sábado, septiembre 13, 2008

Ecos del Maksimir: Capello, Walcott, Rooney

A pocas horas de que se inicie una jornada apasionante de la Premier, los ecos del abultado triunfo de Inglaterra en Zagreb aún no han desaparecido y se siguen escuchando por todos los rincones del mundillo futbolístico británico. Capello pedía ayer prudencia y probablemente estaba en lo cierto cuando afirmaba que ni esa goleada escandalosa era suficiente para recuperar el crédito ante la afición. Y es que está claro que lo mejor para los pross en el Maksimir fue el resultado -que era lo que buscaban, al fin y al cabo-. Pero el equipo no dio una imagen tan convincente como para pensar que vuelve a ser una potencia. Durante toda la primera parte y especialmente antes del 0-1, Inglaterra no estaba siendo mejor que Croacia. De haberse puesto por detrás en el marcador -que pudo suceder-, habría tenido muchas dificultades para remontar el partido. Luego, con ventaja y superioridad numérica, se sintió muy cómoda y sí mostró un juego muy práctico, de dominio de la situación. El resultado final se puede considerar algo exagerado, y es bueno que el técnico italiano sea consciente de ello para buscar una mejoría que aún es necesaria.

El gran héroe que salió del Maksimir fue Theo Walcott y parece que esta tarde Wenger lo dejará en el banquillo, según afirmaban ayer la mayoría de periódicos ingleses. Algunos acusan al técnico alsaciano de proteger demasiado al joven prodigio, pero es evidente que todo en su carrera ha sido prematuro, que los focos han apuntado hacia él desde que tenía 16 años y que hay que ir con mucho cuidado con este tipo de cosas. Walcott no es un Bojan Krkic que sale de la cantera a coste cero: protagonizó un traspaso monumental con el resto de gigantes del país también interesados siendo aún menor de edad, acudió a un Mundial absoluto sin haber debutado en primera división y hasta algunos lo compararon con Henry cuando firmó por el Arsenal. Yo también me desespero cuando a veces Wenger prefiere a Eboué, pero entiendo que su estrategia con el prometedor extremo está absolutamente meditada y tiene como único objetivo acabar convirtiéndolo en un crack de primer nivel. Algo que siempre se esperó de su talento pero que podría estropearse en cualquier momento si su cabeza no asimila correctamente todo lo que le va sucediendo.

Y unas cuantas palabras sobre Wayne Rooney. Fue el tapado del partido de Zagreb, pero su contribución en el resultado final hay que calificarla de monumental. Capello mostró al mundo cómo se saca el máximo rendimiento del delantero del United: por detrás de un punta fuerte que se pelee con los centrales, con enorme libertad para moverse, haciendo daño entre líneas. Participó en los cuatro goles, mostró una inteligencia extraordinaria en todas sus acciones y comandó desde el silencio la mayoría de oportunidades de gol. Llega enchufadísimo al gran clásico ante el Liverpool -que podrá seguirse en Marcador Internacional de Radio Marca íntegramente- y sobre todo abre una perspectiva esperanzadora: ¿hasta dónde puede llegar ahora que compartirá ataque con Berbatov?

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miércoles, abril 09, 2008

Crónica muy subjetiva sobre el final de un sueño

Cuando Theo había firmado la jugada con mayúsculas de esta edición de la Champions League, Babel cayó en el área y el árbitro sueco pitó penalti. Andújar Oliver dijo en la transmisión que hicimos en Radio Marca que ningún entrenador se quejaría del colegiado. Wenger, of course, lo hizo. No podía ser de otra forma. En dos acciones similares, una en la ida y la otra en la vuelta, las decisiones fueron distintas. Incluso pareció mucho más claro el agarrón sobre Hleb en el Emirates que el que derribó al ex delantero del Ajax en la vuelta. Hablaremos de muchas cosas -lo haré yo también a continuación-, de tácticas, de jugadores que no debieron estar, de otros a los que se echó de menos, de valentía y de carácter, pero at the end of the day, esa jugada de Kolo con Ryan decidió la eliminatoria. Si el árbitro la pitaba era billete para el Liverpool, si no la señalaba probablemente se habría metido el Arsenal. Critiquemos también al defensor marfileño por situarse demasiado cerca de su rival, por dejar lugar a la duda. Debió quedarse parado, Gallas le había hecho la cobertura y ya estaba esperando a Babel. Me alegro, al menos, cuando llego a casa, me pongo a leer la prensa inglesa y descubro que califican el penalti como controversial. Claro, discutible, polémico. Demasiado para decantar una eliminatoria tan disputada.

