miércoles, septiembre 24, 2008

Jordi Gómez, la zurda que te guía

Nueve años después, Swansea y Cardiff se vieron las caras en un encuentro oficial. La Carling Cup se adelantó a la League Championship y nos ofreció la posibilidad de presenciar el gran derbi galés, un espectáculo maravilloso. Todo lo que nos había contado Roberto Martínez era verdad: su equipo juega con mucho criterio, toca, combina, gusta. Mereció la victoria por sus mejores intenciones y la acabó logrando gracias al jugador que más brilló sobre el campo. El barcelonés Jordi Gómez firmó una actuación memorable que se recordará durante muchos años a orillas del río Tawe. Tras deleitarse con su dominio de los tiempos del partido, uno comprende por qué el Espanyol sólo lo cedió al equipo del técnico de Balaguer: no te puedes desprender de una joya como ésta.

Lo de Jordi fue brutal. Personificó el concepto global de fútbol que tenía su equipo. Era el elemento perfecto para convertir en realidad la filosofía teórica de su entrenador. Cuando clavó el 1-0 en una falta directa -con algo de fortuna-, ya estaba siendo el hombre del partido. Después llegó el escándalo. El Cardiff entendió que sólo podía pararlo a base de faltas. Y forzó tres tarjetas amarillas consecutivas, provocando la expulsión de McPhail. Fue un recital de visión, elegancia en la conducción, protección del balón con el cuerpo, ejecución sublime de las entregas con la zurda. Un in crescendo tan adictivo que dolió que terminara el partido. Aunque el Liberty Stadium lo celebró con locura y pasión. Los sueños de Swansea están más vivos que nunca. ¿Hasta dónde llegará esta locura?

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jueves, enero 24, 2008

El Chelsea termina con el sueño de Moyes

Lo del Chelsea es admirable: va a por todo, con todo, siempre. Ganó en Goodison con cierta sensación de suficiencia. El Everton pudo adelantarse en el marcador, pero no encontró el camino del gol. A los blues, en cambio, les bastó con un sublime pase largo cruzado de Florent Malouda y una definición fantástica de Joe Cole para finiquitar cualquier emoción. 0-1 y a otra cosa. Quality tells.

Es una lástima que el sueño del equipo de Moyes muera en semifinales. Sin embargo, el escocés no necesita un título para que le reconozcan su excelente trabajo. Ya ha sido nombrado dos veces mejor técnico de la Asociación de Entrenadores de Inglaterra y cualquier persona que haya seguido al Everton desde que él llegó sabe cómo ha transformado a un club que flirteaba con el descenso. Insistían los comentaristas televisivos en la gran diferencia técnica entre el Chelsea y los toffees, pero ese es su gran mérito: tener cuarto a un equipo a base de trabajo, rendir por encima de las posibilidades de su plantilla. Pelear con el vecino, cuando hay tantísima distancia a nivel económico, habla maravillas de él.

Nada más, sólo eso. Quería dedicarle el artículo a Moyes si ganaban, pero se lo dedico igualmente en la derrota. Porque más allá del resultado concreto está el trabajo en el tiempo.

Crónica del Túnez-Senegal de la CAN para Público

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martes, enero 22, 2008

Cinco goles por ocho años de espera

La mejor forma de romper una racha negrísima con el eterno rival es goleándolo. Es como decirle: "toma, me voy a desquitar de tantos años de frustración... te meteré tantos como rabia tenía dentro". Eso es lo que le ha hecho esta noche el Tottenham al Arsenal en una semifinal de la Carling Cup que indudablemente pasará a la historia. Porque es el primer triunfo de los spurs a los gunners desde 1999, por lo abultado del marcador (5-1) y porque conduce al equipo de Juande al nuevo Wembley por primera vez. Para cualquier habitual de White Hart Lane, lo de hoy tiene que haber sido una gozada.

