martes, julio 15, 2008

El Arsenal 08-09, a estas alturas

Observo que en los comentarios del post anterior se abrió cierta discusión sobre las posibilidades del Arsenal 2008-2009, algo por lo que también me han preguntado esta mañana en la charla de Marca.com. Pensaría algún observador externo que el aficionado gunner debe estar ahora mismo preocupado ante la posible marcha de Hleb y Adebayor. Sin embargo, hay más esperanza que temor, más optimismo que pesimismo, más ganas de que esto empiece que incluso de continuar con las vacaciones. En realidad, aunque se vayan el bielorruso y el togolés, el impacto de sus bajas no podrá superar a la de Mathieu Flamini, cuya lesión en el tramo decisivo de la temporada -junto a las de Eduardo y Sagna- debe señalarse como una de las causas principales por las que el equipo de Wenger, el mejor del fútbol europeo en gran parte de la campaña, acabó sin ganar ningún título. Lo único que debería preocupar al alsaciano es quién va a ocupar la posición del medio centro defensivo. Y, sobre todo, a qué nivel lo hará. En este sentido, la intromisión del equipo londinense en el culebrón del verano, el caso Gareth Barry, debe entenderse como un movimiento lógico y que incluso llega con retraso. El zurdo del Villa sería un recambio ideal, de primerísimo nivel, y se comprendería perfectamente que Arsène vendiera a los dos jugadores que parecen quererse marchar para financiar la incorporación del futbolista que se ha rebelado contra O'Neill. No podemos olvidar que el Arsenal sigue pagando su estadio -lo hará durante 17 años más-, por lo que todos los veranos debe ingresar dinero fresco traspasando futbolistas e intentar mantener el nivel tirando de la agudeza de sus cazatalentos. Un reto tan sumamente complicado que sólo puede estar dirigido por un genio del nivel de Wenger. La otra opción es apostar por algún joven que ya está en la plantilla. Mi opción preferencial sería Alex Song, que firmó una fantástica Copa de África jugando como medio centro defensivo con Camerún. Su juventud e inexperiencia quedan suplidas por su enorme personalidad, que se asemeja claramente a la del futbolista al que debería suplir. Y aunque aún tendrá un papel casi testimonial, la adquisición de Aaron Ramsey puede acabar siendo determinante para esta posición en el futuro.

¿Entonces, no preocupa que se vayan Hleb y Adebayor? He reiterado en numerosas ocasiones mi opinión sobre el bielorruso. Cuando un equipo está acostumbrado a que los centrocampistas de banda -los más ofensivos en el esquema de Wenger- aporten unos 25 goles por temporada, las cifras de Aliaksandr se quedan tan cortas que los resultados del equipo se resienten. A su falta de gol hay que unir esa tendencia a la complicación, a buscar el pase imposible cuando hay opción de disparo, a querer dar la asistencia del año cuando debería primar la sencillez. Claro, tiene sus virtudes: corre mucho, se ofrece, trabaja. Pero cuando uno hace balance, su escasa producción ofensiva acaba pesando. En la marcha de Hleb y la llegada de Nasri, aparentemente sale ganando el Arsenal. El joven marsellés no es tampoco excesivamente goleador, pero tiene mejor golpeo de balón -tanto en disparo como en centro- y un porcentaje de acierto en la entrega superior. Quizá no se sacrifique tanto a la hora de volver a posiciones defensivas tras pérdida de pelota, pero en la comparativa global el francés parece más productivo. Y ya no digamos si valoramos sus edades y su utilidad en el largo plazo.

¿Y en ataque, quién llegará si se va Adebayor? El togolés, que ha rendido esta temporada al nivel de los mejores delanteros del fútbol europeo, da la sensación de no ser imprescindible. Si se pudiera fichar a Gomis por la mitad del precio de su traspaso el negocio sería redondo, pero incluso opciones de perfil más bajo, como Santa Cruz o Martins, podrían tener buen efecto sin que el colectivo se resintiera demasiado. En realidad, los delanteros que tienen que ser importantes en el Arsenal, si las lesiones los respetan, son Van Persie y Eduardo. Los más directos, los más incisivos, los más fríos a la hora de definir. Si en algún momento se requiere la opción de un nueve, Bendtner aparece como una posibilidad cada vez más aprovechable. Y si se busca revulsivos de últimos minutos, Walcott y Carlos Vela, que ya formará parte de la primera plantilla, están listos para aportar esa frescura. Y es que, aunque Wenger repita a todo el mundo que Adebayor seguirá, probablemente no crea que el africano pueda repetir una campaña como la última. Hay en la plantilla cuatro o cinco jugadores mucho más importantes. Y esos, por fortuna para el club, no suenan para abandonar la nave.

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lunes, mayo 14, 2007

Un fin de semana de fútbol-tensión

Cuando la temporada se acerca a su conclusión, los partidos dejan de ser importantes para convertirse en mucho más que eso, en algo parecido al fenómeno central que mueve el mundo. Mientras la bola que marca la diferencia entre el éxito y el fracaso está girando en la ruleta del campo de fútbol de tu equipo, parece imposible que exista algo más allá de las paredes del estadio. No te entra en la cabeza que alguien pueda estar pendiente de otras cosas mientras tu asistes al juicio definitivo que resolverá la gran duda existencial del año: saber si eres un ganador o un perdedor. Este fin de semana hemos asistido a varios episodios de este fenómeno llamado fútbol-tensión. Reflexionemos brevemente sobre algunos de ellos.

