Primeros apuntes de un miércoles memorable
Hablaré de lo que vi. En Moscú, una Rusia maravillosa en la media hora inicial y que dejó renacer a Gales bajando la intensidad de su fútbol y durmiéndose en los laureles de la confianza. Pavlyuchenko sigue haciéndolo todo bien: el Tottenham ha firmado a un delantero de primera categoría, mucho más que un rematador. Anyukov entró por la banda como quiso y por momentos el estadio Lokomotiv presenció un baño. Hasta que Bale cogió la manija, abandonó el lateral izquierdo y empezó a jugar de todo. ¡Qué futbolista! Aún fallando un penalti, su encuentro fue soberbio. Sus 19 años no le impiden ejercer de líder absoluto. Firmó un jugadón en el 1-1 y metió el miedo en el cuerpo a Hiddink, que tuvo que arriesgar sacando a Pogrebnyak por Semak para acabar ganando el partido.
En Estambul, Bélgica volvió a exhibir un dominio absoluto del registro defensivo hasta que se excedió en su interpretación. Liderada por un Verthongen monumental, se fue al descanso ganando con relativo merecimiento ante una Turquía incapaz de trenzar un fútbol fluido. Esta vez no apareció Arda, ni tampoco Emre, y encima Tuncay se fue muy pronto lesionado. Pero los visitantes se echaron demasiado atrás, renunciaron a la contra quitando a Defour por Mudingayi y se empezaron a preocupar más de perder tiempo que de jugar. Recibieron un justo castigo con el controvertido penalti de Witsel. La derrota hubiese sido demasiado, sobre todo considerando que los otomanos sólo generaron peligro en centros desde las bandas.
Y en Belfast, el debut oficial de Petr Rada en el banquillo checo dejó algunos detalles positivos y otros más negativos. Gustaron sus dos principales apuestas novedosas con relación a su antecesor: Kovac, jugando de medio centro defensivo puro, fue el mejor futbolista sobre el terreno de juego, con una excelente lectura del juego a nivel posicional y una salida de balón dotada de enorme coherencia, y Sirl, el elegido en el extremo izquierdo, hizo un buen trabajo y mezcló bien con Jankulovski, convirtiendo aquel carril en lo más peligroso del conjunto centroeuropeo. Pero la República Checa no logró imponerse nunca a su limitadísimo rival, con Plasil muy escondido -y él debía asumir responsabilidades ante la ausencia de Rosicky-. Rada mandó mensajes conservadores desde el banquillo: retiró a Sionko para dar entrada al mucho más defensivo Pospech y nunca se atrevió a meter a un segundo delantero, cambiando a Baros y dejando sin jugar a Fenin. Demasiado conformismo en un campo que dictará sentencia: los norirlandeses no deberían optar a un billete para el Mundial, pero ejercerán de árbitros quitando puntos de enorme valor.
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