martes, septiembre 16, 2008

Los otros cracks argentinos

Argentinos, móviles, poseedores de una arrancada explosiva y una enorme capacidad para desequilibrar. Capaces de hacerse las jugadas ellos solos, de levantar con su talento individual a un colectivo. Podría estar hablando de Lionel Messi y Sergio Agüero, pero me refiero a dos de las grandes sensaciones del inicio de campeonato en Italia: Mauro Zárate y Ezequiel Lavezzi. Si el ex de Vélez firmó un golazo monumental con un zurdazo teledirigido, el Pocho logró que San Paolo se olvidara por un instante de esa sanción que le había dado una imagen deslucida y comandó la meritoria remontada ante la Fiorentina. El azul celeste de sus camisetas los acerca a su tierra. Serían fijos en muchas selecciones del mundo, pero tienen por delante a dos cracks que no se discuten. Y a Tévez, el gladiador sacrificado, el delantero que también trabaja, el goleador que incluso asiste. Es el privilegio de Basile, que puede elegir entre lo mejor, y también su gran suplicio: tener que despreciar auténticas joyas.

Pero ellos dos no estarán mañana en el gran escenario de naturaleza europea y proyección planetaria. Regresa la Champions y lo hace con Inter, Manchester United y Chelsea como grandes favoritos. Vale, como mis grandes favoritos. Ya se sabe que entre los gigantes las distancias son muy cortas, los detalles deciden y la inspiración determina. En realidad es un torneo a ocho o diez, y si a eso le añadimos el carácter imprevisible y más arbitrario de las eliminatorias a doble partido nos encontramos con un campeonato mucho más incierto que cualquier liga nacional. Menciono a los dos finalistas del año pasado, sólo separados por un resbalón, porque estuvieron por encima y además han sumado ambos un megacrack a sus plantillas: Deco y Berbatov. Y digo Inter por el plus que supone Mourinho para un bloque de enorme nivel competitivo, mejorado en cuanto a calidad y hambriento como pocos. Y sueño Arsenal, claro, siempre partiendo desde una segunda fila por su apuesta a largo plazo, por su renuncia a gastar dinero firmando a grandes nombres.

Motiva el Marsella-Liverpool en el día del estreno. Debería ser más equilibrado que el del año pasado, en el que los galos se hicieron un harakiri asumiendo unos riesgos en defensa que no se correspondían con su necesidad. Ya lo digo en la Guía Marca de la Champions que sale este martes a la venta: se fueron Nasri y Cissé pero el OM tiene más peso arriba que el año pasado. Vi íntegro su partido en Burdeos el sábado y no lo ganó porque falló tres situaciones de uno contra uno que en circunstancias normales acaban en gol. No tuvo la pelota -Gerets no la quiso-, pero sus contragolpes fueron demoledores. Quizá busquen la misma estrategia, aunque es complicado pensar que el Liverpool se lo vaya a permitir. Motivado por su gran segunda parte ante el Manchester United, el conjunto de Benítez descubrió que es capaz de pelear con los grandes incluso sin Torres ni Gerrard. Y este es quizá el detalle más interesante que nos dejó el duelo de Anfield, además de la sensación que dejaron los red devils de desaprovechar a Rooney metiéndolo en la banda.

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miércoles, agosto 27, 2008

Samassa por Cissé, ¿Danny por Arshavin?

De la larga e interesante lista de fichajes que nos dejó el martes, el de Mamadou Samassa por el Olympique de Marsella debe situarse en un primer plano. Por si alguien pensaba que tras la marcha de Cissé al Sunderland el histórico club mediterráneo cedía en sus ambiciosos objetivos, la rápida respuesta contratando a uno de los delanteros con mayor futuro del fútbol galo debe interpretarse como un mensaje claro y tajante. Alto, potente y con buen juego de espaldas, el ex punta del Le Mans llamó la atención hace dos temporadas y desapareció considerablemente del mapa tras una larga lesión que le impidió jugar durante la primera mitad de la pasada campaña. Ahora llega a un Vélodrome que puede soñar con razón gracias al enorme potencial ofensivo de su equipo, ya extraordinario con Niang, Koné, Ben Arfa y Valbuena.

