viernes, mayo 25, 2007

Pippo hizo buena la elección de Ancelotti

Dudaba Carlo entre Inzaghi y Gilardino. Entre el goleador experto y el delantero académico. Entre el que marcó ante el Bayern y el que sentenció contra el Manchester United. Todo lo demás estaba claro. La única incógnita en el equipo titular del Milan en la final de la Champions League era su número nueve. Y Ancelotti apostó por el hombre que más partidos grandes había jugado, por aquel que era más inmune a la presión, por el que siempre había respondido en los momentos decisivos. Y ahí estuvo quizá la jugada que más peso tuvo en el partido: se produjo antes de empezar, quizá en la habitación del hotel, quizá en el campo de entrenamiento, quizá en la conversación privada con los asistentes. En el momento en el que Carlo eligió a Pippo, el Milan empezó a ganar la final. Ni ellos lo sabían entonces. Las decisiones se toman, y luego son los futbolistas los que las convierten en erróneas o acertadas. Inzaghi hizo buena la elección de Ancelotti.

Y es que Pippo se lo merecía. En octubre de 2005 le dedicamos un artículo celebrando su vuelta a los terrenos de juego tras dos años de continuas lesiones. Entonces le señalábamos como un estandarte de su generación, pero seguro que pensábamos que tenía mucho más pasado que futuro. Por edad era obvio, pero su hambre inagotable nos ha demostrado que tenía aún mucho por ofrecernos. Se coló en la lista de Lippi y viajó a Alemania, donde sólo jugó media hora... pero dejó su huella con un importante tanto ante la República Checa. No volvió a aparecer, pero tiene en su casa la medalla de campeón del mundo y puede decir orgulloso que contribuyó al éxito de Italia. Pero su gran noche, la mejor de su carrera, llegaría con 33 años en el OAKA Spiros Louis de Atenas. Primero con un toque muy suyo, aparentemente casual, supuestamente afortunado, pero propio de los hombres que se manejan en el área con instinto natural. Cuando iba a por el posible rechace de Reina vio que se encontraba en medio de la trayectoria del balón y buscó el contacto, pegando el brazo al cuerpo para evitar que le señalaran mano y consiguiendo ese desvío que decidió el partido. Porque el Liverpool, por mucho que hubiera dejado en la primera parte la sensación de poder crear peligro -sobre todo por la banda de Jankulovski-, no dio luego ningún signo de poder empatar. Con el Milan replegado, cerrando todos los espacios, no había vía de penetración alguna, y el recurso Crouch sólo inquietó durante diez minutos al retardar Benítez un cambio que desde el 1-0 parecía inminente y necesario. Pero luego Pippo apareció de nuevo, se manejó de maravilla en la línea del fuera de juego y definió acertadamente ante Reina, otra vez con esa mezcla tan suya de fortuna y maestría. ¡Tantos goles que ha gritado con pasión, pero éste era el más importante de todos! Aseguraba la séptima Copa de Europa para el Milan y su premio de mejor jugador de la final. Fue, citando a Carlo Pellegatti, una noche de Alta Tensione.

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jueves, abril 12, 2007

El Milan es el gato de las siete vidas

Era una batalla entre viejos supervivientes, entre equipos que se han especializado en remontar eliminatorias cuando parecían muertos. Equipos que pueden no jugar mejor que tú, pero que casi siempre te ganan. Hoy estaba en juego la supremacía en este arte que históricamente han dominado alemanes e italianos, y el Milan se ha llevado el premio de la forma que más justamente le consolida como el gato de las siete vidas: con esa mezcla de fortuna y oficio que deja al contrario quejándose ante el destino, reclamando que la lógica aparezca para corregir lo que parece una broma pesada. El Bayern probó esta vez lo que se siente en el bando de los desgraciados: tuvo más el balón (58-42), disparó el doble de veces (19-8) y apabulló en saques de esquina (7-1), pero se estrelló frente a un muro y lo mataron a la contra.

