Una de porteros
El héroe fue Vladimir Stojkovic. Una de las primeras decisiones de Javier Clemente como técnico de Serbia fue entregarle la titularidad a este joven y alto cancerbero que empezó su carrera en el Zemun, la prosiguió en el Estrella Roja y dio el salto a la liga francesa fichando por el Nantes. Pero a las pocas semanas, y tras una crisis importante de resultados y un cambio de entrenador, el meta de Loznica fue reemplazado por un arquero aún más joven en una maniobra de Georges Eo que perseguía descubrir a un nuevo Landreau. No funcionó, pero cuando Stojkovic recuperó el puesto llegó Fabien Barthez como refuerzo de emergencia para salvar del descenso al equipo canario. Así que, para conservar el número uno de la selección serbia, Vlada decidió fichar por el Vitesse para seguir contando con minutos de juego. No debutó hasta el 3 de marzo, pero Clemente le mantuvo en los dos partidos de los plavi y anoche se convirtió en el gran protagonista sacando tres manos prodigiosas que valieron un punto que mantiene vivo a su equipo en la lucha por estar en Austria y Suiza.
El villano fue Thomas Myhre. Este trotamundos del fútbol, que ha defendido a multitud de equipos en su larga trayectoria -Viking, Everton, Rangers, Birmingham City, Tranmere Rovers, Copenaghen, Besiktas, Sunderland, Crystal Palace, Fredrikstad y Charlton Athletic-, dilapidó una preciosa ventaja de 0-2 que acercaba a Noruega a la Eurocopa. Fue un inexplicable ejercicio de autoflagelación, un ataque de pánico producido por las faltas en contra. De tres disparos bastante asequibles, se tragó dos y en otro concedió un rechace que no se convirtió en gol de milagro. Hoy el mundo se pregunta de dónde ha salido ese portero noruego tan nefasto, pero lo cierto es que, sin llegar a ser nada del otro jueves, su experiencia le define como un guardameta más o menos fiable que en ningún caso debería ponerse nervioso ante un partido de fase de clasificación para una Eurocopa, por mucho que su equipo esté ganando a domicilio al líder del grupo. Inexplicable.
Y el castigado fue Antonios Nikopolidis. Tras su horrorosa actuación el sábado ante Turquía -la gran beneficiada por los porteros fallones-, ayer Rehhagel revolucionó el once inicial de la campeona de Europa e introdujo seis cambios en el equipo titular. El primero, evidentemente, fue darle el puesto bajo los palos a Kostas Chalkias, compañero del clan español del Aris de Salónica. Y es que en el fútbol la memoria tiene poca importancia. Pese a mostrarse como un titán en el memorable triunfo heleno en Portugal 2004, lo que manda siempre es el presente. Y el técnico alemán ya tuvo bastante con la tragicomedia del sábado. Ya se sabe que en Grecia, incluso los dioses reciben su castigo.