Pero nada se acerca al gran terremoto que representó el lunes la contratación de Danny por el Zenit de San Petersburgo. 30 millones de euros por un futbolista muy poco conocido para el gran público, pero de calidad indudable y enorme reputación en Rusia. Me acuerdo de su participación en la Eurocopa sub-21 de 2004, cuando Portugal estaba preparando su gran cita continental y la locura por el fútbol llevó a que ese campeonato menor se sirviera como aperitivo en la televisión lusa. Vi un resumen y me llamó mucho la atención un talentoso, desequilibrante, técnico y atrevido extremo que se movía por la banda izquierda. Apunté su nombre, me enteré de que pertenecía al Sporting y pregunté por él a un entrañable tabernero lisboeta que ya me había manifestado su amor a los colores leoninos. Buen jugador, me dijo, sin extenderse demasiado, pues casi todo su fútbol profesional se había desarrollado en una cesión al Marítimo. Imagino que sus regates y conducciones no sólo me impresionaron a mi: los ojeadores rusos debieron tomar nota de ese torneo, porque el Dinamo de Moscú lo fichó pocos meses después, aceptando él la aventura tras comprobar que no se ganaba un puesto de titular en el Alvalade. Desde entonces me interesé por su suerte, lo vi algunos partidos, me volvió a conquistar, pero parecía destinado a no salir nunca del anonimato, a ser eternamente un ídolo para un público residual. Hasta que el Zenit pagó 30 millones y su rostro apareció en portada de uefa.com.

¿Por qué ficha el Zenit a Danny? Andaba sigiloso el gigante de Gazprom, sólo con el prometedor Faizulin y el contundente Puygrenier como incorporaciones notables. Por condiciones, la llegada del portugués de origen venezolano suena a recambio de Arshavin, pues puede ocupar su posición en el campo y es capaz de asumir un papel central, de liderazgo ofensivo. Sin embargo, no está nada claro que el crack ruso vaya a salir. El Tottenham ha centrado sus últimos esfuerzos en Pavlyuchenko mucho más que en Andrei, algo lógico, pues Roman es mucho más parecido a Berbatov y es ese el perfil que necesitaba Juande para reforzar su delantera. Pero por si acaso, en San Petersburgo ya se han cubierto las espaldas. Danny no llega al nivel del ídolo local, pero mitigaría el golpe de una salida eventual. Y si coinciden los dos, tendrán talento a cantidades industriales.

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viernes, marzo 21, 2008

Valbuena, cuando el talento derrota a la estatura

"Tiene talento, pero es demasiado bajito. No llegará". ¿Cuántas veces hemos escuchado esta sentencia? Es bastante habitual entre la gente de fútbol. A Mathieu Valbuena le suena de algo. Le dolió en el alma, en realidad. Tras diez años en la cantera del Girondins, el club de su vida, un día le dijeron que podía marcharse porque no daba la talla -en el sentido más literal-. ¡Qué golpe tan terrible para un chico de Bruges, al lado de Burdeos! Así que se buscó la vida y se puso a jugar en el Langon-Castets, un equipo de la región que militaba en quinta división. Tenía diecinueve años y su carrera futbolística parecía encaminada al mundo amateur. Pero perseveró y nunca abandonó su sueño. Impresionó con sus actuaciones y lo firmó el Libourne-Saint-Seurin, de la National -tercera categoría-, también en la Gironda. Tras una primera temporada de adaptación al fútbol semi-profesional, en la campaña siguiente se convirtió en el mejor jugador de la división y dirigió al club hacia el ascenso a la Ligue 2. Su enorme talento no pasó inadvertido y el Marsella le ofreció un contrato y la oportunidad de dar el salto al máximo nivel. Su fichaje sonó a chino, pues en Francia casi nadie sabía quién era. Menos de dos años después, Raymond Domenech lo ha llamado para representar a la selección nacional. Una ascensión meteórica.

Aunque con el actual seleccionador francés nunca se sabe -ha vuelto a dejar fuera a Trezeguet e incluso ha llamado a Sinama tras la lesión de Saha, como indicando que no tiene ninguna intención de citar al goleador de la Juventus-, lo cierto es que la convocatoria de Valbuena es merecidísima. Pocos jugadores nos han alegrado las tardes de Ligue 1 tanto como él. Mathieu se ha hecho un hueco en el equipo titular contra viento y marea: pese a ocupar a priori la misma posición que Samir Nasri, el ídolo local, se ha adaptado perfectamente a la banda derecha, desde donde desborda, conduce, asiste y dispara con una facilidad pasmosa. Tras el gol que metió al OM en Champions en la penúltima jornada de la liga pasada en Saint-Etienne, tras el tanto antológico en Anfield, tras su doblete fantástico al Caen, el joven talento de 1'63 metros ha llegado a lo más alto que se puede en el fútbol galo: ha sido reclamado por la selección. Allí se reencontrará con Rio Mavuba, su mejor amigo, el chico con el que soñaba jugar alguna vez en categoría profesional. No pudo ser en Burdeos. Será con les bleus.