Juande Ramos ha logrado que su equipazo funcione al máximo nivel. La materia prima ya estaba ahí: una plantilla muy cercana al potencial de las cuatro grandes -se podría llegar a discutir, en algún caso, si no es incluso superior a alguna de ellas-. Pero empezó la temporada rindiendo muy por debajo de lo esperado. Su clasificación no debe engañar a nadie. Tottenham es top class, too much class para los jóvenes del Arsenal. Presión asfixiante, ritmo altísimo, velocidad en la salida al ataque. La receta que hizo grande al Sevilla pulverizó al equipo del flying football. No fue una victoria de Berbatov, ni de Jenas, ni tampoco de Lennon. Fue un triunfo colectivo, merecido, arrollador, incontestable.

Wenger quiere que la Carling sirva para que sus jóvenes maduren. Algunos lo necesitan. Otros parece que no lo lograrán nunca. Y alguno ya lo ha hecho demasiado. No es una crítica a la política del alsaciano, una estrategia que aquí aplaudimos en repetidas ocasiones. Es admirable, y por lo tanto hay que tomarse esta derrota con filosofía. Es una derrota lógica, previsible. Expuso a sus jóvenes a un equipo de primer nivel y perdió. Nada que decir. Que les sirva a los chavales para progresar.

Un oyente me preguntó la semana pasada qué diferencia había entre Theo Walcott y Aaron Lennon. Que quién me parecía mejor. Le respondí que los años de diferencia se notaban. Que uno estaba por hacer y el otro ya era un jugador importante en un equipo de buen nivel de Premier League. Como cumpliendo la profecía, el extremo spur firmó una actuación memorable. Desequilibró por banda, acuchilló por velocidad, asistió por clarividencia. Al gunner, en cambio, aún se le espera. Le vino grande el partido, pero no hay que echarse las manos a la cabeza por ello. Se medía a Dawson-King, una pareja formidable, y aún así fue capaz de sacar un buen centro que Bendtner mandó al larguero. Necesita tiempo, partidos, derrotas, caídas, orgullo. Explotar su inmensa potencialidad. Creerse importante y capaz, desear más que nada ser un futbolista de primer nivel mundial. Aprender de Fàbregas, ese prodigio de la competitividad.

Walcott tiene condiciones, pero hay algún otro que no. Sorprende la insistencia de Wenger en Justin Hoyte, un defensor limitadísimo. Flojo como lateral, su alineación como central al lado de Gallas producía terror esta noche ya antes de empezar el partido. Luego confirmó su inaptitud. Tanto en el primer gol como en el tercero, llega ese medio segundo tarde a bloquear el disparo. Es un chico comprometido, muy del Arsenal, se le ve con ilusión, pero lamentablemente parece no dar el nivel.

Gilberto Silva. Jugador importantísimo en el Arsenal de los invencibles, medio centro determinante en el camino hacia París, capitán dignísimo en ausencia de Thierry Henry. Cuando se retire habrá que incluirle en el capítulo de leyendas del club. Una trayectoria indiscutible. Pero un presente decadente. Su ciclo puede haber terminado. Lo anunciaba su repetida suplencia a lo largo de la temporada, lo confirmaban sus decepcionantes actuaciones en Newcastle, Middlesbrough y en la ida contra los spurs. Esta noche ha tocado fondo en White Hart Lane. Incapaz de contener, de estar a la altura en la batalla física, de imponer respeto en la parcela central. Pero sobre todo, sin hambre, sin ímpetu, sin agresividad. En el cuarto gol estaba corriendo junto a Lennon y cuando éste aceleró él siguió trotando, sin seguirle, consciente de que no tenía ninguna opción. Si la importancia de un futbolista se exagera cuando no está, hoy Flamini ha parecido ser la pieza imprescindible de este Arsenal.

Uno se pregunta ahora qué consecuencias tendrá esta debacle. Hará bien Wenger en elaborar un discurso que convenza a los jugadores de que la derrota dolorosa llegó en otra competición, con una columna vertebral distinta, que el que perdió 5-1 no era el Arsenal que pelea el campeonato. De no ser así, los gunners corren el riesgo de sufrir una resaca tan prolongada como aquella que siguió al fin de la racha en Old Trafford el 24 de octubre de 2004. Pero sinceramente, uno ve a Fàbregas y a Flamini y se da cuenta de que este equipo tiene la personalidad suficiente para levantarse y pelear.