Stuttgart: Hildebrand o la mejor parada en tres lustros
En Dortmund se estaba cumpliendo el guión previsto: el Borussia le ganaba al Schalke fastidiando su título soñado. Para depender de sí mismo en la última jornada, el Stuttgart debía amarrar esa preciosa victoria que estaba consiguiendo en Bochum, un campo tremendamente complicado en el tramo final de campeonato. Cacau ya había hecho méritos para convertirse en el hombre del partido -una asistencia y el gol del liderato-, pero era una cuestión de justicia que los titulares fueran para un hombre que lleva en el club toda la vida. Timo Hildebrand, el único superviviente de aquel equipo que en su momento llegó a maravillar Europa, le sacó un remate a bocajarro a Dabrowski a escasos minutos del final en una parada que vale más de media Bundesliga. Lo celebró como si hubiese marcado un gol. No era para menos. Ganando en casa al Cottbus, el Stuttgart será campeón por primera vez desde 1992. Lo que no logró con Kuranyi, Hleb, Lahm y Hinkel puede conseguirlo ahora con Cacau, Gómez, Hilbert, Magnin, Hitzlsperger y compañía. Y siempre con Timo, claro.

El Sochaux lo confirma: el Marsella está gafado
Imaginemos al Barça o al Madrid sin ganar un título durante catorce años. Parece imposible, pero en Francia el equipo más grande del país está viviendo este calvario. La última vez que en Marsella se echaron a la calle para celebrar que su amado Olympique era campeón corría el año 1993 y acababan de conquistar Europa con esa victoria en Munich ante el Milan en la final de la Champions. Desde entonces, nada de nada. Ni ligas, ni copas -y eso que en Francia se juegan dos-. El sábado podía terminar este negro periodo, pero parece que el destino aún esté castigando al club con más afición del fútbol galo por sus pecados pasados. Ni adelantándose por dos veces en el marcador, una de ellas en la prórroga, pudo el OM llevarse la Coupe de France. Anthony Le Tallec apareció desde el banquillo para empatar por segunda vez el partido y llevarlo a una tanda de penaltis taquicárdica en la que el héroe fue Teddy Richert, guardameta del Sochaux. Y mientras Marsella lloraba por una derrota dolorosísima, los dos pueblos a los que representa el equipo de la Peugeot celebraban un trofeo que llevaban setenta años sin ganar. En el campo, las lágrimas más sinceras eran las de Nasri, que fue el mejor del partido y le quitó todo el protagonismo a un apagado Ribéry. Samir recibirá pronto ofertas de grandes clubes europeos, aunque quizá lo más bonito sería que se quedara en el club de sus amores y lo ayudara a romper este gafe terrible.

Sheffield United: descendió el más inesperado
Las apuestas lo tenían claro: de los tres equipos que se jugaban la última plaza de descenso en la Premier, el que tenía más opciones de salvarse era el Sheffield United. Jugaba en casa ante un Wigan en caída libre y sólo bajaba si perdía y el West Ham puntuaba en Old Trafford. Pues todo ello sucedió. Y lo más irónico fue que el gol que determinó este destino cruel lo firmó un jugador que empezó la temporada en Sheffield y que la ha terminado en Wigan: David Unsworth. Y lo celebró, claro. ¿Cómo no iba a hacerlo? El partido era más dramático que una final, con un ambientazo en el que la tensión se podía respirar en el aire, con los goles gritados con toda la pasión del mundo, con dos aficiones en un mismo estadio sabiendo que al final del partido una se iba a segunda. Paul Jewell -que, por cierto, acaba de dimitir- se está especializando en este tipo de milagros: ya en 2000 salvó al Bradford en otra última jornada de infarto. Aunque el gran nombre propio del final de liga en la parte baja de la tabla es Carlos Tévez, cuyo estado de forma ha sido decisivo para que el West Ham permanezca en la Premier, añadiendo más controversia a esa discutidísima decisión de la liga de no restarles puntos a los hammers.

Nunca se celebró tanto un empate en Paços Ferreira
Para el que no siga la liga portuguesa, que el Oporto sume un punto en Paços Ferreira puede sonar a tropiezo. Sin embargo, la estadística lo dice bien claro: esta temporada, sólo el Belenenses ha sido capaz de ganar en ese campo, uno de los más duros de toda la Superliga. Y como el Sporting lo sabía, había puesto todas sus esperanzas de ser campeón en un tropiezo de los dragones en ese pueblo del interior de Portugal. Los leones hicieron su trabajo: ganaron en Coimbra y durante muchos minutos se vieron líderes a falta de una jornada, ya que el Paços estaba ganando 1-0. Pero el campeón luso se volcó en busca de un empate que le permitiera llegar al último partido dependiendo de sí mismo. Y lo consiguió, de rebote, en un córner que tuvo que rematar dos veces, en una jugada tremendamente fea, pero el valor de ese tanto de Adriano es inmenso. La afición que se había desplazado a un campo tan inhóspito lo celebró como medio título de liga. Y es que ahora bastará con ganarle a un Aves que se estará jugando el descenso la semana que viene en Dragao para que el Oporto vuelva a ganar la liga. Será otro episodio de fútbol-tensión.

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