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jueves, marzo 20, 2008

¡El Carquefou lo ha logrado!

Hemos aplaudido en numerosas ocasiones a la FA Cup, gran inventora de las copas más auténticas y emocionantes. Pero no podemos olvidar a la Coupe de France, que mantiene la esencia de la inglesa -sorteo puro, partido único- introduciendo algunas modificaciones -se juega en campo del débil en caso de haber más de una categoría de diferencia y no hay replay-. Esta noche, el torneo galo ha producido una de las mayores sorpresas de todos los tiempos en cualquier competición eliminatoria. El Carquefou, decimocuarto en quinta división, ha eliminado al Marsella, cuarto de primera y probablemente la segunda mejor plantilla del país. En un estadio de la Beaujoire repleto -la ciudad de Nantes se ha volcado con su pueblo vecino-, el senegalés N'Doye ha logrado un gol que pasará a la historia. Jugador a seguir: tiene 23 años y ya maravilló en la ronda anterior contra el Nancy -notable lo de su equipo, que se ha cargado a dos conjuntos que pugnan por un puesto Champions-.

La hazaña del Carquefou ha eclipsado todo lo demás en un miércoles de locura: 4-4 en el derbi londinense del Lane que deja muy tocado al Chelsea, ya a cinco puntos del United. Cristiano Ronaldo catapulta a los red devils hacia un liderato claro y contundente. Behrami decide en el 92' un derbi de Roma que puede haber dilapidado las opciones de título del conjunto de Spalletti. La Sampdoria gana en San Siro y el Milan sólo se mantiene vivo porque Lavezzi derrota a la Fiore en su enésima exhibición de la temporada. Y el Bayern se cita con el Dortmund en Berlín para rememorar los mejores clásicos de la década de los noventa.

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jueves, marzo 13, 2008

La copa de la igualdad

La UEFA Cup reúne a equipos de un nivel muy parejo: una amplia clase media-alta europea en la que no hay grandes diferencias de potencial. Así, el torneo se convierte en una competición abierta que permite soñar a casi todos los participantes. No se puede ganar la competición holgadamente: incluso el Sevilla, que estableció lo más parecido a un dominio, estuvo cerca de la eliminación en sus dos títulos -el enorme sufrimiento en la ida de Gelsenkirshen, el gol de Palop en Donetsk-. Pronosticar quién pasa en cada ronda puede convertirse en una temeridad. Hoy, cuatro de los seis cruces que se han definido han acabado empatadísimos. Sólo los goles en campo contrario y las tandas de penalti han podido separar a contendientes que pueden reclamar por igual haber hecho los méritos suficientes. Quizá por todo ello, porque no abundan las tiranías, porque al mismo tiempo hay infinitos favoritos y ninguno, la UEFA es un torneo enormemente atractivo para todos aquellos que no sólo disfrutamos con la excelencia insuperable.

Mi primer aplauso de la noche es para el Everton. Ha jugado un partido fantástico. Ha arrollado a la Fiorentina, la ha metido atrás, le ha generado numerosísimas oportunidades de gol y posiblemente ha merecido ganar por más de dos goles. Fue incluso más superior que el equipo toscano en la ida. Con agresividad, con juego por bandas, pero también con algunos movimientos veloces por el centro. Memorable encuentro de Mikel Arteta, un jugador de equipo grande, un crack que no se lleva los titulares de Cesc y Torres pero que da recital tras recital en Goodison. Un centrocampista que está a un nivel para ser titular en la selección española. Bárbaro su golazo en el 2-0, casi todas las ocasiones nacieron de sus centros. Tiró luego un penalti por el medio, con clase y personalidad. Desafortunado final para el siempre admirable equipo de Moyes, que ahora podrá centrarse exclusivamente en su gran reto: quitarle al Liverpool la cuarta plaza. Por si a alguien le quedaba alguna duda, hoy han demostrado que no le faltará actitud ni compromiso.

El Zenit-Marsella parecía una reunión de talentos. Arshavin, Nasri y Valbuena, jugadores por los que verías horas interminables de fútbol. Pasaron los rusos, lo que quizá sea mejor noticia: a Samir y a Mathieu los podemos disfrutar en la liga francesa. A Andrei es más difícil, cosas de las teles. Aunque los dos goles los marcó Pogrebnyak, que ya decidió el domingo la Supercopa rusa. Pasando rondas, el equipo de San Petersburgo va aumentando su coeficiente UEFA de cara a su gran reto 2008, la Champions League. Ya ha eliminado a Villarreal y OM, conjuntos de nivel. Yo no me lo pediría para cuartos.

