domingo, octubre 05, 2008

Doce minutos para los cuatro cracks diabólicos

Del 65 al 77. Esos doce minutos fueron los primeros –y hasta ahora los únicos- en los que las cuatro grandes estrellas del ataque del Manchester United coincidieron sobre un terreno de juego con la misma camiseta. Ferguson por fin se atrevió a regalarnos la imagen, aunque fue cuando el partido estaba muy encarrilado: el marcador reflejaba un 0-2 en Blackburn y la sensación de superioridad del campeón era indiscutible. Pero no mantuvo la apuesta hasta el final. Con la entrada del coreano Park por Rooney, esa convivencia de cracks se evaporó de nuevo hasta una mejor ocasión.

Carlos Tévez volvió a ser el sacrificado en el once inicial del técnico escocés. Por ahora el argentino ha sido el que más banquillo ha conocido desde que llegó Berbatov. Cuando el ex de Boca ingresó, Rooney pasó a la banda izquierda, Cristiano siguió por la derecha y el Apache acompañó al búlgaro en la delantera. Ojo, y Anderson, también muy ofensivo, estaba en el doble pivote. Sólo fue un ratito, pero bastó para que quedara claro que cuando estos futbolistas se juntan y combinan las oportunidades de gol se reproducen a una velocidad de vértigo. Sin embargo, sigue pareciendo muy complicado que Sir Alex los alineé juntos de entrada en un partido top ante un gigante. Quizá lo veamos en Old Trafford ante un West Brom, pero difícilmente en un hipotético cruce de Champions ante el Barça.

Más allá del jeroglífico permanente que le espera a Ferguson para gestionar los minutos de juego de sus estrellas, el partido de Ewood Park volvió a mostrarnos la cara de un equipo demoledor, con una combinación de velocidad y pegada difícilmente igualable en el panorama europeo. El United se puso en ventaja con un gol algo polémico de Brown, pero acabó mostrando una diferencia de nivel con el Blackburn casi exagerada. Cristiano Ronaldo estuvo fallón en la definición, pero asistió a Rooney en el 0-2 y luego le metió otro pase extraordinario con un cambio de juego de más de treinta metros. Mostró esa cara de generador de oportunidades, de compañero altruista, que tantas veces se le discute y que también forma parte del catálogo de virtudes del extraordinario extremo de Madeira.

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jueves, abril 24, 2008

El United no engañó a nadie

Estaba cantado. El United se transformó en su versión europea, la misma que ganó en Roma con un planteamiento casi idéntico y que recibió entonces grandes elogios por su practicidad. Alex Ferguson no quiso que se repitiera la debacle de San Siro y decidió que, este año, en Champions y fuera de casa se dedicaría a amarrar. Su aparente 4-4-2 con nombres más ofensivos que los que leíamos en las previas se transformó por momentos en un 6-3-1. Los extremos, igual que en el Olímpico, ejercieron de laterales mientras éstos se iban al centro para cerrar todos los espacios posibles. Carrick y Scholes pelearon como leones, atentos a los llegadores del equipo de Rijkaard. Hasta Tévez defendió en campo propio. Y Cristiano se quedó solo en la isla, esperando una oportunidad que ya no se repitió tras su error en el penalti. Lectura común: un equipo con tanto talento debería ser capaz de encontrar otras formas de sacar un resultado positivo. Sí, es cierto. Pero su entrenador pensó lo contrario y le salió bien la jugada. Sabe que en Old Trafford su equipo es poderoso y pensó que con el empate le bastaba. Ese fue su plan y la ejecución fue casi ejemplar. No pasará a la historia, no será recordada por virtuosa, quizá hasta avergonzará a algún que otro seguidor red devil. Pero el United logró que un Barça con una posesión de balón escandalosa y motivado como no se le veía desde hacía mucho tiempo prácticamente no generara ocasiones claras de gol. Claro, tuvo algunas, pero no muchas. La mejor, en la única jugada que recordó al fantástico equipo campeón de 2006: combinaron Deco, Messi, Iniesta y Eto'o en una acción que mereció el gol. Casi todo lo demás fue horizontalidad excesiva, escasa profundidad, automatismos olvidados en el fútbol colectivo para enloquecer al rival con combinaciones veloces. Resultado que lo deja todo abierto, mejor en lo numérico para el Barça -al que le vale cualquier empate-, pero aún empatado y con el factor ambiental invertido. En seis días la resolución, un capítulo muy distinto.

