martes, enero 22, 2008

Cinco goles por ocho años de espera

La mejor forma de romper una racha negrísima con el eterno rival es goleándolo. Es como decirle: "toma, me voy a desquitar de tantos años de frustración... te meteré tantos como rabia tenía dentro". Eso es lo que le ha hecho esta noche el Tottenham al Arsenal en una semifinal de la Carling Cup que indudablemente pasará a la historia. Porque es el primer triunfo de los spurs a los gunners desde 1999, por lo abultado del marcador (5-1) y porque conduce al equipo de Juande al nuevo Wembley por primera vez. Para cualquier habitual de White Hart Lane, lo de hoy tiene que haber sido una gozada.

Juande Ramos ha logrado que su equipazo funcione al máximo nivel. La materia prima ya estaba ahí: una plantilla muy cercana al potencial de las cuatro grandes -se podría llegar a discutir, en algún caso, si no es incluso superior a alguna de ellas-. Pero empezó la temporada rindiendo muy por debajo de lo esperado. Su clasificación no debe engañar a nadie. Tottenham es top class, too much class para los jóvenes del Arsenal. Presión asfixiante, ritmo altísimo, velocidad en la salida al ataque. La receta que hizo grande al Sevilla pulverizó al equipo del flying football. No fue una victoria de Berbatov, ni de Jenas, ni tampoco de Lennon. Fue un triunfo colectivo, merecido, arrollador, incontestable.

Wenger quiere que la Carling sirva para que sus jóvenes maduren. Algunos lo necesitan. Otros parece que no lo lograrán nunca. Y alguno ya lo ha hecho demasiado. No es una crítica a la política del alsaciano, una estrategia que aquí aplaudimos en repetidas ocasiones. Es admirable, y por lo tanto hay que tomarse esta derrota con filosofía. Es una derrota lógica, previsible. Expuso a sus jóvenes a un equipo de primer nivel y perdió. Nada que decir. Que les sirva a los chavales para progresar.

Un oyente me preguntó la semana pasada qué diferencia había entre Theo Walcott y Aaron Lennon. Que quién me parecía mejor. Le respondí que los años de diferencia se notaban. Que uno estaba por hacer y el otro ya era un jugador importante en un equipo de buen nivel de Premier League. Como cumpliendo la profecía, el extremo spur firmó una actuación memorable. Desequilibró por banda, acuchilló por velocidad, asistió por clarividencia. Al gunner, en cambio, aún se le espera. Le vino grande el partido, pero no hay que echarse las manos a la cabeza por ello. Se medía a Dawson-King, una pareja formidable, y aún así fue capaz de sacar un buen centro que Bendtner mandó al larguero. Necesita tiempo, partidos, derrotas, caídas, orgullo. Explotar su inmensa potencialidad. Creerse importante y capaz, desear más que nada ser un futbolista de primer nivel mundial. Aprender de Fàbregas, ese prodigio de la competitividad.

Walcott tiene condiciones, pero hay algún otro que no. Sorprende la insistencia de Wenger en Justin Hoyte, un defensor limitadísimo. Flojo como lateral, su alineación como central al lado de Gallas producía terror esta noche ya antes de empezar el partido. Luego confirmó su inaptitud. Tanto en el primer gol como en el tercero, llega ese medio segundo tarde a bloquear el disparo. Es un chico comprometido, muy del Arsenal, se le ve con ilusión, pero lamentablemente parece no dar el nivel.

Gilberto Silva. Jugador importantísimo en el Arsenal de los invencibles, medio centro determinante en el camino hacia París, capitán dignísimo en ausencia de Thierry Henry. Cuando se retire habrá que incluirle en el capítulo de leyendas del club. Una trayectoria indiscutible. Pero un presente decadente. Su ciclo puede haber terminado. Lo anunciaba su repetida suplencia a lo largo de la temporada, lo confirmaban sus decepcionantes actuaciones en Newcastle, Middlesbrough y en la ida contra los spurs. Esta noche ha tocado fondo en White Hart Lane. Incapaz de contener, de estar a la altura en la batalla física, de imponer respeto en la parcela central. Pero sobre todo, sin hambre, sin ímpetu, sin agresividad. En el cuarto gol estaba corriendo junto a Lennon y cuando éste aceleró él siguió trotando, sin seguirle, consciente de que no tenía ninguna opción. Si la importancia de un futbolista se exagera cuando no está, hoy Flamini ha parecido ser la pieza imprescindible de este Arsenal.

