lunes, mayo 14, 2007

Un fin de semana de fútbol-tensión

Cuando la temporada se acerca a su conclusión, los partidos dejan de ser importantes para convertirse en mucho más que eso, en algo parecido al fenómeno central que mueve el mundo. Mientras la bola que marca la diferencia entre el éxito y el fracaso está girando en la ruleta del campo de fútbol de tu equipo, parece imposible que exista algo más allá de las paredes del estadio. No te entra en la cabeza que alguien pueda estar pendiente de otras cosas mientras tu asistes al juicio definitivo que resolverá la gran duda existencial del año: saber si eres un ganador o un perdedor. Este fin de semana hemos asistido a varios episodios de este fenómeno llamado fútbol-tensión. Reflexionemos brevemente sobre algunos de ellos.

Stuttgart: Hildebrand o la mejor parada en tres lustros
En Dortmund se estaba cumpliendo el guión previsto: el Borussia le ganaba al Schalke fastidiando su título soñado. Para depender de sí mismo en la última jornada, el Stuttgart debía amarrar esa preciosa victoria que estaba consiguiendo en Bochum, un campo tremendamente complicado en el tramo final de campeonato. Cacau ya había hecho méritos para convertirse en el hombre del partido -una asistencia y el gol del liderato-, pero era una cuestión de justicia que los titulares fueran para un hombre que lleva en el club toda la vida. Timo Hildebrand, el único superviviente de aquel equipo que en su momento llegó a maravillar Europa, le sacó un remate a bocajarro a Dabrowski a escasos minutos del final en una parada que vale más de media Bundesliga. Lo celebró como si hubiese marcado un gol. No era para menos. Ganando en casa al Cottbus, el Stuttgart será campeón por primera vez desde 1992. Lo que no logró con Kuranyi, Hleb, Lahm y Hinkel puede conseguirlo ahora con Cacau, Gómez, Hilbert, Magnin, Hitzlsperger y compañía. Y siempre con Timo, claro.

El Sochaux lo confirma: el Marsella está gafado
Imaginemos al Barça o al Madrid sin ganar un título durante catorce años. Parece imposible, pero en Francia el equipo más grande del país está viviendo este calvario. La última vez que en Marsella se echaron a la calle para celebrar que su amado Olympique era campeón corría el año 1993 y acababan de conquistar Europa con esa victoria en Munich ante el Milan en la final de la Champions. Desde entonces, nada de nada. Ni ligas, ni copas -y eso que en Francia se juegan dos-. El sábado podía terminar este negro periodo, pero parece que el destino aún esté castigando al club con más afición del fútbol galo por sus pecados pasados. Ni adelantándose por dos veces en el marcador, una de ellas en la prórroga, pudo el OM llevarse la Coupe de France. Anthony Le Tallec apareció desde el banquillo para empatar por segunda vez el partido y llevarlo a una tanda de penaltis taquicárdica en la que el héroe fue Teddy Richert, guardameta del Sochaux. Y mientras Marsella lloraba por una derrota dolorosísima, los dos pueblos a los que representa el equipo de la Peugeot celebraban un trofeo que llevaban setenta años sin ganar. En el campo, las lágrimas más sinceras eran las de Nasri, que fue el mejor del partido y le quitó todo el protagonismo a un apagado Ribéry. Samir recibirá pronto ofertas de grandes clubes europeos, aunque quizá lo más bonito sería que se quedara en el club de sus amores y lo ayudara a romper este gafe terrible.