Crónica del Egipto-Camerún de la CAN para Público

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jueves, enero 10, 2008

No bastó con el show de Berbatov

Parecía imposible quedarse más cerca de romper el maleficio sin lograrlo, pero el Tottenham lo hizo de nuevo anoche en el Emirates. Sigue sin ganar a su eterno rival desde 1999 y pese al partidazo que firmó en cancha enemiga se retiró frustrado a los vestuarios, preguntándose por qué es tan complicado ganarle al Arsenal. No bastó con una exhibición de Dimitar Berbatov, el mejor jugador sobre el campo con una diferencia abismal. Al búlgaro le dieron sus compañeros algunas razones para desear marcharse -sobre todo Malbranque y Defoe-: se inventaba pases imposibles y ellos los desaprovechaban rematando lejos de la portería de Fabianski. El ex de Bayer Leverkusen se prodigó más como asistente que como rematador. Por momentos dio la sensación que el equipo de Juande le necesita casi para todo en fase ofensiva.

Pero seamos justos: no sólo Berbatov hizo que el Tottenham mereciera ganar. Los spurs fueron colectivamente mejores. Mención especial para Jamie O'Hara, el primer descubrimiento del ex entrenador del Sevilla. Un medio centro zurdo que se ofrece, que toca en corto, que hace circular el balón con sentido. Ganó junto a Jenas la batalla del centro del campo, donde Gilberto Silva evidenció que probablemente ha iniciado su decadencia. No mordió para nada, dándole la razón a Wenger, que le ha dado la titularidad al impetuoso Mathieu Flamini en su posición esta temporada. También brilló la pareja de centrales Dawson-King. El regreso de Ledley fue un alivio para una zaga que se estaba acostumbrando demasiado a las soluciones de emergencia.

Pero pese a todo ello, el Tottenham no ganó. Apareció Eduardo Da Silva, el indiscutible hombre del momento en el universo gunner, y su excelso pase en profundidad lo aprovechó Walcott para empatar con enorme fortuna. Por un momento el Emirates llegó a creer en la remontada, pero al croata le faltaron unos centímetros para conectar con mayor potencia un cabezazo que pudo darle al partido un resultado aún más injusto. Como dijo Wenger esta semana, la gente empieza a pensar que todo lo que toca el ex del Dinamo de Zagreb debe acabar en gol.

Eliminatoria abierta de cara a la vuelta, pero con ligero favoritismo para los spurs. Si es cierto que los chicos alternativos del Arsenal son capaces de ganar a buenos equipos de la Premier, no podemos olvidar que el Tottenham es más que eso: es un conjunto top, por mucho que diga la clasificación. Estaba cuarto en muchas encuestas previas a la temporada, y el nivelazo se nota. O si no que se lo pregunten a Djourou, que tuvo un regreso funesto a la escuadra gunner. Wenger le cambió en el descanso, pero esperemos que ese no haya sido el juicio definitivo. Y es que medirse a Keane-Berbatov son palabras mayores.

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miércoles, enero 09, 2008

Wright-Phillips desequilibró un partidazo

Se preguntan algunos aficionados españoles: ¿por qué en Inglaterra tienen dos copas? Responde el fútbol: para disfrutar aún más. Como allí se lo toman todo en serio, podrían tener hasta tres y regalarnos partidazos en cada una de ellas. La Carling volvió a ofrecernos un espectáculo enorme anoche con un encuentro memorable entre Chelsea y Everton. Una batalla intensa, emocionante, con detalles técnicos y tácticos, con mucho corazón. Y es que el equipo de Avram Grant empezó a ganar el duelo en la pizarra y en el talento, pero se lo acabó llevando por fe. Con Wright-Phillips como protagonista evidente: su posición desorientó por completo el entramado defensivo de Moyes y causó pánico en la zaga toffee. Tanto, que Joleon Lescott, brillante hasta entonces, acabó marcándose en propia portería el 2-1 definitivo al sentir el acoso del diminuto extremo en un balón aéreo.