Wenger siente que la justicia no trató bien a su equipo. Quizá tampoco él estuvo acertado en alguna decisión -Senderos, Gilberto, Walcott-, pero lo que ha condenado a este Arsenal ha sido la desmembración de su equipo titular. Las lesiones han destrozado a un bloque fantástico que estaba preparado para luchar con los mejores. La ausencia de Sagna planteó un quebradero de cabeza que finalmente no se resolvió de la mejor forma posible, pero uno se pregunta cómo debió hacerse -la solución obvia parecía Eboué en el lateral, pero con él en ese puesto el equipo ha sido muy desbordable por su costado-. Sin Rosicky, el técnico alsaciano se quedaba sin el único de sus jugadores de banda con cierta capacidad goleadora. Sin Eduardo, sin el mejor finalizador de la plantilla. Sin Van Persie -que no está bien-, sin el delantero más directo, el mejor lanzador desde fuera. Ya sólo faltaba que se lesionara Flamini. ¡Ay, cuando se lesionó Flattuso! ¿No pensaste tú también que ese partido difícilmente se ganaba? Miramos al banquillo y aparecía Gilberto como única alternativa. Y nos echamos a temblar. ¡Qué grande fue Gilberto en sus buenos tiempos, pero qué lejos quedan éstos! Prometo que en ese momento lo vi muy negro, pese al 1-1 del marcador, y que me la habría jugado antes con Alex Song que con el brasileño. Era arriesgado, no tiene ritmo, le falta experiencia, pero el camerunés posee una vehemencia y una intensidad que suplen todo lo demás. Y si se apuesta por los jóvenes, se apuesta por ellos hasta el final, con todas las consecuencias. Pero la historia fue distinta. Mathieu se fue, se sentó en el banquillo con un gorrito, Cesc se fundió teniendo que hacer el trabajo de los dos, no le quedó oxígeno para pensar y el Liverpool imprimió el ritmo que quiso. Se acabó el Arsenal. Y pese a ello fue capaz de reaccionar, de lograr ese 2-2 que bajó del cielo, de otro planeta quizá, para que al final ese penalti lo echara todo por la borda. Oh, Theo, ¡no te merecías algo así! Ahora este golazo de youtube no valdrá para nada, no será tan legendario, no podremos recordarlo con una sonrisa.

Es evidente que Benítez ha armado un equipazo, el mejor de toda su era en Anfield, el que tiene más calidad diferencial arriba -Torres, Babel-. Un candidato indiscutible a ganar la Champions, por mucho que en la Premier decepcione años tras año. Pero su Liverpool no tuvo tantas lesiones de hombres fundamentales y las decisiones arbitrales decisivas estuvieron de su lado. Es por ello que Wenger se siente traicionado por la justicia. En fin, qué le vamos a hacer. Pues nada, irnos a dormir, que ya es tarde.

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martes, marzo 04, 2008

Una finalísima en San Siro

Ancelotti pide coraje y personalidad. Wenger, velocidad y paciencia. Milan y Arsenal se miden esta noche en el partido más interesante de los octavos de final de Champions. El 0-0 de la ida deja la eliminatoria muy abierta: con el factor campo a favor para los italianos, con el valor doble de los goles visitantes otorgando más resultados óptimos a los ingleses. El empirismo nos haría apostar por el Milan, que suele ganar por experiencia estas batallas europeas. El racionalismo está del lado del Arsenal, cuyo fútbol ha sido más brillante y efectivo a lo largo de la temporada.

Kolo Touré no se ha recuperado de su lesión, por lo que Philippe Senderos partirá de inicio en el eje de la zaga. Estuvo agresivo y concentrado en la ida, pero su lentitud ante atacantes veloces como Pato o Kaká puede ser un factor decisivo. Su juventud no debe ser un déficit: fue titular en las rondas determinantes del camino a París y el Arsenal no encajó ni un solo gol. El que sí que ha viajado contra todo pronóstico es Robin van Persie. Wenger ha descartado arriesgar metiéndole desde el principio, por lo que se presenta una gran duda sobre quién será el undécimo hombre de la alineación inicial. Una opción conservadora sería situar a Gilberto junto a Flamini y adelantar la posición de Fàbregas. Otra, colocar a Diaby en banda y a Hleb de media punta -aunque el francés no parece haber hecho méritos suficientes para ganarse el puesto-. Si respeta su 4-4-2, el alsaciano deberá elegir entre Walcott y Bendtner para acompañar a Adebayor. Ambos parecen verdes para un choque de tanta envergadura, pero la velocidad de Theo podría resultar dañina ante una defensa bastante envejecida. Hasta ahora, sus mejores actuaciones han llegado entrando desde el banquillo y revolucionando los partidos, pero hoy Wenger tiene otra carta para el segundo tiempo -Van Persie-, por lo que puede jugar la del ex del Southampton de entrada.

