viernes, marzo 21, 2008

Valbuena, cuando el talento derrota a la estatura

"Tiene talento, pero es demasiado bajito. No llegará". ¿Cuántas veces hemos escuchado esta sentencia? Es bastante habitual entre la gente de fútbol. A Mathieu Valbuena le suena de algo. Le dolió en el alma, en realidad. Tras diez años en la cantera del Girondins, el club de su vida, un día le dijeron que podía marcharse porque no daba la talla -en el sentido más literal-. ¡Qué golpe tan terrible para un chico de Bruges, al lado de Burdeos! Así que se buscó la vida y se puso a jugar en el Langon-Castets, un equipo de la región que militaba en quinta división. Tenía diecinueve años y su carrera futbolística parecía encaminada al mundo amateur. Pero perseveró y nunca abandonó su sueño. Impresionó con sus actuaciones y lo firmó el Libourne-Saint-Seurin, de la National -tercera categoría-, también en la Gironda. Tras una primera temporada de adaptación al fútbol semi-profesional, en la campaña siguiente se convirtió en el mejor jugador de la división y dirigió al club hacia el ascenso a la Ligue 2. Su enorme talento no pasó inadvertido y el Marsella le ofreció un contrato y la oportunidad de dar el salto al máximo nivel. Su fichaje sonó a chino, pues en Francia casi nadie sabía quién era. Menos de dos años después, Raymond Domenech lo ha llamado para representar a la selección nacional. Una ascensión meteórica.

Aunque con el actual seleccionador francés nunca se sabe -ha vuelto a dejar fuera a Trezeguet e incluso ha llamado a Sinama tras la lesión de Saha, como indicando que no tiene ninguna intención de citar al goleador de la Juventus-, lo cierto es que la convocatoria de Valbuena es merecidísima. Pocos jugadores nos han alegrado las tardes de Ligue 1 tanto como él. Mathieu se ha hecho un hueco en el equipo titular contra viento y marea: pese a ocupar a priori la misma posición que Samir Nasri, el ídolo local, se ha adaptado perfectamente a la banda derecha, desde donde desborda, conduce, asiste y dispara con una facilidad pasmosa. Tras el gol que metió al OM en Champions en la penúltima jornada de la liga pasada en Saint-Etienne, tras el tanto antológico en Anfield, tras su doblete fantástico al Caen, el joven talento de 1'63 metros ha llegado a lo más alto que se puede en el fútbol galo: ha sido reclamado por la selección. Allí se reencontrará con Rio Mavuba, su mejor amigo, el chico con el que soñaba jugar alguna vez en categoría profesional. No pudo ser en Burdeos. Será con les bleus.

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lunes, abril 02, 2007

La extraña depresión del Lyon

Si en junio de 2001 le cuentas a un aficionado del Olympique Lyonnais que en abril de 2007 su equipo tendría en el bolsillo su sexto título consecutivo de campeón de Francia no te podría creer. Y si te tomara en serio, empezaría a dar saltos de alegría, se volvería loco, acudiría al local de copas más cercano a celebrar el dulce destino que le esperaba abusando de cualquier vino del país de cierta categoría. Hoy se está cumpliendo esa hipotética profecía, pero el mismo hincha lo vive con una actitud más cercana a la depresión que a la euforia. El caso del Lyon es el mejor ejemplo del inconformismo en el fútbol, de la insaciabilidad del individuo, de esa actitud tan humana que consiste en siempre querer más.

El palmarés del OL antes de 2002 se limitaba a tres Copas de Francia, una Copa de la Liga y una Supercopa. Nunca había ganado la liga. Conseguir proclamarse campeón nacional era pues, en la perspectiva de una masa social nada acostumbrada a los éxitos, lo máximo a lo que se podía aspirar. El tan ansiado objetivo llegó el 4 de mayo de 2002, cuando el Lyon derrotó en la última jornada al Lens, líder durante casi todo el torneo hasta ese partido, en lo que se acabó convirtiendo en la gran final del campeonato. Allí empezó un dominio que fue creciendo en su grado de autoritarismo: si las tres primeras ligas las ganó con apuros, las dos siguientes se las adjudicó de forma insultante. Con el quinto título consecutivo logrado en 2006 consiguió además superar el registro de Saint-Etienne (67-70) y Marsella (89-92). Y ahora, con el sexto prácticamente asegurado, ganar ligas empieza a aburrir a una afición que no se conforma con haberse convertido en la gran potencia del fútbol francés. Quieren trasladar ese dominio a Europa. Y como por ahora no lo alcanzan, empiezan a sentirse como si hubieran fracasado en su objetivo. Como si esta presente temporada, en la que no han superado ni los octavos de final de la Champions, vaya a terminar siendo un desastre.

