que su primer gol estaba cerca, y efectivamente lo consiguió en un magnífico lanzamiento de falta. 2-0 al descanso y primeras sonrisas en mucho tiempo en Upton Park, aunque nada estaba hecho aún. Ni que lo digas. Aaron Lennon decidió que era el momento de empezar su show y en doce minutos igualó el partido: primero forzó un inocente penalti de Bowyer y luego asistió a Tainio con un toque prodigioso que, junto a los de Ibrahimovic y Tiago, se convirtió en lo más bello que nos ha dejado el fin de semana. Mazazo para un equipo hundido al que, como dice su técnico, cualquier contratiempo le afecta demasiado. Pero se vino arriba y logró ponerse por delante de nuevo, con otra asistencia de Tévez y un remate de un Zamora que no se entiende que no sea titular. 3-2 con el tiempo casi cumplido y la sensación de estar cerca de conseguir una victoria épica para la esperanza. Pero todo se derrumbó de nuevo con una falta directa de Berbatov en el 89 -¡cómo ha crecido este búlgaro!- y con la puntilla definitiva, la jugada cruel de la condena, el descenso convertido en acción concreta que fue el 3-4 de Stalteri en una contra en el 95 en la que el Tottenham mató a un West Ham que había subido a rematar un córner con prácticamente el equipo entero. Ante esto, levantarse es casi imposible. Los hammers están con los dos pies en segunda y esto, más que todo lo que escribíamos ayer, sí que no puede creerse.

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