Los equipos de Moyes te hacen comprender que el trabajo defensivo puede ser también muy bello. Que hay algo incluso estético en las líneas bien puestas, en las ayudas de los centrocampistas a los defensas, en las marcas individuales, en el esfuerzo solidario. Sabe el técnico escocés que su equipo no tiene nada que hacer en Stamford Bridge si sale a jugar con alegría y despreocupándose del rival. Así que monta un dispositivo para anularlo, consciente de que tendrá su oportunidad a balón parado, ya que en esa faceta posee armas de enorme potencial. Era extraordinario ver cómo Cahill seguía a Ballack por todo el campo, como McFadden se ocupaba de Belletti y mantenía la posición para que las dos líneas de cuatro no quedaran descompuestas. Pero claro, eso también les restaba cierta capacidad en ataque, sobre todo al australiano, muy alejado de su zona de influencia. Aunque también en el Chelsea hubo detalles de gran nivel: Mikel, hasta su expulsión -exagerada para los locales, justa para los visitantes-, anuló por completo a Andy Johnson y ofreció un recital absoluto de disciplina y sencillez mezcladas con esa elegancia suya que le convierte en uno de los futbolistas jóvenes más interesantes del planeta.

El Chelsea fue mejor en la primera parte. El Everton defendía bastante bien, pero no le bastaba para detener a un equipo que por momentos parecía un ciclón. Grant demostró que no es sólo un hombre de paja, sino que dirige con maestría desde el banquillo. En su once inicial todos creíamos que Joe Cole actuaría en la media punta y que Wright-Phillips iría por banda derecha. Parecía lo lógico. Sin embargo, con un intercambio constante de posiciones, con Belletti haciéndose dueño de toda la banda y con los dos pequeñitos quedando bastante libres por el centro, el Chelsea consiguió tener superioridad numérica en esa zona de gran influencia en el juego. Carsley no daba abasto: no sabía si ir a por uno o a por el otro. Así llegó el 1-0. El ex del Manchester City recibió muy solo, tuvo tiempo para pensar y puso el balón con mucha clase lejos de Howard. Al descanso, 1-0 merecido y hasta corto.

La expulsión de Mikel cambió el partido. Dio confianza al Everton, que se sintió con fuerzas de irse hacia arriba. Los de Moyes tienen mucha pegada, y aunque faltaran Arteta y Pienaar -sus generadores de fútbol-, encontró el camino del empate en un servicio de un sensacional McFadden que se comió Hilario y que Yakubu transformó en el 1-1. Grant reaccionó con cambios inteligentísimos: dio entrada a Sidwell para que ejerciera el papel del nigeriano, y viendo que Pizarro no entraba en juego -bien controlado por los fantásticos Yobo y Jagielka-, apostó por Wright-Phillips como único punta. La jugada le salió bien, porque en una fase en la que el partido estaba roto y el gol podía caer en cualquier portería, Shaun lo desequilibró con su presencia. Parece increíble si nos fijamos en su corta estatura, pero así fue. Un centro de Ballack al área pequeña aterrorizó a Howard, que no salió, y a Lescott, que no supo qué hacer. Acabó cabeceando hacia su propia portería, quedándose a medio camino entre una cesión y un despeje, rematando a la red ante la mirada atónita de Moyes, que no podía creerse un desenlace tan cruel.

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jueves, diciembre 20, 2007

De la locura de Crouch a las lágrimas de Makos

Del Chelsea 2 - Liverpool 0 haremos dos apuntes. El primero: Avram Grant cada día se parece más a Mourinho. Hasta ahora encontrábamos similitudes en su sistema táctico, en la personalidad que mostraba en las alineaciones y en las sustituciones ofensivas con marcadores adversos. Añadamos hoy otra más: su carácter ganador, el ir a por todos los títulos posibles. Del portugués nos encataba su hambre de querer triunfar siempre, de desear todas las victorias, de no especular nunca. Fuera Champions o Carling, su equipo salía a por todo. El israelí, con la alineación de hoy, ha mostrado el mismo interés. También con la actitud que sus hombres transmitieron sobre el campo. Segundo detalle: las horas de Peter Crouch en el Liverpool pueden estar contadas. Si la especulación sobre su posible marcha al Manchester City -Eriksson lo adora- era ya insistente, su entrada a John Obi Mikel puede ser un síntoma innegable de su desquiciamiento. Sin sentido alguno, se autoexpulsó. Y se fue insultando a la afición rival. Y casi enterró las opciones de su equipo. El éxito de Torres también es su fracaso. Podría acompañarle en ataque, pero Benítez ha declarado en más de una ocasión que le encanta la compenetración que existe entre el español y Kuyt. Y Babel pide paso. Y hasta Voronin lo ha hecho bien. El ex del Southampton estará los tres próximos partidos sin jugar. ¿Le hemos visto en el Bridge sus últimos minutos de red?

