Es la historia del año. Capaz de dejar en un segundo plano las exhibiciones de anoche de Messi, Cristiano Ronaldo y Cesc Fàbregas -los hombres de moda-. Capaz de convulsionar el mundo del fútbol, de mandarle una descarga eléctrica que se haga sentir en la totalidad de su estructura. José Mourinho,
The Special One, el entrenador más famoso del planeta, dejó de ser el técnico del Chelsea ayer por la noche. Tiene esta noticia la magnitud de una esfinge de piedra que se derrumba de repente, de un trasatlántico que se hunde con todo su
glamour a bordo, de un palacio calcinándose bajo el fuego. Tiene un aire de inverosimilitud, como si no fuera posible. Tiene todo aquello que acompaña a las caídas de los mitos.
Lo primero que se pregunta uno cuando lee ese sintagma nominal tan confuso y ambiguo de
mutual consent es si a Mourinho le han cesado o se ha ido él.
Según relata la BBC, el estratega de Setúbal comunicó su marcha a varios jugadores del primer equipo mandándoles un mensaje al móvil. Los pesos pesados de la cúpula directiva
blue, Roman Abrahamovic y Peter Kenyon, fueron llamados para mantener una reunión de urgencia con el entrenador. Parece, pues, que el gabinete de crisis lo propició Mourinho, pero el propietario ruso no puso reparo alguno a su decisión de irse: más bien le alivió. Su relación había sido tensa desde hacía un año: primero, por el caso Shevchenko -que no jugaba todo lo que Roman quería-; después, por la falta de fichajes en el pasado mercado de invierno -algo que indignó a
Mou-; finalmente, por el nombramiento del israelí Avram Grant, amigo personal del ruso, como Director de Fútbol -eso tampoco gustó al entrenador, que quería tener control absoluto sobre la plantilla-.
Pero si lees The Sun, la historia es distinta. La reunión entre directivos habría empezado antes, sin Mourinho, y en ella Abrahamovic habría decidido su destitución. Alarmado por el mal juego de su equipo y sus humillantes últimos resultados, el propietario ruso perdió la paciencia al saber que el técnico había mantenido tras el partido ante el Rosenborg
una discusión con John Terry, uno de sus mayores aliados en el vestuario a lo largo de su reinado. Ese incidente, que se desencadenó cuando el central se enteró de que el entrenador había preguntado al equipo médico si le sucedía algo a su capitán porque sus actuaciones habían empeorado, se interpretó desde la directiva como una señal inequívoca de que Mourinho estaba perdiendo el control del vestuario. The Sun afirma que a las 21.30 -hora inglesa-
José llamó a Frank Lampard, su jugador de mayor confianza, para despedirse y comunicarle que dejaba de ser su entrenador. A la 1.45, el Chelsea confirmaba la noticia con
una escueta nota oficial en su página web.
Sea una la historia o sea otra, la falta de confianza de la directiva en su entrenador ha propiciado la marcha del que, de largo, pasará a la historia como el mejor técnico del Chelsea de todos los tiempos. Sus dos títulos de Premier, uno de FA Cup, dos de Carling Cup y uno de Community Shield constituyen un legado impresionante. Mourinho construyó un equipo que dominó el fútbol inglés de forma tiránica durante dos años. La ausencia de un título europeo es calificada por sus detractores como un fracaso, pero un análisis profundo de sus tres eliminaciones rebaja considerablemente esa perspectiva tan negativa. Como Mourinho dijo alguna vez -y lo dice alguien que ganó una Copa de Europa-, las ligas las ganan los mejores, mientras que la Champions los que, además, tienen un poco más de suerte. Su Chelsea se quedó dos veces en semifinales ante el Liverpool en eliminatorias que se resolvieron por detalles pequeñísimos: un gol de Luis García que nadie sabe si entró, una tanda de penaltis en la que Reina hizo la diferencia. Probablemente en ambas mereció pasar su equipo, pero el fútbol fue cruel con él y los críticos se olvidaron de esa distancia tan corta que separó el éxito del fracaso.
Ahora empieza otra era, para el Chelsea y para Mourinho. Para la institución se inicia una época de dudas y desconcierto. Para el entrenador, una con garantía de proyecto serio, competitivo y ganador vaya donde vaya. Los
blues han nombrado técnico del primer equipo a
Avram Grant, un israelí con muchos éxitos en su país pero de escasa trayectoria internacional. Y lo peor de todo: es amigo de Abrahamovic y enemigo de Mourinho, por lo que será mal recibido en el vestuario por el amplio sector que estaba con el portugués. Mientras se especula con otros nombres -Deschamps, Capello, Lippi, Juande-, el Chelsea más caótico de los últimos tiempos visita el domingo Old Trafford. José lo verá ya por televisión, esperando iniciar una nueva aventura. Ofertas no le faltarán.