martes, octubre 07, 2008

Aghahowa, la última pesadilla de Aragonés

Julius Aghahowa volvió a nuestras vidas. Casi habíamos olvidado su existencia. Lejos quedaban sus volteretas en Donetsk, sus goles en una Champions que le servía de escaparate para intentar escapar del frío ucraniano, tan distinto a su tierra africana. Más difuminado aún aparecía el recuerdo de su presencia en una selección nigeriana que se atrevía a jugar con cinco o seis delanteros en la CAN de 2006. Logró llegar a la Premier, the place to be –eso dicen las tendencias más modernas-. Pero en Wigan se perdió: algunos minutos, ningún gol. Y el abismo. Sin rastro de él desde marzo, el mundillo futbolístico no perdona al que no se mueve. No hay capacidad para memorizarlo todo. Julius pasó a ser uno de los nombres predilectos de los foros de internet que abren hilos con el título ¿Qué fue de…? La respuesta la daría él mismo. Como un torbellino, apareció de la nada dejando un impacto descomunal. Fue un retorno a lo grande: marcó un hat-trick que dejó contra las cuerdas al técnico ganador de la última Eurocopa.

Kayseri está en el centro de Turquía. Tan lejos ya del Bósforo que la vieja Europa parece muy lejana. Ciudad de un millón de habitantes, poco conocida fuera del país. Hasta este 2008, sus dos principales equipos de fútbol eran famosos por un caso estrafalario: en 2004 se habían intercambiado los nombres. Pero en el último año y medio la fama ha llegado por méritos deportivos. El Kayserispor ha logrado incorporar a jugadores bastante conocidos en el panorama internacional: Franco Cángele, Salomon Olembé, Milan Purovic, Tevfik Köse o el ex del Zaragoza y el Espanyol Delio Toledo. A ellos se unió este verano Julius Aghahowa, atraído por el aliciente de poder disputar la UEFA tras el histórico título de Copa Turca que su nuevo club había logrado unos meses antes. Con él instalado como titular, el equipo visitaba el Sükrü Saracoglu con dos puntos más que el Fenerbahçe y con la idea de aprovechar el difícil momento que vivía el conjunto de Luis Aragonés.

Es difícil que la idea de un entrenador se convierta luego en el guión de un partido con la exactitud con la que el Kayserispor desarrolló su plan de contragolpe en Estambul. Todos atrás y que corra el rápido. Aprovechando la adelantadísima defensa que había dispuesto el técnico de Hortaleza, Aghahowa se pasó el partido esprintando detrás de balones largos. Cayó varias veces en fuera de juego, pero en tres ocasiones acertó. Tres goles casi idénticos y un buen pase en otro tanto: actuación estelar para dibujar un 1-4 que ha obrado un par de milagros. Que se vuelva a hablar de Julius cuando su carrera parecía caer en picado. Y que todos los medios españoles hayan repetido varias veces el nombre de un equipo tan anónimo, tan exótico, tan extraño.

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viernes, marzo 28, 2008

Un fin de semana sin reservas

El fin de semana previo a una ronda importante de Champions suele ser un escenario ideal para las rotaciones. Los grandes, a veces, piensan más en su cita europea y ofrecen la oportunidad más propicia a sus rivales inferiores. Sin embargo, ninguno de los ocho supervivientes puede jugar relajado mañana o el domingo. Todos están inmersos en peleas importantes y algunos además tienen enfrentamientos directos a los que deberán prestar gran atención y olvidarse de la canción de las estrellas pese a que sus notas están tan cercanas que ya casi se pueden oír.

En la Premier podría pensarse que Manchester United tiene margen de maniobra, pero aún debe enfrentarse a sus dos rivales londinenses -al Chelsea debe visitarlo, además-, por lo que el colchón no es tan irremontable como los números parecen indicar. Es posible que, jugando en casa, Ferguson reserve a algunos titulares, pero el Aston Villa querrá apurar sus escasas opciones de meterse en Europa y es un rival tremendamente incómodo que ya ha sido capaz de puntuar en el Emirates, el Bridge y Anfield. Los hombres de Martin O'Neil querrán rematar su grand slam saliendo vivos de Old Trafford, por lo que el partido requerirá la máxima concentración de los red devils. No hace falta decir que ni Arsenal ni Chelsea pueden permitirse tropezar si quieren seguir en la pelea. Los gunners viajan a Bolton, su campo maldito, y lo harán sin un Bacary Sagna que se perderá los dos encuentros ante el Liverpool. Baja muy sensible, ya que el galo ha mejorado con mucho las prestaciones que ofrecía Eboué en el lateral derecho. El equipo de Grant, por su parte, recibe el domingo a un Boro que en su última salida empató en el Emirates. Y el Liverpool tiene un compromiso de vital trascendencia: su derbi ciudadano ante el Everton, convertido además en una finalísima por la cuarta plaza. Ganar significaría sentenciarla para el conjunto de Benítez, que entonces sí podría centrarse básicamente en la Champions. Pero sólo si derrota al sólido bloque de Moyes.