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lunes, mayo 07, 2007

Una derrota de campeón y un triunfo de la cordura

Con un jugador menos. Sin Drogba ni Ashley Cole. Sin Carvalho ni Ballack. Con Kalou y Wright-Phillips arriba. Con el debutante Sinclair en los últimos minutos. Y con un orgullo inmenso, con la grandeza de un doble campeón de la Premier, con su actitud ganadora habitual. Así ha caído el Chelsea, así ha perdido Mourinho su primera liga. En uno de los mejores partidos de la temporada, sabiéndose sin opciones pero renunciando a la rendición, el equipo blue empató en el Emirates un encuentro en el que parecía no tener opción alguna y que estuvo a punto de ganar. Dijo el técnico portugués a los pocos minutos de consumarse su derrota en la lucha por el título: "Normalmente, cuando un equipo que ha tenido mucho éxito pierde un campeonato, suele ser por falta de motivación, por no tener el mismo espíritu ni la misma ambición. Pero en este caso ha sido lo contrario. Mi equipo estuvo brillante". Y es por eso que José Mourinho es muy grande. Porque nunca sus hombres parecerán acomodados. Nunca sus futbolistas desprenderán apatía. Siempre tendrán hambre. Siempre irán a ganar. Puede que el destino sea cruel con el estratega de Setúbal y esta temporada termine sin grandes trofeos en las vitrinas del Bridge, pero es innegable que muy pocos han sido tan valientes como él. Fue a por cuatro competiciones sin tirar ninguna. Quiso ganarlo todo. Y luchó por todo hasta casi el final. No puede haber adjetivos negativos ante una actitud como esta. No puede hablarse de fracaso ante el que ha competido con los mejores durante toda la temporada. Por su pasión desmedida por la victoria, por su atrevimiento constante sin reservas, José Mourinho merece todos los aplausos del mundo. Los que él mismo pedía para sus jugadores en el césped del Emirates.

Reconozco que no esperaba que el Manchester United ganara esta liga. Siempre lo vi menos sólido que el Chelsea, más frágil atrás, más proclive a dejarse puntos en campos complicados. Digamos pues hoy que la ha merecido. Por saber aguantar la presión del rival más temible pisándole los talones. Por ganar encuentros inmensamente comprometidos -en Fulham, en Tottenham, en Liverpool, en Everton-. Por mostrarse mucho más maduro de lo que en un principio se podía creer. Aunque Cristiano Ronaldo debe llevarse merecidamente todos los titulares -justísimos los premios individuales que le coronan como el mejor de esta Premier-, ha sido éste un triunfo colectivo, un éxito de equipo. Lo corroboran los grandes momentos de fútbol combinativo que nos ha dejado el equipo de Ferguson, que hace un año parecía estar muy lejos del Chelsea. Justo la tarde posterior a la debacle de Lisboa, escribí en este blog lo siguiente: "Creo que estamos más cerca del resurgimiento que de la caída. La eliminación europea hay que verla más como un accidente que como un símbolo de debilidad. Con pocas piezas nuevas, este equipo no debería envidiarle nada a los más grandes. Me atrevería a decir que el United está a sólo un medio centro de formar un grandísimo equipo." La verdad es que no esperaba que este resurgimiento llegara tan pronto, pero es evidente que el medio centro misterioso que el equipo precisaba y que se ha convertido en la pieza fundamental es Michael Carrick. Ferguson se tomó su tiempo, buscó y rebuscó por todo el panorama europeo e inglés y eligió finalmente a ese magnífico cerebro del Tottenham. Pocos fichajes habrán resultado tan rentables en términos de rendimiento inmediato y adaptación al colectivo. Con él, el resto de centrocampistas han podido jugar más liberados, sin preocuparse por lo que tenían detrás, pues eso ya estaba bien vigilado. La maravillosa aportación ofensiva de Giggs, Scholes y Cristiano Ronaldo tiene mucho que ver con la llegada de Carrick, el motor del equipo, la piedra angular. A veces no hay que volverse loco. No hace falta tirarlo todo ni reinventar las revoluciones en nombre del fútbol. Basta con identificar el problema y ponerle remedio. Entiéndase también este título del United como un triunfo de la cordura.

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