Aunque en un evidente segundo plano mediático internacional, hoy también había Coppa de Italia. Dos protagonistas: Recoba y Balotelli. El chino anotó un doblete en el sorprendente triunfo del Torino 3-1 ante la Roma. El joven italo-ghanés acaparó los titulares en la victoria del Inter en Reggio Calabria (1-4). Sus dos goles no son nada del otro mundo -uno de oportunista, el otro de listo-, pero confirman esa facilidad anotadora que demostró en categorías inferiores. Extraordinaria noticia para el equipo de Mancini, que vio como su atacante de futuro respondía a la confianza justo el día en el que se confirmó la cesión de Adriano al Sao Paulo.

Aunque puestos a elegir un momento del día, me quedo con las lágrimas de Grigoris Makos. No sé si es bueno -aunque debe serlo, debutó en primera división griega con 17 años, es internacional sub-21 y lleva cuatro temporadas siendo titular en su club-, pero su tristeza sobre el césped dibujó la estampa poética de la jornada de Copa de la UEFA. A los 20 minutos de juego, logró un golazo descomunal, empalmando una volea a la escuadra francesa. Hablo del partido Panionios-Burdeos. Era el 2-0 que casi garantizaba el billete de los helenos a la siguiente ronda. Pero luego los franceses remontaron y el equipo de Nea Smirna quedó eliminado. Terminó el partido, los jugadores se retiraron a vestuarios, pero el joven canterano se quedó en el césped llorando desconsoladamente. Se le acercó un empleado del club, pero no logró animarle. Con rabia, lanzó contra el suelo un objeto -¿un guante?, ¿una tirita?, ¿una venda?, no lo sé-. Si el fútbol nos gusta es porque provoca sensaciones profundas. En el llanto de Makos y su desesperación por el pase frustrado de Panionios a la siguiente ronda de la UEFA hay un romanticismo sin el que este juego no podría comprenderse.

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miércoles, diciembre 19, 2007

Madurando a pasos agigantados

Si el Arsenal es considerado por muchos el proyecto futbolístico más atractivo del planeta es por noches como la de este martes. Porque Wenger se atreve con un reto casi imposible: intentar ganar hoy mientras labra el éxito de mañana. El técnico alsaciano celebró la victoria en Blackburn con enorme satisfacción: no era un simple partido ganado en la Carling. Significaba un triunfo más de su libreto, más crédito aún para su filosofía. Se plantó en el campo del noveno clasificado de la Premier sin incluir a ningún titular en la convocatoria. Todos suplentes. Su equipo inicial tenía una media de edad de 20,7 años. El que terminó el partido, de 20,2. Y con un conjunto alternativo le ganó al experimentado bloque de Mark Hughes, que cuenta con varios internacionales en su plantilla. Y que sacó lo mejor que tenía, claro. Fue una victoria repleta de madurez: después de dominar el primer tiempo superando por completo al rival con posesión de balón, los gunners sufrieron ante la agresividad del oponente y llegaron al final de los noventa minutos con empate a dos e inferioridad numérica. Pese a ello, aguantaron y decidieron el encuentro a su favor.