El Barça y la Roma viven una situación clasificatoria muy parecida: están segundos a cuatro puntos del líder, aunque la escuadra de Spalletti da mejores sensaciones que el de Rijkaard. Visita complicada del conjunto giallorosso a Cagliari para medirse a un equipo con la moral alta tras recuperar en los despachos los tres puntos de sanción, una medida que los ha dejado empatados con el Livorno en el límite de la salvación. En casa el conjunto sardo ha ganado sus últimos cuatro partidos y no pierde desde el 13 de enero. La gente empieza a creer en la salvación y a Totti y compañía les espera un ambiente hostil, aunque no tanto como el que se encontrará el Barça en Sevilla tras los acontecimientos de la semana. Cerrando con la Roma, las sanciones de De Rossi, Perrotta y Vucinic llegan en un momento más o menos oportuno, ya que al menos servirán para darles descanso de cara al duelo ante el United. Unas rotaciones obligadas.

¿Qué se juega el Schalke en Karlsruhe? Mucho, ya que los de Slomka están metidos en una dura pelea: cinco equipos se juegan dos plazas de Champions. La victoria serviría además para descartar a un rival que en caso de ganar aún soñaría con la UEFA. Y el Fenerbahçe tiene un derbi clave mañana en la cancha del Besiktas, ya que en la Superliga turca, liderada por el conjunto de Zico, los cuatro primeros están separados por sólo dos puntos. Lo dicho: nadie puede sestear pensando en Europa.

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jueves, diciembre 13, 2007

Simplemente Alex

Recuerdo que en verano del 2000 le apunté en una lista a un chico que pasaba las vacaciones en el mismo pueblo que yo una serie de jugadores que creía que iban a acabar convirtiéndose en estrellas -una actividad muy propia de adolescente enfermo de fútbol-. No puedo recordar quién más estaba, pero sí tengo muy claro que en ella aparecía Alex. Porque puse mucho énfasis en su nombre: "sigue a éste, será un crack, seguro". Ese zurdo bajito me había entusiasmado en la Copa Libertadores de ese año, aquella en la que llegó a la final con el Palmeiras, la que perdieron contra Boca. La temporada anterior la habían ganado, pero ésa no la vi. El caso es que ese chico al que di la lista -de cuyo nombre no me acuerdo, aunque sí más o menos de su cara-, si se fijara ahora en los nombres de ese papel, pensaría que yo era un iluminado sin ningún tipo de criterio. El tal Alex, es evidente, no llegó a crack. Si por casualidad esta noche de diciembre de 2007 ha visto los goles del Fenerbahçe-CSKA de Moscú -no sé si le gustaba tanto el fútbol como para hacerlo-, no creo ni que se haya planteado que el diminuto calvito que metió un golazo por la escuadra y que luego dio un pase en profundidad casi sin mirar fuera ese Alex. Pero sí. Era él. Es él. Alex de Souza. Por fin tuviste tu gran día en Europa.

Que Alex no haya jugado en una gran liga europea no puede comprenderse. Que no sea famoso fuera de Brasil -ha sido 47 veces internacional absoluto-, tampoco. Llegó a firmar por el Parma, pero apenas jugó. En 2004 volvió al viejo continente, aunque lo hizo yéndose al sitio menos europeo posible: a Fenerbahçe, el equipo del otro lado del estrecho del Bósforo, ya en la parte asiática de la ciudad más conocida de Turquía. Me alegró tanto su fichaje que me aficioné a ver los resúmenes de su equipo por internet todos los lunes. Hacía maravillas. Seguía haciendo maravillas. Pero nada. Pasó el tiempo y siguió siendo el crack del Saracoglu. Sólo el crack del Saracoglu. Y eso que no paraban de fichar a jugadores de renombre: Appiah, Kezman, Deivid, Roberto Carlos... Ya podía venir el mejor del mundo, que el diferente del Fenerbahçe seguía siendo Alex. Con esa zurda encantadora de serpientes, con ese golpeo de balón teledirigido, del cerebro a las escuadras de las porterías... Con esa visión de juego alienígena, impropia del ojo humano, capaz de desafiar las leyes dimensionales... Siempre Alex, pequeño crack de Curitiba, gigantesco ídolo del faro del jardín...

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