viernes, agosto 22, 2008

Bronce para Dunga, ¿suficiente para seguir?

Brasil derrotó con cierta comodidad a Bélgica -aunque el 3-0 final volvió a ser muy exagerado- y se adjudicó la medalla de bronce en Pequín 2008. Aunque cualquier presea suele celebrarse con alegría, parece un botín pobre para un conjunto que partía entre los dos máximos favoritos y para el que un podio debía considerarse como un "mínimo exigible". Le llueven las críticas a Dunga por el juego desplegado a lo largo del torneo y por lo abultado de la derrota ante el eterno rival. Muchos, que ya se habían manifestado muy contrarios al planteamiento del ex centrocampista en la Copa América y en las eliminatorias sudamericanas para el Mundial, esperaban un fracaso sonado para elevar el tono de sus quejas. Se la tenían guardada. Unos Juegos Olímpicos pueden costarle el cargo a un seleccionador de fútbol, como ya ha descubierto Miroslav Djukic tras el fracaso de una selección serbia que tenía potencial para haber llegado mucho más lejos. Incluso en la propia canarinha hay precedentes recientes, con Wanderley Luxemburgo destituido tras el fracaso de Sidney 2000. Sin embargo, no podemos olvidar que Dunga tiene crédito: por mucho que lo ganara de forma antiestética, su triunfo en Venezuela devolvió a Brasil al camino de los títulos, exactamente lo que le exigía su Federación tras el desastre en Alemania. Ese pasado de campeón puede salvarle y mantenerlo en el banquillo hasta Sudáfrica, siempre que esa fase previa no se le complique de forma exagerada.

No ha deslumbrado Brasil en este torneo, asumiendo muy pocos riesgos y exigiendo responsabilidades defensivas a la mayoría de futbolistas creativos. Sin embargo, hay que reconocerle un avance con relación al equipo de la Copa América en lo que se refiere a la apuesta por el toque. No olvidemos que en la final de Maracaibo el doble pivote lo formaron Mineiro y Josué, mientras que en Pequín ha apostado por Leiva y Anderson (o Hernanes a veces, según el partido). Allí, el media punta era Baptista, más llegador que asistente, más fuerte que técnico. En China, ha sido Diego Rivas, un fantasista, en la mayoría del torneo. E incluso hoy, ante la baja de Leiva, no ha alineado a un medio centro puro para sustituirlo, sino que ha apostado por un jugador de ataque como Ramires y ha retrasado a Hernanes. Son modificaciones que no debemos omitir a la hora de analizar el trabajo del seleccionador brasileño y que indican una apertura que yo, al menos, considero positiva.

Bélgica se fue sin medalla, acusando al final la ausencia de sus baluartes. Hoy dio la sensación que se encerró demasiado al principio. Con 1-0 en contra sí se animó a tener la pelota y fue capaz de generar alguna ocasión llegando a portería contraria a base de fútbol combinativo. Sin embargo, y pese a la falta de acierto que evitó un empate momentáneo, se puede decir que hoy sí se vio superada por un equipo claramente mejor. Pero su participación en China ha sido dignísima y más de media selección de la que empezó el torneo -contamos, claro, a Kompany y Fellaini- debe integrar la absoluta, rival de España en el grupo mundialista. Para analizar lo que se encontrará en frente el conjunto de Del Bosque sirven más de referencia los duelos de Pequín que el amistoso del miércoles pasado en Alemania.

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lunes, julio 16, 2007

Brasil gana la Copa América y Dunga todo el crédito del mundo

El jogo Dungao había encontrado enormes dificultades para abrir los partidos ante equipos cerrados. Pero lo había hecho en la mayoría de las ocasiones: en algunas con ayuda arbitral, en otras en jugadas a balón parado, casi siempre en el momento preciso. Hoy, cuando Brasil se enfrentaba a un equipo que quería el balón y tenía la mayor responsabilidad en la construcción, la estrategia del técnico se volvió perfecta. Un bloque armadísimo atrás, agrupando jugadores cerca del rival con posesión, cerrando los espacios para los pases y reduciendo el tiempo para pensar, saliendo rápido tras la recuperación para sorprender a una defensa descolocada. Con una acción muy vertical -como no podía ser de otra forma-, la canarinha se adelantó y pudo jugar el partido que más le convenía. Es cierto que tuvo fortuna en acciones decisivas: en el disparo de Riquelme que se fue al poste, en el autogol de Ayala... Pero Dunga parece abonado a ella, y hoy no se puede recurrir a ese argumento como única explicación del resultado final. Brasil le ganó el partido tácticamente a Argentina. Y por ello, el técnico sale reforzado ante todos sus críticos. Consigue el crédito necesario para plantear el próximo Mundial de la manera que encuentre más acertada. Puede hasta repetir un centro del campo físico y renunciar a los talentosos. Así ha ganado una Copa América. Así le ha metido 3-0 a Argentina en una gran final.