El sábado tenían la oportunidad de conseguir algo más, de no limitarse de nuevo a ganar sólo la liga. Jugaban en Saint-Denis la final de la Copa de la Liga ante el Girondins de Burdeos, lo que les daba la opción de lograr el primer doblete de su historia -si exceptuamos las Supercopas, nunca el Lyon ha ganado dos torneos en la misma temporada-. Partían como evidentes favoritos y Gérard Houllier sacó su mejor once posible -salvo el portero Coupet, que no había jugado en toda la competición-. El OL dominó el partido, tuvo una abrumadora posesión y jugó casi todo el tiempo en el campo de un rival que estaba muy bien cerrado y se limitaba a esperar la opción del contragolpe. Pero prácticamente no tuvo ocasiones en un encuentro que careció de ellas. En el minuto 89, en un córner servido por Micoud, el portero Vercoutre calculó mal la salida y el central Henrique se elevó por encima de toda la defensa para cabecear a puerta vacía el gol que le daba al Burdeos su segunda Copa de la Liga. Una derrota cruel para un club que intenta convencerse de que esta no ha sido una mala temporada, pero está claro que desde el momento en el que se ven obligados a justificarlo es evidente que existe una sensación de decepción en el ambiente. E incluso hay quien apunta que, pese a haber ganado dos ligas en dos intentos, Houllier podría empezar a estar cuestionado en los planes del presidente Aulas, cuya ambición parece no conocer límite alguno.

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miércoles, febrero 14, 2007

Vuelve Europa

Aunque para el torneo mayúsculo nos tocará esperar aún seis días -a buena hora llega, pensarán los aficionados del Barça, tras la erupción volcánica de Eto'o-, el fútbol europeo regresa esta tarde con los partidos de ida de los dieciseisavos de final de la UEFA Cup, esa competición que tanto nos gusta. El menú de miércoles no es que sea atractivo, es que lo es demasiado. Grandes encuentros que se solapan haciendo imposible la realización del instinto natural del "cazapartidos", deseoso de consumirlos todos. Para añadir más alicientes a un miércoles de escándalo, Bolton y Arsenal juegan el replay de la cuarta ronda de FA Cup en otra edición de un enfrentamiento que se está convirtiendo en un clásico de dudoso encanto para los gunners.

Pero centrémonos en la UEFA. El plato fuerte llega a las 20:30 en el Weserstadion: Bremen-Ajax. Hay quien se ha atrevido incluso a llamarlo "final anticipada", aunque eso supone olvidarse de otros favoritos que también cuentan como el que más -con el campeón Sevilla y el ya clasificado Tottenham a la cabeza-. A los hanseáticos el partido les llega en medio de una pequeña crisis tras los duros varapalos sufridos ante Schalke y Stuttgart en la Bundesliga. Todo lo contrario a los de Amsterdam, que en tres jornadas de Eredivisie le han remontado ocho puntos al PSV Eindhoven. Tiene además el equipo de Ten Cate la estructura que más hace sufrir al Werder: gente agresiva en una línea de tres en el centro del campo, buenos pasadores y delanteros rápidos. Aunque también, claro está, se medirá hoy a un ataque mucho más potente que los que debe afrontar semanalmente en su campeonato doméstico. La incógnita reside en saber si Huntelaar, suplente en los dos últimos encuentros, se habrá ganado el regreso al once tras su gol decisivo en La Haya. Ambos clubes no podrán contar con sus refuerzos invernales: Davids ya jugó la UEFA con los Spurs y Rosenberg -¡qué irónico!- lo hizo con el Ajax.

No está nada mal el partido que a las 18:15 jugarán en el Bay Arena Leverkusen y Blackburn, equipos de media tabla en la Bundesliga y la Premier pero con varios futbolistas interesantes. Lastimosamente, quizá el mejor de todos, Morten Gamst Pedersen, se lo perderá por lesión. El equipo de Mark Hughes está haciendo una magnífica campaña europea y terminó primero en la fase de grupos, otro éxito más de un técnico galés que se está ganando una excelente reputación. El Bayer, en cambio, sufrió mucho para llegar a esta ronda, necesitando la victoria en la última jornada ante el Besiktas y no abriendo el marcador hasta el minuto 78. El polivalente Gonzalo Castro parece que ocupará de nuevo el lateral derecho, mientras que el hombre más adelantado será Steffan Kiessling, que dirimirá un duelo de altura con los centrales Henchoz y Nelsen. Aunque en estatura parezca equilibrado, el joven internacional sub-21 alemán es mucho más móvil, pero tiene todas las de perder en la batalla física.

Hoy entran en juego, también, Osasuna y Espanyol. Los navarros se miden a un Burdeos cuyo técnico Ricardo declaró ayer que su objetivo es ganar la competición. El Girondins está haciendo una campaña irregular, probablemente por los problemas de encaje de Johan Micoud, un futbolista de enorme talento pero que, según admite el propio técnico, desequilibra al conjunto. El ex del Bremen se siente más cómodo jugando por detrás de dos delanteros, pero el equipo es más sólido con un 4-4-1-1 con dos jugadores de banda abiertos -parece que hoy serán Faubert y Alonso- y con Micoud de segunda punta. Se preve una interesante lucha en el centro del campo, donde Mavuba y Ducasse forman uno de los dobles pivotes más completos y prometedores del fútbol francés.

El Espanyol, por su parte, se ahorrará de entrada el ambiente que crea el público del Livorno, uno de los más calientes de la Italia no sureña. Agresivo como pocos, ordenado como casi todos los transalpinos, el conjunto de Arrigoni fía todo su juego de ataque al acierto de Lucarelli, un punta motivadísimo siempre que defiende la camiseta del club de sus amores. Su asistente debería ser Fiore, fichado en enero para sustituir a Vigiani, que se marchó a la Reggina. El resto del equipo se dedica a defender, salvo en alguna subida por banda de Pasquale o alguna irrupción de Morrone, quizá el más ofensivo de los centrocampistas toscanos. El partido será duro ya que, aunque el Espanyol es técnicamente superior, el Livorno siempre es un equipo muy incómodo. Incluso para los grandes.

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