Puede parecer una nimiedad, pero lo que hizo el Arsenal en Ewood Park tiene un mérito tremendo. Todos los equipos sacan sus mejores onces en cuartos de la final de la Carling -sólo hay que consultar las alineaciones de hoy del Manchester City-Tottenham o las del West Ham-Everton de la semana pasada-. Wenger no lo hace, pero es que además gana. No menosprecia la competición: la ama, porque le permite exponer a sus jóvenes al fútbol competitivo de máxima exigencia. Le permite progresar. Ser atrevido puede ser más o menos fácil, pero serlo y triunfar, no. El Manchester United intentó hacer algo parecido en primera ronda. En casa y contra un equipo de segunda división. Perdió 0-2.

En la épica batalla de Blackburn, los chicos de Wenger se curtieron. Porque sólo con el sufrimiento se llega a la meta. Y hoy han dado pasos agigantados. Sirva de ejemplo Alex Song, que tras perder multitud de duelos aéreos tuvo la personalidad suficiente para irse hacia arriba, querer el balón, conducirlo y meter un pase en profundidad prodigioso para que Eduardo marcara el gol de la victoria. Su osadía admirable sólo puede compararse a la de su entrenador, un genio inigualable.

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lunes, febrero 26, 2007

Mucho más que un torneo menor

La final de la Carling Cup redondeó una competición que nos ha dejado partidos imborrables. La "copa mala", que es como la denominan aquellos que, no muy metidos en el fútbol inglés, necesitan una simplificación para ubicarse, nos trajo esta temporada la eliminación del Manchester United por parte del colista de segunda, el camino de un equipo de cuarta hasta las semifinales, la goleada histórica del Arsenal en Anfield por 3-6 y un derbi del norte de Londres que se resolvió en la prórroga del segundo partido. Todo ello precioso, pero aún faltaba lo mejor. La final, claro.

Wenger había dicho antes de empezar que él no renunciaría a su filosofía por muchos millones que un presidente rico le pusiera a su alcance. Y en un acto de enorme valentía, de atrevimiento admirable, sacó el mismo equipo que llegó hasta la última ronda. Sin importarle que el Chelsea formara con sus mejores hombres, con los Essien, Carvalho, Cech, Terry, Lampard, Drogba y Shevchenko. Así que dejó en la grada a Henry, Gilberto Silva, Gallas y Lehmann -aunque éste estaba sancionado, pero habría sido suplente igual-. Y sus jóvenes no decepcionaron. Le dieron un baño al Chelsea en la primera parte -con posesión, tocando, llevando la iniciativa, para que luego no se diga que el Arsenal sólo sabe jugar a la contra- y se pusieron merecidamente por delante con el primer gol de Theo Walcott con la camiseta gunner. Luego pudo haber penalti a Baptista y fuera de juego de Drogba, pero el marfileño empató en la primera llegada del equipo de Mourinho. El gol no hizo daño al equipo del norte, que terminó la primera parte dando la sensación de ser superior. Y sobretodo, fuera cuál fuera el resultado al final, de tener garantizado el futuro para los próximos diez años. Esa es la clave de la filosofía de Wenger: hoy se puede perder, pero mañana, seguro, se será competitivo.

Mourinho, que no tendrá el glamour ideológico del francés ni su visión a largo plazo, es un fenomenal estratega y lector de partidos. Así que apostó por Robben para desequilibrar por los costados, nada utilizados por su equipo en la primera parte. Y a la postre el holandés acabaría siendo decisivo. Con él en el campo el partido se igualó, y hasta se puede decir que el Chelsea lo acabó dominando. Y sobretodo, de su bota izquierda nació el centro que Drogba convirtió en gol cuando el partido agonizaba. La final, tan preciosa y equilibrada, la ganó el jugador más en forma sobre el campo, el delantero del momento en el fútbol mundial. El marfileño superó por arriba a Senderos y cruzó un cabezazo enorme que supuso el quinto título de la era Mourinho. Hubo dedicatoria final a un John Terry de hierro, que tras desplomarse sobre el césped al recibir una patada involuntaria en la cara por parte de Diaby se recuperó a tiempo para volver al estadio a celebrar la victoria. Y sí, también hubo tángana monumental, expulsiones y un descuento que se prolongó más allá del minuto cien. Resultado todo ello de una rivalidad enorme que se acentuó por el dramatismo de una final que, desde hoy mismo, ha pasado a engrosar la colección de grandes clásicos del fútbol inglés.

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