Y es que es el entrenador el que aparece como gran triunfador de la tarde venezolana. No hubo un jugador en el equipo campeón que estuviera por encima de los demás en este último partido. Fue un triunfo del bloque, un triunfo del funcionamiento colectivo, un triunfo del que dispuso las piezas sobre el tablero. Cuando se lesionó Elano, Dunga podría haber elegido a Fernando Menegazzo para formar con un trivote con el que flirteó durante gran parte del torneo, pero prefirió a Daniel Alves para tener profundidad por banda derecha y el carrilero del Sevilla acabó siendo decisivo. Él fabricó el 2-0 con el centro que remató Ayala contra su arco y él cerró el encuentro con el 3-0 definiendo de maravilla la aguda asistencia de Vágner Love. Se puede decir incluso que la lesión del centrocampista del Shaktar fue beneficiosa para Brasil.

Se podrá comentar que en este blog se ha pasado de la crítica feroz contra Dunga al elogio de su mismo planteamiento en la final. ¿En qué quedamos, en que es bueno o en que es malo? Probablemente, esta Copa América ha demostrado que este sistema da mejor rendimiento ante equipos grandes que ante escuadras pequeñas. Cuando Brasil ha tenido que llevar la iniciativa ha sufrido y su fútbol exigía a gritos la presencia de algún media punta imaginativo capaz de desequilibrar ante defensas cerradas. Pero en una final ante el equipo que mayor posesión de balón y actitud ofensiva ha mostrado durante todo el torneo, esa disposición ha parecido enormemente efectiva y ha acabado siendo positivamente decisiva -anuló por completo a las figuras rivales y mató al contragolpe-. Probablemente todo hubiera cambiado si el primer disparo de Baptista lo ataja Abbondanzieri -no era imparable- y luego Riquelme adelanta a Argentina. Con el equipo que tenía sobre el campo, a la canarinha le habría costado horrores voltear el marcador. Pero en el fútbol los que deciden son los goles y Brasil ha sabido marcarlos en los momentos oportunos. Y esa virtud es la que mejor define a los equipos grandes.

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domingo, julio 08, 2007

El peso de la camiseta y bofetadas a los críticos

Es lo que tienen las selecciones con historia. Pueden estar mal y dejar sensaciones negativas, pero cuando llegan los partidos importantes parecen empujadas por el peso de la camiseta. Uruguay había marcado sólo un gol en los tres primeros encuentros de la Copa América. Ayer consiguió cuatro. Brasil había necesitado dos penaltis controvertidos para abrir el camino de sus dos triunfos. Anoche sentenció por la vía rápida y acabó goleando 6-1.

Volvió Álvaro Recoba y la celeste salió con otra cara. Intimidó a Venezuela con tres ocasiones consecutivas, una producción ofensiva muy superior a la que había generado en sus arranques en la fase de grupos. Por fin pareció haber conexión entre el centro del campo y la delantera, donde "el Cebolla" Rodríguez fue un incordio constante y Diego Forlán dejó de ser un islote desasistido. El anfitrión sólo puso en duda el triunfo charrúa cuando Juan Arango empató el encuentro en un latigazo con la zurda que encontró la colaboración de un rebote en la barrera. Entonces pudo volver la incertidumbre, pero las apuestas seguían a favor de una Uruguay mucho más experta que se sabía en sintonía con su tradición. Y para que la bofetada a los críticos fuera aún más dolorosa, Pablo García se convirtió en el héroe inesperado al conectar un zurdazo perfecto a la escuadra del arco de Vega. El criticadísimo medio centro defensivo, acusado en multitud de ocasiones de ser la causa del juego tan plano de su equipo, celebró con rabia un 1-2 que prácticamente sentenciaba el partido. Porque luego, ya sin Maldonado en el campo y con muchos espacios atrás en la zaga vinotinto, todo fue mucho más fácil.