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miércoles, diciembre 12, 2007

El mejor Liverpool de Benítez

El Liverpool confirmó en Marsella algo que ya había apuntado en fechas anteriores en la presente temporada: ésta es su mejor versión en toda la era Benítez. Cuando juega con los mejores y con los cinco sentidos puestos en un partido, los reds se acercan mucho a un primer nivel europeo. Las incorporaciones del verano -Torres, Benayoun, Leiva, Babel- esta vez sí permitieron dar un salto de calidad a una plantilla que vivía de la maestría de Benítez en los duelos concretos y que ahora posee una calidad diferencial para dominar el largo plazo. A Rafa sólo le falta incorporar a futbolistas fantásticos en defensa para poseer una escuadra que pueda mirar a los demás gigantes de Europa sin complejos de inferioridad.

¿Con un 0-4 en Marsella cambiamos la opinión? Para nada. En la derrota de Reading, si algo criticamos, fue la aproximación al partido, la falta de interés, el no pelearlo hasta el último minuto. Lo que se vio en el Vélodrome se pareció mucho más a la imagen más habitual de esta temporada: la del 4-0 al Toulouse, la del 8-0 al Besiktas, la del 0-3 en Newcastle. No se podrá decir esta vez que el equipo de Benítez pasó por los pelos, rentabilizando un margen mínimo. En la final decisiva barrió al rival. Y lo hizo con la aparición de sus jugadores decisivos: Gerrard en el 0-1, Torres en el 0-2. Rafa construye la solidez y sus estrellas hacen la diferencia. Si su clasificación estuvo tan comprometida hasta el último día fue por una mala tarde ante el Marsella y por un accidente en Estambul, en un encuentro en el que no merecieron perder. Es de esperar que esta vez nadie se pida al Liverpool para octavos de final: es mejor que el campeón de 2005 y que el finalista de 2007. Mucho mejor.

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lunes, noviembre 12, 2007

Prefiero hablar de Valbuena

Una muerte absurda cuya génesis resulta ser una pelea entre aficionados de distintos equipos de fútbol acaba convirtiéndose en noticia en las redacciones deportivas. Hoy me he preguntado varias veces si eso deberíamos tratarlo nosotros o los cronistas de sucesos. Cuando decidí que quería hacer periodismo sobre fútbol no me imaginé relatando un disparo con una pistola que atraviesa los cristales de un coche y mata a un joven que estaba abandonando con sus amigos una área de servicio. Pero la relación que tiene el hecho con nuestro juego favorito parece evidente cuando logra suspender partidos y despertar reacciones violentas por parte de las hinchadas que asisten a otros. Me han pedido que escribiera para el diario Público una crónica de lo sucedido ayer en Italia y así lo he hecho. Os dejo el link para el que quiera leerla. Pero aquí, en mi blog, prefiero hablar de jugadores que me enamoran con sus regates, que me asombran con su talento. Ellos son la gracia de este deporte, los que nos mantienen enganchados a él por muchos episodios de corrupción o violencia que vayan apareciendo. Así que en este breve comentario quiero gritar a los cuatro vientos que me gusta el fútbol y que, cuando estaba asqueado porque me había pasado la tarde recabando información sobre la tragedia de Arezzo -lo que me había hecho perder el Dinamo de Kiev-Shakhtar Donetsk y el Panathinaikos-AEK, o al menos no dedicarles la atención que deseaba-, apareció Mathieu Valbuena para recordármelo. El chico que metió ese golazo en Anfield, el joven que vive a la sombra de Nasri. Hoy ha jugado un partido de aquellos que te cambian el humor. Atrevido, descarado, visionario, móvil, escurridizo, generoso. Gracias a él, a Niang y a un Mandanda que se está revelando como un portero excepcional, el Marsella ganó en Lyon y salió del descenso. Pues eso, que quería contarlo.