Sheffield United: descendió el más inesperado
Las apuestas lo tenían claro: de los tres equipos que se jugaban la última plaza de descenso en la Premier, el que tenía más opciones de salvarse era el Sheffield United. Jugaba en casa ante un Wigan en caída libre y sólo bajaba si perdía y el West Ham puntuaba en Old Trafford. Pues todo ello sucedió. Y lo más irónico fue que el gol que determinó este destino cruel lo firmó un jugador que empezó la temporada en Sheffield y que la ha terminado en Wigan: David Unsworth. Y lo celebró, claro. ¿Cómo no iba a hacerlo? El partido era más dramático que una final, con un ambientazo en el que la tensión se podía respirar en el aire, con los goles gritados con toda la pasión del mundo, con dos aficiones en un mismo estadio sabiendo que al final del partido una se iba a segunda. Paul Jewell -que, por cierto, acaba de dimitir- se está especializando en este tipo de milagros: ya en 2000 salvó al Bradford en otra última jornada de infarto. Aunque el gran nombre propio del final de liga en la parte baja de la tabla es Carlos Tévez, cuyo estado de forma ha sido decisivo para que el West Ham permanezca en la Premier, añadiendo más controversia a esa discutidísima decisión de la liga de no restarles puntos a los hammers.

Nunca se celebró tanto un empate en Paços Ferreira
Para el que no siga la liga portuguesa, que el Oporto sume un punto en Paços Ferreira puede sonar a tropiezo. Sin embargo, la estadística lo dice bien claro: esta temporada, sólo el Belenenses ha sido capaz de ganar en ese campo, uno de los más duros de toda la Superliga. Y como el Sporting lo sabía, había puesto todas sus esperanzas de ser campeón en un tropiezo de los dragones en ese pueblo del interior de Portugal. Los leones hicieron su trabajo: ganaron en Coimbra y durante muchos minutos se vieron líderes a falta de una jornada, ya que el Paços estaba ganando 1-0. Pero el campeón luso se volcó en busca de un empate que le permitiera llegar al último partido dependiendo de sí mismo. Y lo consiguió, de rebote, en un córner que tuvo que rematar dos veces, en una jugada tremendamente fea, pero el valor de ese tanto de Adriano es inmenso. La afición que se había desplazado a un campo tan inhóspito lo celebró como medio título de liga. Y es que ahora bastará con ganarle a un Aves que se estará jugando el descenso la semana que viene en Dragao para que el Oporto vuelva a ganar la liga. Será otro episodio de fútbol-tensión.

Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , ,

miércoles, abril 18, 2007

El sueño lo frustró un vecino

Tenía que ser una gran fiesta futbolística para el departamento de Saône-et-Loire y efectivamente el jugador que decidió la semifinal fue un joven natural del lugar. El único problema fue que jugaba para el enemigo. Sébastien Grax, nacido en Le Creusot, un pueblo cercano a Montceau-les-Mines y a Gueugnon, anotó el 0-1 que abría el camino de la final para el Sochaux en la primera parte de la prórroga. Luego, con el pequeño y atrevido equipo local corriendo riesgos en busca del empate, llegó el 0-2 definitivo. Hasta aquí la aventura del simpático animador de la Coupe de France 2006-2007, cayendo con todo el honor que exigen los desenlaces crueles para que este tipo de historias puedan ser consideradas epopeyas.

A la misma hora, el Manchester United metía presión al Chelsea en la lucha por la Premier con su 2-0 ante el Sheffield United, un triunfo profesional, correcto, sobrio, sin más. Pero incluso en sus actuaciones más sedantes, en sus tareas menos grandilocuentes, en sus noches que no reclaman un lugar en la memoria, el equipo de Ferguson es capaz de dejarnos detalles futbolísticos de perfección colectiva. Empieza este equipo a parecerse al de finales de siglo pasado, que se acabó convirtiendo en una delicia con la que disfrutaban estéticamente incluso aquellos cuyo grito favorito era el "stand up if you hate Man Utd". Apasionante se presenta el derbi londinense de mañana, sobre todo porque no hay que esperar que el West Ham salga a jugar tan derrotado como se sentía el Sheff U cuando saltó a Old Trafford. Sólo Luton Shelton parecía creer que era posible la machada. Claro, acaba de llegar. Quizá en Suecia no seguía mucho la Premier...

