No sé si más por
el asombroso triunfo del Barnsley en Anfield o por
la goleada histórica del United al Arsenal. Probablemente por la suma de ambas. Sea como sea, el sábado que vivimos ayer fue absolutamente memorable y será recordado durante mucho tiempo en Inglaterra y en todos los rincones del mundo en los que seguimos con pasión la FA Cup. Son tardes en las que llegas a pensar que es una auténtica bendición que se pare la Premier para dejar paso a un torneo más abierto, más emocionante, más puro. La edición de 2008 está siendo fantástica. Y una auténtica demostración de que el fútbol más local tiene aún cabida en el mundo de la globalización y las grandes potencias.
Benítez está recibiendo muchas críticas por una derrota que puede considerarse humillante -en casa ante el decimocuarto de segunda división-.
Tommy Smith, ex defensa del Liverpool, ha llegado a cuestionar su alineación titular, preguntándose por qué dejó fuera a las estrellas. En realidad, sacó un once más que decente y que debería haber derrotado sin problemas al rival. Aunque el técnico español está registrando en los torneos domésticos resultados que están muy por debajo de los que deberían exigírsele por potencial, tampoco se le puede condenar en exceso por el desastre de ayer. Su equipo generó ocasiones clarísimas, y sólo la mala puntería y la maravillosa actuación del portero debutante Luke Steel evitaron que se cumpliera la lógica. Luego llegó el momento de locura colectiva, de magia futbolística, con el golazo de Brian Howard, un premio justo a un equipo que nunca renunció a salir a la contra pese al asedio al que se estaba viendo sometido.
Lo de Old Trafford fue muy distinto. Fue un baño, un monólogo evidente en una representación que se presumía dialogada. Un problema estomacal dejó fuera a Cristiano Ronaldo, pero Ferguson sacó un equipo muy competente que se comió al rival en el centro del campo, en parte debido a la modificación del escocés, que renunció a un delantero para situar a tres hombres en el corazón de la cancha. Fue un show de Nani -que
volvió a recordar al extremo de Madeira- y de Anderson, confirmando
los buenos augurios de un doble fichaje muy elogiado en verano. Pero no podemos olvidar los problemas con los que llegó el Arsenal a Manchester: con multitud de lesionados, con cuatro jugadores tocados en el banquillo y con Cesc Fàbregas en muy malas condiciones físicas tras pasar toda la semana enfermo con fiebre. Wenger tuvo que poner a todo lo que tenía, arriesgando además a algunos futbolistas que en circunstancias normales se habrían quedado en casa. El 4-0 sirvió de nuevo -al igual que el 5-1 del Lane- para subrayar la importancia de algunas piezas defensivas absolutamente fundamentales. Las ausencias de Sagna, Clichy y Flamini se notaron muchísimo. Hoyte volvió a evidenciar que probablemente no tiene nivel para jugar en el Arsenal -Nani hizo con él lo que quiso-. Por fortuna para el técnico alsaciano, parece que varios titulares podrán volver contra el Milan. Hay que cambiar el
chip.
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