El talento argentino rompe el reloj checo
Habíamos hablado antes de los checos y habíamos dicho que en su telaraña de perfección táctica no se podía resaltar prácticamente ningún nombre. Corrijámoslo: si nos fijamos detenidamente en el funcionamiento de sus piezas, casi todos los jugadores nos pueden parecer muy útiles. Nada de brillo, pero mucha solvencia. El recorrido con pegada de Kalouda, los movimientos académicos de Fenin, la disciplina táctica de Suchy... En un primer tiempo que rozó la excelencia en cuanto a aplicación del guión previo, se puede decir que los europeos fueron mejores que su ilustre rival sudamericano. De hecho, no le dejaron llegar con peligro ni una sola vez. Tras el descanso fue otra historia. El partido estuvo más abierto y el cansancio provocó un repliegue excesivo en la escuadra de Soukup, que tuvo más dificultades para contener a los Agüero, Morález y compañía. Y de pronto se rompió el partido. Tras el golazo de Fenin, Mazuch se equivocó saliendo a anticipar un pase delicioso de Banega y se lo comió por completo, dejando vía libre al Kun para el empate. Siguió luego el juego por una dinámica de posesión absoluta argentina y una resistencia checa desesperada que terminaría por venirse abajo con una acción individual de Zárate. Esta vez el talento sí superó a la disciplina táctica, aunque le costó lo suyo.
Y cuando termino de escribir se han repartido ya los premios individuales. Balón de oro para Agüero, plata para Morález y bronce para Giovanni Dos Santos. No es que sea escandalosamente injusto, pero creo que Banega debía estar en la terna. Y no ya por su regularidad y su buen manejo de los partidos: también hizo cosas determinantes. Enorme jugada rematada con asistencia a Di Maria en el 1-0 ante Chile y pase de gol a Agüero para empatar la final. Fue el abrelatas, pero siempre resaltan más los finalizadores. Sea como sea, Éver no se puede quejar: en medio año ha pasado de ser un desconocido absoluto a proclamarse campeón de la Libertadores con Boca y del Mundial sub-20 con Argentina. En ambos casos como titular indiscutible. Futuro inmenso el que le espera.
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