Mención especial merece el segundo gol en dos partidos de Cesc Fàbregas, el jugador decisivo en este último esfuerzo de la temporada del Arsenal para asegurarse un puesto de Champions. Mientras el equipo parecía caer en la desilusión del fracaso, el joven centrocampista de Arenys de Mar ha demostrado una vez más que tiene un carácter ganador que le distingue del resto. No era normal su nulo registro goleador. Quizá no tenga aún la pegada para llegar a los diez goles por temporada -todo se andará-, pero es evidente que la mala fortuna le ha privado esta campaña de más de un tanto que merecía. Y los reconocimientos no cesan: primero fue Guerin Sportivo, luego los votantes de uefa.com de todo el mundo y ahora los propios futbolistas profesionales de la Premier. Y es evidente que ellos no se mueven en este caso por ningún tipo de favoritismo.

Etiquetas: , , , , , ,

martes, abril 17, 2007

El gran día de Montceau-les-Mines

Hoy me hubiera gustado levantarme en Montceau-les-Mines. Y desayunar en uno de esos cafés franceses en los que los croissants saben de esa forma tan deliciosa que en ningún otro lugar del mundo hemos aprendido a imitar. Y contemplar en la portada de L'Équipe la imagen de Samir Aïd, máximo goleador de un equipo de la zona media-baja de la cuarta división. Y comprobar cómo aquellas calles teñidas de rojo y decoradas para la ocasión se han convertido por un día en el punto central del panorama futbolístico del país. Y luego comer en un buen restaurante al lado de orgullosos habitantes que son incapaces de saborear su magret de canard porque su mente sólo puede pensar en el partido de la noche. Y entonces, a las nueve en punto, sentarme en la plaza principal y observar a esa mitad de la población que se quedó sin entradas siguiendo la gran batalla en la pantalla gigante instalada junto al ayuntamiento.

Y es que esta noche se juega la primera semifinal de la Copa de Francia, un torneo al que se da mucha importancia en el país vecino. Y hasta ella ha llegado el Montceau, equipo de la CFA (cuarta categoría) que lucha por no descender pero que ahora mismo se encuentra a noventa minutos de jugar en Saint-Denis. Tras haber eliminado a equipos que han participado en competición europea en la presente temporada -Burdeos y Lens-, su último escollo para poder viajar al Stade de France es el Sochaux, cuarto clasificado en la Ligue 1. Evidentemente, la fiebre por su equipo de fútbol se ha instalado en este pequeño pueblo de 20.000 habitantes de la Borgoña, como se puede apreciar en las numerosas fotografías colgadas en el foro de los hinchas del club, único sitio en toda la red dedicado a una institución que carece incluso de página web.

El partido esconde además una historia curiosa. La Federación Francesa de Fútbol es muy estricta en lo que se refiere a las sedes de los partidos de Copa, por lo que todo equipo amateur que llega a las rondas más avanzadas o tiene que medirse a conjuntos de primera división debe buscar un estadio que reúna unas mínimas condiciones de seguridad y aforo. El campo del Montceau no fue considerado apto, pero, casualmente, el pueblo vecino, Gueugnon, que es más pequeño -no llega a los 9.000 habitantes-, tiene a su equipo jugando en segunda división y, por lo tanto, dispone de un estadio en el que se disputan encuentros profesionales todos los fines de semana. Así que, pese a que existe cierta rivalidad entre algunos sectores de las dos aficiones, la directiva del Montceau decidió elegir como sede -ya desde el partido ante el Burdeos- el Stade Jean-Laville de Gueugnon, con capacidad para 13.872 espectadores. Aunque todas las previsiones ya indicaban que el campo se quedaría pequeño para la semifinal de hoy, el presidente decidió seguir utilizándolo y renunció a ir a jugar a Lyon para facilitar el desplazamiento a sus aficionados y para que el gran partido se disputara en el departamento de Saône-et-Loire. Pero los problemas en la elección de la sede terminan aquí. Si hoy su equipo elimina al Sochaux, el siguiente partido tiene ya escenario adjudicado: un campo de fútbol en el que se han jugado dos finales de Champions y una de Mundial.

Etiquetas: , ,