Y es que vistos los primeros veinticinco minutos, no tenía el partido pinta alguna de remontada milanista. El Bayern tocaba con esa admirable personalidad que ha mostrado en partidos importantes de esta Champions. Quizá sin un genio que diera la vuelta de tuerca definitiva en materia de desequilibrio, pero con alguna combinación colectiva más que reseñable. Claro que cuando se puso 0-2 abajo en cinco minutos -por dos chispazos de calidad de Seedorf- la ansiedad le pudo y ya no volvió a mostrar la misma claridad, aunque siguió creando cierto peligro mediante su tradicional empuje. Acusó la ausencia de Schweinsteiger, sin lugar a dudas el jugador de su plantilla que más se acerca al perfil de futbolista diferente, y el que incluso teniendo una tarde espesa se puede sacar un latigazo desde treinta metros imposible de defender. Y el Milan resistió con bastante entereza, con Ambrosini muy cerca de los centrales y con un trabajo enorme de todo el centro del campo. Ancelotti acabó el partido sin delanteros puros, como evidenciando que esta nueva versión rossonera no tiene nada que ver en cuanto a estética con el equipo que fue campeón en 2003 -y que, por ejemplo, dio un recital de fútbol valiente en Riazor ganando 0-4-, pero que es igualmente competitiva. Eso está en el carácter de la institución y se transmite entre los jugadores que visten esa camiseta. Y por ello, aunque a día de hoy haya un mundo en cuanto a virtudes entre este Milan y el Manchester United, no habrá que descartar para nada al equipo italiano. Es como los gatos: tiene siete vidas.

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jueves, marzo 08, 2007

En lo que consiste el fútbol

Dijo anoche Cesc Fàbregas en RAC-1 algo así como que empieza a pensar que jugar bien no es lo más importante. Que a veces sería mejor jugar mal y ganar los partidos. En el amanecer posterior a la eliminación europea, el Arsenal se cuestiona la efectividad de su filosofía tras protagonizar nuevamente la misma película de siempre: control absoluto, posesión insultante, ocasiones clarísimas, definición deficiente y fragilidad defensiva a balón parado. Mientras la visión romántica clama al cielo contra la enésima injusticia, el realismo más duro admite que el fútbol consiste precisamente en marcar goles y evitar encajarlos, justo lo que hicieron mal los gunners en una eliminatoria que perdieron ante el PSV de forma increíble.

Aunque el despertar ha sido igualmente duro para el resto de equipos eliminados. El Madrid no tiene ni el consuelo del buen juego, pues fue incapaz de generar un fútbol de ataque fluido para remontarle a un Bayern Munich que dio la sensación de clasificarse haciendo muy poco. Los errores defensivos del equipo de Capello rayaron lo inexplicable, y dio la sensación de que los cambios llegaron muy tarde. En un equipo que anda muy justito de talento individual para desequilibrar los partidos, Cassano y Robinho ingresaron en el campo cuando el Madrid ya jugaba a remolque. Y el fútbol colectivo ni apareció ni se le esperaba, sobretodo por la presencia de ese trivote absolutamente novedoso en el que el teórico distribuidor lleva dos meses en el fútbol europeo y no está acostumbrado a su ritmo.

El Celtic aguantó mucho más de lo previsto en San Siro, pero su destino siempre dio la sensación de ser la caída más cruel: recibir un gol en el primer minuto de la prórroga y darse luego cuenta de su incapacidad para crearle peligro al Milan. Claro que el milagro hubiera sido más factible si Strachan no llega a retirar a Nakamura, el más creativo de sus futbolistas, el más talentoso, el mejor de todos. Ancelotti mostró la cara más radical del conservadurismo jugando todo el partido, prórroga incluida, con un único delantero pese a medirse en casa al visitante más flojo de todos los octavos. Qué irónico es el fútbol: a treinta puntos de su eterno rival en la Serie A, el club de Berlusconi puede mofarse ahora del Inter por ser, una vez más, el único club de la ciudad que presenta su candidatura al título de la Champions.

Y Larsson marcó con el United para que, en caso de victoria final, su nombre aparezca entre el de los hombres que gestaron el título. Y es evidente que tras la criba terrorífica de estos octavos, el equipo de Ferguson se ha catapultado entre los máximos favoritos. Tras una temporada de magnífica rivalidad en lo alto de la Premier, hay quien empieza a ver una final Man Utd - Chelsea.

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