Un campeón convincente de estilo virtuoso
Hablemos del estilo. Siempre digo que cada equipo debe saber aprovechar sus virtudes. Y que no puedes pedirle a Grecia que gane una Eurocopa con un fútbol estético y maravilloso: suficiente mérito tuvo ganándola con los jugadores de los que disponía. Pero España posee quizá lo más complicado: varios futbolistas capaces de llevar la iniciativa, de tener la pelota, de ser peligrosos con ella, de encontrar espacios. De mandar. De ganar convenciendo. De triunfar con brillo. Lo más importante, en todos los juegos, es conseguir la victoria. Pero si puedes lograrla de manera indiscutible, demostrando que eres mucho mejor que los demás, que no ha habido azar en tu triunfo, que has dominado el campeonato, entonces entras en el club de los ganadores que serán recordados por su plus de virtuosismo. La España de 2008 pertenece a esta categoría.
Ha sido tan evidente la superioridad española que el título ha parecido incluso sencillo. Como si fuera lo normal. Como cuando las selecciones sub-17 se pasean en los Europeos y lo asumimos como un hecho natural: claro, son los mejores, entonces ganan. Ahora parece evidente que el fútbol de toque, el técnico, es el más aconsejable, pero no debemos olvidar que a lo largo de la historia han surgido campeones con conceptos distintos. Esta España ha triunfado y lo tiene todo de cara para marcar una época, pero no siempre se tiene a todos los cracks entonados. Todos los estilos necesitan rendimientos individuales sobresalientes. Grecia tuvo a Dellas, Kapsis, Zagorakis, Bassinas y Katsouranis pletóricos en sus tareas y así cimentó su triunfo. España ha tenido a Puyol, Marchena, Senna, Xavi y Fàbregas inconmensurables y de esta forma ha logrado que su fútbol se tradujera en victoria. Y a los delanteros turnándose: cuando Torres estaba espeso surgía Villa. Cuando Villa se fue lesionado marcó Torres en la final. E incluso apariciones goleadoras de los centrocampistas cuando ninguno de los dos estuvo entonado.
Xavi se lleva el MVP del torneo después de rozar el partido perfecto en la final de Viena. A su eterna capacidad de controlar el juego le sumó esa verticalidad que a veces se le echa de menos: nos regaló una colección de pases profundos e inteligentes y uno de ellos se convirtió en el gol que decidió el partido. Conquista el premio de mejor jugador del campeonato, probablemente con justicia, en una decisión que sin embargo no fue fácil para el jurado: España fue, sobre todo, un equipo coral, un conjunto que rindió colectivamente por encima de las individualidades. Con Xavi se premia sobre todo el estilo de los centrocampistas de toque: a Fàbregas, a Silva, a Iniesta e incluso a Senna, monumental en todo el torneo. Y se premia también a Aragonés, que fue el que apostó por este equipo y el que empezó a ganar la Eurocopa en una tarde danesa de Aarhus, cuando después de darle muchas vueltas a las alineaciones y a los esquemas decidió plasmar unas ideas y mantenerse fiel a ellas hasta el final. Y entrar en la historia.