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jueves, octubre 04, 2007

La noche de las sorpresas

Cuatro resultados llamaron especialmente la atención en la jornada de Champions de ayer: las derrotas en casa de Liverpool, Werder Bremen y Benfica y la victoria del Celtic sobre el Milan en Glasgow. Aunque quizá lo que sucedió en el grupo D no fue tan inesperado: el Shakhtar lleva varios años amenazando con meterse en octavos de final y parece que el momento ha llegado. Su contingente de brasileños talentosos ganó en Da Luz en un resultado que puede sorprender por el nombre de los contendientes, pero no por la composición de las plantillas. Si nos dieran a elegir entre la portuguesa y la ucraniana la respuesta no sería obvia. No olvidemos que en el equipo de Donetsk Nery Castillo es suplente. Creo que en el Benfica lo jugaría todo. En el otro partido del grupo, show de Dida al margen -hay que sancionar a los escoceses, pero no hasta el extremo de darles el partido por perdido: daría rabia que el brasileño se saliera con la suya tras su escena digna del mejor cine cómico-, el Celtic demostró una vez más que en casa es un equipo de enorme potencial. Nakamura, el talento del sol naciente que marca la diferencia en la fría Escocia, apareció al final, medio lesionado, para encontrar la coherencia más ilógica y resolver el encuentro: pase hacia atrás -algo que en las islas cuesta entender- para llegar más lejos.

Antes de empezar la temporada, cuando en la Guía Marca me preguntaron por una revelación en la Champions, aposté por el Marsella. Pero ayer no habría puesto ni cinco céntimos a favor de su victoria en Anfield. Por varios motivos: en su liga andan mal y son incapaces de ganarle a nadie, porque el Liverpool ya le dio un repaso al Toulouse -nivel similar- y porque no estaba Samir Nasri, el único del OM que es capaz de hacerte enloquecer. Pero debutaba Eric Gerets y le cambió la cara al equipo de manera radical. El golazo de Valbuena en su cuarto partido como titular en el gigante de la Costa Azul cortó la respiración a un estadio que normalmente produce ese mismo efecto en los contrarios. Cuidado con el Liverpool, que juega mejor que otros años pero que se ha situado en una encrucijada: su próximo partido europeo es en Estambul, y si llega a la última jornada sin el pase asegurado, tendrá que ganárselo en el Velodrome, que no es plaza sencilla.

¿Y el Werder Bremen? ¡Ay, el Werder Bremen! Cada vez estoy más convencido de ello: este equipo está hecho a imagen y semejanza de su ciudad, con ese aire hippie que desprenden los estudiantes tumbados al lado del río observando como las bicicletas transitan arriba y abajo. Alegre, despreocupado, así es el equipo de Schaff. Un torbellino en ataque que no se preocupa de defender. Capaz de ganar 8-1 un sábado y de encajar tres goles en 17 minutos el miércoles siguiente. ¡Y ante el Olympiacos! Los del Pireo llevaban 31 partidos europeos sin ganar fuera de casa, pero su pesadilla terminó en la ciudad en la que se reinventan todas las reglas. Y confirmó ese extrañísimo momento dorado del fútbol griego. El martes el Panathinaikos ya goleó 3-0 al Artmedia en UEFA. Veremos si esta tarde Aris y Larisa son capaces de sobrevivir en Zaragoza y Blackburn.

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lunes, mayo 14, 2007

Un fin de semana de fútbol-tensión

Cuando la temporada se acerca a su conclusión, los partidos dejan de ser importantes para convertirse en mucho más que eso, en algo parecido al fenómeno central que mueve el mundo. Mientras la bola que marca la diferencia entre el éxito y el fracaso está girando en la ruleta del campo de fútbol de tu equipo, parece imposible que exista algo más allá de las paredes del estadio. No te entra en la cabeza que alguien pueda estar pendiente de otras cosas mientras tu asistes al juicio definitivo que resolverá la gran duda existencial del año: saber si eres un ganador o un perdedor. Este fin de semana hemos asistido a varios episodios de este fenómeno llamado fútbol-tensión. Reflexionemos brevemente sobre algunos de ellos.

Stuttgart: Hildebrand o la mejor parada en tres lustros
En Dortmund se estaba cumpliendo el guión previsto: el Borussia le ganaba al Schalke fastidiando su título soñado. Para depender de sí mismo en la última jornada, el Stuttgart debía amarrar esa preciosa victoria que estaba consiguiendo en Bochum, un campo tremendamente complicado en el tramo final de campeonato. Cacau ya había hecho méritos para convertirse en el hombre del partido -una asistencia y el gol del liderato-, pero era una cuestión de justicia que los titulares fueran para un hombre que lleva en el club toda la vida. Timo Hildebrand, el único superviviente de aquel equipo que en su momento llegó a maravillar Europa, le sacó un remate a bocajarro a Dabrowski a escasos minutos del final en una parada que vale más de media Bundesliga. Lo celebró como si hubiese marcado un gol. No era para menos. Ganando en casa al Cottbus, el Stuttgart será campeón por primera vez desde 1992. Lo que no logró con Kuranyi, Hleb, Lahm y Hinkel puede conseguirlo ahora con Cacau, Gómez, Hilbert, Magnin, Hitzlsperger y compañía. Y siempre con Timo, claro.