Uno se pregunta ahora qué consecuencias tendrá esta debacle. Hará bien Wenger en elaborar un discurso que convenza a los jugadores de que la derrota dolorosa llegó en otra competición, con una columna vertebral distinta, que el que perdió 5-1 no era el Arsenal que pelea el campeonato. De no ser así, los gunners corren el riesgo de sufrir una resaca tan prolongada como aquella que siguió al fin de la racha en Old Trafford el 24 de octubre de 2004. Pero sinceramente, uno ve a Fàbregas y a Flamini y se da cuenta de que este equipo tiene la personalidad suficiente para levantarse y pelear.

Crónica del Egipto-Camerún de la CAN para Público

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lunes, marzo 12, 2007

Mou lo quiere todo

Enfrascado en la durísima persecución del Manchester United en la Premier, con la Carling ya en las vitrinas y con la Champions como objetivo prioritario, muchos entrenadores darían una importancia relativa a la FA Cup. Pero el insaciable José Mourinho, ganador como pocos, lucha hasta el final por todos los títulos posibles. Y tiene un sueño: conseguir el cuatriplete. Sería una quimera si el deseo viniera de otro técnico, pero es una posibilidad real conociendo al portugués -y viendo la plantilla de la que dispone-. Ayer, en el memorable encuentro de cuartos de final ante el Tottenham, sacó su mejor once posible, algo que ya hizo ante equipos de inferior categoría. Y perdiendo 1-3 a falta de media hora, se fue desesperadamente a por la remontada, sin importarle que un hipotético empate supusiera un partido más en el ya cargadísimo calendario blue. Así que el estratega de Setúbal terminó el encuentro con el siguiente once: Cech; Boulahrouz, Carvalho, Essien; Wright-Phillips, Ballack, Lampard, Robben; Kalou, Drogba, Shevchenko. Un 3-4-3 que incluso puede interpretarse como un 3-2-5 (en Inglaterra a los extremos se les considera delanteros) y en el que los dos medios centros eran jugadores de clarísima vocación ofensiva. A Mou le suelen acusar de ser un técnico defensivo, pero es quizá el entrenador que más arriesga en todo el mundo cuando su equipo va perdiendo. Y no lo hace precisamente cuando el tiempo se está consumiendo: su primera sustitución la hizo en el minuto 34, sin preocuparse por si el cambio humillaba a un Paulo Ferreira que está viviendo una temporada para olvidar. La prioridad, estaba claro, era remontar.

Y como no podía ser de otra forma, el Chelsea remontó. Es cierto que parte del mérito hay que dársela a Peter Cech, que salvó un mano a mano con el gran Aaron Lennon con 1-3 en el marcador. Pero el tramo final del partido fue un acoso y derribo constante del campeón de liga ante un Tottenham incapaz de capear el temporal. Fue una prueba más de la determinación de un equipo con carácter y pegada, capaz de encontrar resquicios en los muros más impenetrables. Aunque el partido vuelve a generar dudas sobre el rendimiento de una defensa que naufragó una vez más sin John Terry. Martin Jol supo cómo hacerle daño al equipo de Mou: situó a Lennon en la media punta, con libertad absoluta para que se moviera a su antojo, y el joven internacional inglés -es inexplicable que no sea titular con los pross- entraba por donde quería. El 3-3 final nos garantiza otro partidazo, esta vez en el Lane, y con el pase a semifinales en juego. Seguro que, una vez más, Mourinho no reserva a nadie.

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lunes, marzo 05, 2007

Dinámicas que asustan

Ayer fue un domingo repleto de derbis. San Lorenzo se vengó de Boca con un 0-3 memorable en La Bombonera, Palmeiras agudizó la crisis de Corinthians con un marcador idénticamente duro y Panathinaikos ganó en el campo de Olympiakos con un gol en el último minuto que le da a Víctor Muñoz el consuelo de haber logrado el doblete ante el eterno rival por si al final no gana nada -aún puede: está en semifinales de Copa-. Pasamos de puntillas por estos tres pero nos metemos de lleno en otros dos: el siciliano entre Messina y Palermo y el londinense entre West Ham y Tottenham.

