Difícilmente podría haberse escrito un guión en el que el Getafe se sobrepusiera a tantas adversidades para acabar recibiendo como recompensa los golpes más dolorosos. El fútbol sigue siendo una realidad en la que a veces es difícil encontrar la coherencia entre el juego y el resultado. Por eso genera tanto debate, porque las verdades indiscutibles dependen de hechos puntuales incontrolables que tenían tantas posibilidades de caer en el color rojo como en el negro. Un Bayern vulgar y previsible se ha cargado a un Getafe que tuvo mucho más juego cuando pudo y que supo cerrarse cuando no le quedó otra alternativa. Se lo ha cargado sin ganarle, gracias a esa discutible norma de los goles en campo contrario. Pero se lo ha cargado. Y sigue con opciones intactas de firmar un histórico póquer de títulos. Viéndolo jugar esta noche, nadie diría que puede entrar en la leyenda. A veces, entre el éxito y la humillación hay una línea finísima. Tan fina como que un portero agarre el balón más cómodo del mundo, sólo eso, o que se le escape.
No es fácil, ante una selección de estrellas internacionales, quedarse con diez casi antes de que empiece el partido y tener que cambiar el guión. Decíamos en la previa que el Getafe debía dominar el centro del campo y tener la pelota para ganar, pero de repente tuvo que variar su plan. Claro, de los cuatro estandartes habituales de esa línea medular maravillosa, tres no estaban. Y peor aún, se quedaban sin una opción de pase. Manu del Moral pronto se percató de que jugaría muy solo arriba, casi aislado, pero sus compañeros suplieron la falta de efectivos en campo ajeno con un notable trabajo defensivo en el cierre de espacios. Y, esto es aún más admirable, tuvieron la fuerza suficiente para irse hacia arriba en alguna acción puntual y adelantarse en el marcador. El Bayern tenía la pelota y no sabía qué hacer con ella. Vaya, sí lo sabía: meterle pelotazos frontales a Toni, pero nada más. Sólo cuando entró Sosa, que acabó siendo decisivo en el 3-3 con un centro de bastante categoría con su pierna mala, se respiró otro aire en un equipo triste y gris. Empataron en el 87' porque cuando un partido prácticamente sólo se juega en una dirección casi siempre se generan oportunidades suficientes, por muy mal que se mueva la pelota. Era un gol para matar al Getafe, pero su reacción en el inicio de la prórroga fue propia de un equipo con más orgullo que sensibilidad. El coliseum pensó que estaba hecho, pero nunca hay que dar por muerto al Bayern, especialista en levantarse cuando crees que ya se ha quedado sin aliento. Bastó con un error del Pato para que se sintiera vivo, y luego Toni ganó el buen envío del Principito para asestar un golpe que casi estuvo cargado de maldad. Fue, también, una respuesta a los que se preguntaron durante toda la noche dónde estaba la categoría del Bayern. Sólo se vio en las apariciones de dos cracks mundiales que la metieron en el momento en el que se deciden los partidos. Y el fútbol, por mucho que lo discutamos, sigue siendo un juego que se basa en meterla más veces que el contrario. O, como en esta ocasión, más veces fuera de casa.
¿Dónde puede llegar este Bayern? Contra el Zenit veremos una película parecida: los rusos tienen más imaginación, pero la pegada descomunal de los bávaros, ante una pareja de centrales experimental castigada por las lesiones, puede resultar determinante. En la otra semifinal, la Fiorentina partirá como favorita tras su demostración en Eindhoven. Prandelli volvió a salir con una banda derecha de puro ataque, pero esta vez sí metió a Donadel y el equipo fue más equilibrado. Mutu marcó la diferencia arriba y no debemos olvidar que los viola están peleando en dos frentes durísimos. El domingo les espera el Inter en un choque de enorme trascendencia para el desenlace de la Serie A. Su rival para llegar a Manchester será el Rangers, que con Walter Smith sigue firmando una temporada asombrosa en la que aspira a llevarse cuatro títulos. Al Sporting de Paulo Bento, que a veces recuerda al Arsenal por su predilección por los medias puntas y su desacierto en el remate, le pasó lo de siempre. No metió las que tuvo y lo castigaron a la contra. Una verdadera lástima, pero creo que ya nos habíamos dado cuenta de que este juego, en muchas ocasiones, premia más el golpe que el verso.
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