El Sochaux lo confirma: el Marsella está gafado
Imaginemos al Barça o al Madrid sin ganar un título durante catorce años. Parece imposible, pero en Francia el equipo más grande del país está viviendo este calvario. La última vez que en Marsella se echaron a la calle para celebrar que su amado Olympique era campeón corría el año 1993 y acababan de conquistar Europa con esa victoria en Munich ante el Milan en la final de la Champions. Desde entonces, nada de nada. Ni ligas, ni copas -y eso que en Francia se juegan dos-. El sábado podía terminar este negro periodo, pero parece que el destino aún esté castigando al club con más afición del fútbol galo por sus pecados pasados. Ni adelantándose por dos veces en el marcador, una de ellas en la prórroga, pudo el OM llevarse la Coupe de France. Anthony Le Tallec apareció desde el banquillo para empatar por segunda vez el partido y llevarlo a una tanda de penaltis taquicárdica en la que el héroe fue Teddy Richert, guardameta del Sochaux. Y mientras Marsella lloraba por una derrota dolorosísima, los dos pueblos a los que representa el equipo de la Peugeot celebraban un trofeo que llevaban setenta años sin ganar. En el campo, las lágrimas más sinceras eran las de Nasri, que fue el mejor del partido y le quitó todo el protagonismo a un apagado Ribéry. Samir recibirá pronto ofertas de grandes clubes europeos, aunque quizá lo más bonito sería que se quedara en el club de sus amores y lo ayudara a romper este gafe terrible.

Sheffield United: descendió el más inesperado
Las apuestas lo tenían claro: de los tres equipos que se jugaban la última plaza de descenso en la Premier, el que tenía más opciones de salvarse era el Sheffield United. Jugaba en casa ante un Wigan en caída libre y sólo bajaba si perdía y el West Ham puntuaba en Old Trafford. Pues todo ello sucedió. Y lo más irónico fue que el gol que determinó este destino cruel lo firmó un jugador que empezó la temporada en Sheffield y que la ha terminado en Wigan: David Unsworth. Y lo celebró, claro. ¿Cómo no iba a hacerlo? El partido era más dramático que una final, con un ambientazo en el que la tensión se podía respirar en el aire, con los goles gritados con toda la pasión del mundo, con dos aficiones en un mismo estadio sabiendo que al final del partido una se iba a segunda. Paul Jewell -que, por cierto, acaba de dimitir- se está especializando en este tipo de milagros: ya en 2000 salvó al Bradford en otra última jornada de infarto. Aunque el gran nombre propio del final de liga en la parte baja de la tabla es Carlos Tévez, cuyo estado de forma ha sido decisivo para que el West Ham permanezca en la Premier, añadiendo más controversia a esa discutidísima decisión de la liga de no restarles puntos a los hammers.

Nunca se celebró tanto un empate en Paços Ferreira
Para el que no siga la liga portuguesa, que el Oporto sume un punto en Paços Ferreira puede sonar a tropiezo. Sin embargo, la estadística lo dice bien claro: esta temporada, sólo el Belenenses ha sido capaz de ganar en ese campo, uno de los más duros de toda la Superliga. Y como el Sporting lo sabía, había puesto todas sus esperanzas de ser campeón en un tropiezo de los dragones en ese pueblo del interior de Portugal. Los leones hicieron su trabajo: ganaron en Coimbra y durante muchos minutos se vieron líderes a falta de una jornada, ya que el Paços estaba ganando 1-0. Pero el campeón luso se volcó en busca de un empate que le permitiera llegar al último partido dependiendo de sí mismo. Y lo consiguió, de rebote, en un córner que tuvo que rematar dos veces, en una jugada tremendamente fea, pero el valor de ese tanto de Adriano es inmenso. La afición que se había desplazado a un campo tan inhóspito lo celebró como medio título de liga. Y es que ahora bastará con ganarle a un Aves que se estará jugando el descenso la semana que viene en Dragao para que el Oporto vuelva a ganar la liga. Será otro episodio de fútbol-tensión.

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