En el primer derbi siciliano con público después de la tragedia de Catania, los otros dos equipos de la isla se enfrentaban buscando tres puntos para satisfacer sus objetivos radicalmente distintos. El Messina sabe que tendrá que pelear hasta el final para conseguir una permanencia que el año pasado sólo obtuvo vía despachos y gracias al descenso de la Juve. El Palermo ya no puede sestear más: tras pasarse media liga creyéndose clasificado para la Champions y enfocando los partidos como trámites aburridísimos sin tensión alguna, la renta se ha agotado y los rivales llegan amenazadores pisándole los talones. Sobretodo después de la derrota de ayer, que deja a la Lazio a dos puntos, al Empoli a cuatro, al Milan a cinco y a la Fiorentina a diez... ¡y todos ellos con un partido menos! Cuando quiera meterse de nuevo en la pelea, el equipo de Guidolin se habrá olvidado de competir. Aunque ayer no fue ese el problema. Quiso el balón, dominó el partido y llegó con más peligro que el rival, pero se encontró, por encima de todo, con un arbitraje desesperante. Con empate a cero, Ayroldi no señaló un clarísimo penalti de Lavecchia a Di Michele, y poco después Édgar Álvarez -el mejor del Messina- asistió a Riganò para el 1-0 arrancando en fuera de juego. Así que los palermitanos estaban ya muy calientes cuando en el segundo tiempo el recién ingresado Caracciolo cayó en el área en lo que pareció un penalti de Parisi. El árbitro lo ignoró de nuevo y expulsó al delantero por sus protestas. Con el rival absolutamente fuera de sí, Álvarez firmó otra buena jugada por banda y le puso el segundo centro de gol a Riganò, que con el doblete dejaba atrás tres meses sin marcar. El 2-0 final revela además una dinámica más que negativa para un equipo que ya no puede asegurar que el año que viene esté jugando contra los grandes de Europa: el Palermo ha sumado tres de los últimos quince puntos posibles.

Aunque si hablamos de dinámicas negativas, la del West Ham es la que se lleva la palma. No gana en liga desde el 17 de diciembre, el día que debutó Curbishley y ante ese Manchester United que hoy parece tener media liga en el bolsillo. Incluso le ha superado en la clasificación el pobre Watford, uno de los equipos más débiles que se han visto en la Premier en los últimos años. El derbi de ayer ante los Spurs se presentaba como una auténtica final, y los jugadores salieron motivados, intentando olvidar su pésima situación. Y por primera vez en mucho tiempo, Curbs pudo sacar un once que generaba cierta esperanza, con una defensa que, por nombres, ya firmarían muchos equipos de la mitad alta de la tabla: Neill-Ferdinand-Upson-Konchesky. Pero cuando se está abajo nada sale bien, y el ex central del Birmingham se retiró lesionado a los once minutos. Y entró Davenport, que no es lo mismo. Pero parecía ser un día distinto a los anteriores. Parecía que la suerte podía cambiar. Mark Noble, debutante ayer en la presente Premier y subcampeón de Europa sub-19 con Inglaterra en 2005, adelantó a los hammers con un magnífico derechazo tras asistencia con el pecho de Tévez. Porque esta fue la otra buena noticia: el argentino firmó su mejor partido desde que está en la Premier y se le vio absolutamente adaptado al ritmo del fútbol británico. Se veía venir, pues, que su primer gol estaba cerca, y efectivamente lo consiguió en un magnífico lanzamiento de falta. 2-0 al descanso y primeras sonrisas en mucho tiempo en Upton Park, aunque nada estaba hecho aún. Ni que lo digas. Aaron Lennon decidió que era el momento de empezar su show y en doce minutos igualó el partido: primero forzó un inocente penalti de Bowyer y luego asistió a Tainio con un toque prodigioso que, junto a los de Ibrahimovic y Tiago, se convirtió en lo más bello que nos ha dejado el fin de semana. Mazazo para un equipo hundido al que, como dice su técnico, cualquier contratiempo le afecta demasiado. Pero se vino arriba y logró ponerse por delante de nuevo, con otra asistencia de Tévez y un remate de un Zamora que no se entiende que no sea titular. 3-2 con el tiempo casi cumplido y la sensación de estar cerca de conseguir una victoria épica para la esperanza. Pero todo se derrumbó de nuevo con una falta directa de Berbatov en el 89 -¡cómo ha crecido este búlgaro!- y con la puntilla definitiva, la jugada cruel de la condena, el descenso convertido en acción concreta que fue el 3-4 de Stalteri en una contra en el 95 en la que el Tottenham mató a un West Ham que había subido a rematar un córner con prácticamente el equipo entero. Ante esto, levantarse es casi imposible. Los hammers están con los dos pies en segunda y esto, más que todo lo que escribíamos ayer, sí que no puede creerse.

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