Ronaldinho ha sido campeón de Europa con el Barça y del mundo con Brasil. Seedorf es el único futbolista de todos los tiempos que ha ganado la Champions con tres equipos distintos. Están acostumbrados al privilegio y al glamour, pero no se les cayeron los anillos para ir a jugar una primera ronda de UEFA Cup en Zurich. Al contrario: se los vio enchufados, metidos en el partido, absolutamente comprometidos. Hicieron lo más brillante y marcaron la diferencia. Cuando ellos inventaban, el Milan generaba peligro. Eran los que proponían algo distinto en un duelo en el que los suizos ofrecían empeño sin calidad y los italianos mostraban un perfil demasiado plano en el centro del campo (el trío Ambrosini-Emerson-Flamini se bastaba para dominar la posesión, pero no era lo suficientemente creativo para ahogar al rival). Ancelotti también se sumó a la exhibición de actitud del conjunto lombardo sacando a Kaká para sentenciar la eliminatoria: el 0-0 no le parecía suficiente. Y presentando un ataque formado por tres Balones de Oro, los rossoneri acabaron ganando el partido con el primer gol de Shevchenko tras su regreso. Por plantilla e historial, el Milan debería ser el gran favorito en esta UEFA, pero muchos creíamos que no se la tomaría en serio. Tras lo visto en el Letzigrund quizá deberíamos rectificar esa opinión y devolverlo a la cabeza del listado de candidatos.
Hubo otros detalles destacables en la jornada del jueves. El Everton acabó cayendo ante un Standard que, no lo olvidemos, fue capaz de forzar la prórroga en la previa de la Champions ante el Liverpool. Défour y Witsel tienen un futuro extraordinario, pero más allá de las individualidades debemos destacar el gran trabajo colectivo de un bloque perfectamente ordenado y con las ideas muy claras. Destacó el serbio Jovanovic, que parecía que iba a salir en verano pero que sigue en Bélgica y nos dejó una acción personal fantástica en la jugada que acabó decidiendo la eliminatoria. Más éxito tuvieron los otros equipos ingleses, aunque el Tottenham sufrió mucho en Cracovia y estuvo muy cerca de tener que jugar la prórroga. Sí hubo tiempo extra en Guimaraes, donde el Portsmouth dilapidó su ventaja con un planteamiento ultradefensivo de Redknapp que resultó difícilmente comprensible. Se entiende que pueda meterse tan atrás ante un Chelsea o un Manchester United, pero lo hizo contra un Vitoria que no es para nada superior a su Pompey. Luego, cuando adelantó las líneas varios metros y los laterales se convirtieron casi en extremos, se cumplió la lógica y Crouch decidió. Pero ese sufrimiento pudo haberse evitado.
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