Y es que la noche tuvo grandes dosis de ironía. Los más atacados pudieron sonreír ampliamente mientras saboreaban la venganza ante sus detractores. Fue también el caso de Dunga, que encontró la mejor justificación posible para poder seguir utilizando su sistema sin enganche. Repitió ese centro del campo tan físico que ya se había medido a Ecuador y el resultado le dio la razón de forma contundente. Aunque habría que hacer varios matices. El primero, la escasa oposición que presentó el rival: una Chile desdibujada, afectada por problemas internos, que defendió de forma horrible -siempre llegando tarde, siempre tapando mal- y que dejó en el banquillo a casi todos sus talentosos -Villanueva, Valdivia y Matías Fernández-. El segundo, lo sencillo que se le puso el encuentro a la canarinha desde el principio: hasta ahora lo que le había costado había sido abrir la lata, pero ayer lo logró muy pronto con una acción a balón parado y a partir de aquí pudo jugar mucho más liberada. Y el tercero, la espectacular diferencia en cuanto a efectividad: no se trató de un baño absoluto de juego, sino de un porcentaje de acierto asombroso de unos ante un catálogo de ocasiones desperdiciadas de los otros. Sin embargo, el marcador no puede ofrecer dudas y Dunga sale muy reforzado de cara a la semifinal. Igual que Vagner Love, que se estrenó por fin en la Copa con un tanto de enorme clase de aquellos que se le ven de vez en cuando.

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jueves, julio 05, 2007

El "jogo Dungao"

Dunga ha cambiado absolutamente a la selección brasileña. No estoy descubriendo la pólvora: se trata de una evidencia que se puso de manifiesto desde que asumió el cargo hará poco menos de un año. Hasta ahora no había escrito nada al respecto. Me parecía que algunas de sus ideas no estaban tan mal, como apostar por jóvenes futbolistas interesantes con hambre e ilusión -Rafael Sobis, Daniel Carvalho, Elano- para romper con la apatía en la que parecían haberse instalado los cracks acomodados. Algunos ya interpretaron esta primera revolución como un paso hacia la vulgaridad y un elogio a la medianía. Debo reconocer que estas críticas me parecieron exageradas y propias de la tan extendida tendencia al alarmismo que habita en este mundo del fútbol poco proclive a la paciencia. Sin embargo, considero que el camino que ha emprendido Dunga en esta Copa América ya ha sobrepasado todos los límites de la lógica. De forma progresiva y silenciosa ha ido sacrificando a los futbolistas de talento para acabar presentando, ayer por la noche ante Ecuador, un once que pasará a la historia de Brasil como uno de los más rudos y planos de todos los tiempos. Leer la alineación titular de la canarinha era para echarse a llorar. El partido no produjo mejores sensaciones. Pero esto ya no debió sorprender a nadie.

El seleccionador verdeamarelho se ha mantenido fiel a algo parecido a un 4-4-2 (o 4-2-2-2) durante todo el torneo. Se suponía que el centro del campo consistía en dos pivotes defensivos (siempre Gilberto Silva y Mineiro) y dos centrocampistas ofensivos tirados a las bandas -aunque a veces uno de ellos podía permutar su posición con Robinho y jugar casi como enganche, cayendo el punta del Madrid a la izquierda). Para esas dos posiciones de teóricos generadores de fútbol creativo, Dunga apostó en el primer partido por Diego y Elano. No le convenció la prestación del talento del Werder Bremen y se lo cargó en el descanso para dar entrada a Anderson. El nuevo jugador del Manchester United mejoró el juego de Brasil, por lo que se ganó el puesto de cara al segundo encuentro. Pero entonces tampoco estuvo especialmente acertado, de modo que el técnico lo mandó al banquillo para dar entrada a Baptista. Los dos únicos jugadores con características de "10" de la selección brasileña le habían durado al seleccionador cuarenta y cinco minutos por partido. Y claro, como su equipo, ya sin ninguno de ellos en el terreno de juego, acabó ganando 3-0 a Chile -aprovechando un penalti dudoso y los espacios que dejó luego el contrario yéndose hacia arriba para intentar empatar-, Dunga encontró la excusa perfecta para presentar en el último encuentro de la primera fase un centro del campo eminentemente físico y sin ningún jugador imaginativo. Y así lo hizo ayer contra Ecuador.

Es cierto que a Brasil le valía con el empate y que se clasificaba evitando una derrota por dos tantos. Pero de ahí a pensar que la mejor forma de afrontar el partido era formar una línea medular con Gilberto Silva, Mineiro, Josué -27 años, ni una sola vez internacional antes de la llegada de Dunga- y Baptista dista un abismo. Esta actitud es propia de equipos pequeños que no tienen grandes recursos para dominar los partidos y que se aferran a la fuerza del bloque para seguir adelante. Ayer la pentacampeona del mundo ganó por 1-0 -de nuevo abrió la lata gracias a un penalti muy controvertido-, pero no dio para nada la sensación de ser un equipo temible. Es más, pocos pueden considerarla favorita juzgando sus actuaciones en el torneo. Puede salir campeona, pero mientras Anderson y Diego sigan juntos en el banquillo, esta posibilidad parece a día de hoy muy remota.

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