domingo, junio 03, 2007

Con los focos se crecen

Depende de cómo aguantes la presión, que la atención esté centrada en tu figura puede ser más o menos positivo de cara a un partido importante. Hay quien no lo soporta, lo acusa y acaba firmando una actuación decepcionante. No es el caso de cuatro jugadores que empezaban la jornada internacional de ayer acaparando los grandes titulares.

Nani afrontaba el decisivo Bélgica-Portugal sustituyendo a Cristiano Ronaldo en la titularidad y pocos días después de que se oficializara su traspaso al Manchester United por 25 millones de euros. Multitud de periodistas ingleses se desplazaron a Bruselas para intentar averiguar quién era ese chico de origen caboverdiano por el cual el campeón de la Premier había pagado semejante dineral. Y con todos los focos apuntando a su rostro, el extremo surgido de la cantera sportinguista no se escondió, sino todo lo contrario: se mostró, quiso el balón, amagó, buscó el disparo... y logró un fantástico gol que adelantó a su equipo. Mensaje a los escépticos: por mucho que hayan pagado por él, Nani no piensa decepcionar. Ayer brilló en la mejor selección europea del momento.

Johan Elmander había obrado un auténtico milagro la semana anterior metiendo al Toulouse en la Champions League por primera vez en la historia. Ya se sabe: cuando estas cosas suceden, es que detrás del éxito hay algún jugador muy especial. El ex delantero del Brondby y el Feyenoord se enfrentaba siete días después a un encuentro enormemente trascendente: un Dinamarca-Suecia, derbi escandinavo, tres puntos claves para decidir un grupo en el que hay dos plazas para tres equipos. Podía acusar la peligrosa resaca de su gran logro a nivel de clubes, pero aprovechó su enorme momento de forma para que la propia inercia le hiciera destacar de nuevo. Marcó dos goles en la primera parte -el 0-3 con una maniobra prodigiosa- y pareció sentenciar un partido que luego se les complicó a los suecos y que finalmente podrían acabar ganando tras un escándalo final nada propio de la Europa del norte. Pero quedémonos con el detalle: Elmander es fuerte, potente, juega bien de espaldas a portería, se desmarca de maravilla, tiene calidad y aparece en los encuentros importantes. Ah, y además trabaja para el equipo y no es polémico. ¿Es más rentable que Ibrahimovic? En el equipo nacional sueco muchos deben empezar a pensar que sí.

Pippo Inzaghi fue la estrella del partido más importante de 2007. Desde entonces había estado saboreando su gesta sin jugar otro encuentro oficial. Ayer Roberto Donadoni le recompensó con la titularidad de una selección italiana en la que no estaban, por distintos motivos, ni Toni, ni Totti ni Gilardino. El escenario era radicalmente distinto al Spiros Louis de Atenas: un campo pequeño en las Islas Feroe, ese lugar del globo terráqueo tan alejado de todo lo demás. Pero por modesto que fuera el rival, la victoria era obligatoria para un equipo que debe estar sí o sí en la próxima Eurocopa. Italia sufrió más de lo debido, pero ganó gracias a dos tantos de Pippo, que mostró su oportunismo habitual. Pero hubo una novedad: sus celebraciones fueron esta vez más moderadas.

Dimitar Berbatov fue elegido en el once ideal de la Premier formando pareja de ataque con Didier Drogba tras una primera temporada en el Tottenham fantástica. Anoche su selección requería que mostrara el mismo nivel en Bielorrusia para seguir con opciones de pelearle la clasificación a Rumanía y Holanda. El atacante búlgaro, quizá el mejor jugador de su país desde Stoichkov, anotó los dos goles de la victoria y marcó la diferencia cumpliendo con lo que todo el país esperaba de él. Su primer tanto, con jugada individual repleta de regates y definición maravillosa con el exterior, habla por sí solo de la categoría de un punta por el que suspira el Manchester United para acabar de cerrar un equipazo de ensueño.

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viernes, mayo 25, 2007

Pippo hizo buena la elección de Ancelotti

Dudaba Carlo entre Inzaghi y Gilardino. Entre el goleador experto y el delantero académico. Entre el que marcó ante el Bayern y el que sentenció contra el Manchester United. Todo lo demás estaba claro. La única incógnita en el equipo titular del Milan en la final de la Champions League era su número nueve. Y Ancelotti apostó por el hombre que más partidos grandes había jugado, por aquel que era más inmune a la presión, por el que siempre había respondido en los momentos decisivos. Y ahí estuvo quizá la jugada que más peso tuvo en el partido: se produjo antes de empezar, quizá en la habitación del hotel, quizá en el campo de entrenamiento, quizá en la conversación privada con los asistentes. En el momento en el que Carlo eligió a Pippo, el Milan empezó a ganar la final. Ni ellos lo sabían entonces. Las decisiones se toman, y luego son los futbolistas los que las convierten en erróneas o acertadas. Inzaghi hizo buena la elección de Ancelotti.

Y es que Pippo se lo merecía. En octubre de 2005 le dedicamos un artículo celebrando su vuelta a los terrenos de juego tras dos años de continuas lesiones. Entonces le señalábamos como un estandarte de su generación, pero seguro que pensábamos que tenía mucho más pasado que futuro. Por edad era obvio, pero su hambre inagotable nos ha demostrado que tenía aún mucho por ofrecernos. Se coló en la lista de Lippi y viajó a Alemania, donde sólo jugó media hora... pero dejó su huella con un importante tanto ante la República Checa. No volvió a aparecer, pero tiene en su casa la medalla de campeón del mundo y puede decir orgulloso que contribuyó al éxito de Italia. Pero su gran noche, la mejor de su carrera, llegaría con 33 años en el OAKA Spiros Louis de Atenas. Primero con un toque muy suyo, aparentemente casual, supuestamente afortunado, pero propio de los hombres que se manejan en el área con instinto natural. Cuando iba a por el posible rechace de Reina vio que se encontraba en medio de la trayectoria del balón y buscó el contacto, pegando el brazo al cuerpo para evitar que le señalaran mano y consiguiendo ese desvío que decidió el partido. Porque el Liverpool, por mucho que hubiera dejado en la primera parte la sensación de poder crear peligro -sobre todo por la banda de Jankulovski-, no dio luego ningún signo de poder empatar. Con el Milan replegado, cerrando todos los espacios, no había vía de penetración alguna, y el recurso Crouch sólo inquietó durante diez minutos al retardar Benítez un cambio que desde el 1-0 parecía inminente y necesario. Pero luego Pippo apareció de nuevo, se manejó de maravilla en la línea del fuera de juego y definió acertadamente ante Reina, otra vez con esa mezcla tan suya de fortuna y maestría. ¡Tantos goles que ha gritado con pasión, pero éste era el más importante de todos! Aseguraba la séptima Copa de Europa para el Milan y su premio de mejor jugador de la final. Fue, citando a Carlo Pellegatti, una noche de Alta Tensione.

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