En el Milan no hay tanto misterio. Seedorf es duda por problemas físicos y parece que va a quedarse fuera. Ambrosini, Gattuso y Pirlo formarían el trivote, con Kaká enlazando y la dupla Pato-Inzaghi arriba. ¿Pippo? Claro, Ancelotti lo reserva para los partidos importantes, aquellos en los que su goleador de raza se crece. En principio, Maldini jugará por izquierda y tendrá una dura prueba ante la potencia física de Eboué. Nesta y Kaladze formarían un eje central destinado a anular a un Adebayor que ha perdido efectividad en los últimos partidos.

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martes, enero 22, 2008

Cinco goles por ocho años de espera

La mejor forma de romper una racha negrísima con el eterno rival es goleándolo. Es como decirle: "toma, me voy a desquitar de tantos años de frustración... te meteré tantos como rabia tenía dentro". Eso es lo que le ha hecho esta noche el Tottenham al Arsenal en una semifinal de la Carling Cup que indudablemente pasará a la historia. Porque es el primer triunfo de los spurs a los gunners desde 1999, por lo abultado del marcador (5-1) y porque conduce al equipo de Juande al nuevo Wembley por primera vez. Para cualquier habitual de White Hart Lane, lo de hoy tiene que haber sido una gozada.

Juande Ramos ha logrado que su equipazo funcione al máximo nivel. La materia prima ya estaba ahí: una plantilla muy cercana al potencial de las cuatro grandes -se podría llegar a discutir, en algún caso, si no es incluso superior a alguna de ellas-. Pero empezó la temporada rindiendo muy por debajo de lo esperado. Su clasificación no debe engañar a nadie. Tottenham es top class, too much class para los jóvenes del Arsenal. Presión asfixiante, ritmo altísimo, velocidad en la salida al ataque. La receta que hizo grande al Sevilla pulverizó al equipo del flying football. No fue una victoria de Berbatov, ni de Jenas, ni tampoco de Lennon. Fue un triunfo colectivo, merecido, arrollador, incontestable.

Wenger quiere que la Carling sirva para que sus jóvenes maduren. Algunos lo necesitan. Otros parece que no lo lograrán nunca. Y alguno ya lo ha hecho demasiado. No es una crítica a la política del alsaciano, una estrategia que aquí aplaudimos en repetidas ocasiones. Es admirable, y por lo tanto hay que tomarse esta derrota con filosofía. Es una derrota lógica, previsible. Expuso a sus jóvenes a un equipo de primer nivel y perdió. Nada que decir. Que les sirva a los chavales para progresar.

Un oyente me preguntó la semana pasada qué diferencia había entre Theo Walcott y Aaron Lennon. Que quién me parecía mejor. Le respondí que los años de diferencia se notaban. Que uno estaba por hacer y el otro ya era un jugador importante en un equipo de buen nivel de Premier League. Como cumpliendo la profecía, el extremo spur firmó una actuación memorable. Desequilibró por banda, acuchilló por velocidad, asistió por clarividencia. Al gunner, en cambio, aún se le espera. Le vino grande el partido, pero no hay que echarse las manos a la cabeza por ello. Se medía a Dawson-King, una pareja formidable, y aún así fue capaz de sacar un buen centro que Bendtner mandó al larguero. Necesita tiempo, partidos, derrotas, caídas, orgullo. Explotar su inmensa potencialidad. Creerse importante y capaz, desear más que nada ser un futbolista de primer nivel mundial. Aprender de Fàbregas, ese prodigio de la competitividad.

Walcott tiene condiciones, pero hay algún otro que no. Sorprende la insistencia de Wenger en Justin Hoyte, un defensor limitadísimo. Flojo como lateral, su alineación como central al lado de Gallas producía terror esta noche ya antes de empezar el partido. Luego confirmó su inaptitud. Tanto en el primer gol como en el tercero, llega ese medio segundo tarde a bloquear el disparo. Es un chico comprometido, muy del Arsenal, se le ve con ilusión, pero lamentablemente parece no dar el nivel.

Gilberto Silva. Jugador importantísimo en el Arsenal de los invencibles, medio centro determinante en el camino hacia París, capitán dignísimo en ausencia de Thierry Henry. Cuando se retire habrá que incluirle en el capítulo de leyendas del club. Una trayectoria indiscutible. Pero un presente decadente. Su ciclo puede haber terminado. Lo anunciaba su repetida suplencia a lo largo de la temporada, lo confirmaban sus decepcionantes actuaciones en Newcastle, Middlesbrough y en la ida contra los spurs. Esta noche ha tocado fondo en White Hart Lane. Incapaz de contener, de estar a la altura en la batalla física, de imponer respeto en la parcela central. Pero sobre todo, sin hambre, sin ímpetu, sin agresividad. En el cuarto gol estaba corriendo junto a Lennon y cuando éste aceleró él siguió trotando, sin seguirle, consciente de que no tenía ninguna opción. Si la importancia de un futbolista se exagera cuando no está, hoy Flamini ha parecido ser la pieza imprescindible de este Arsenal.

Uno se pregunta ahora qué consecuencias tendrá esta debacle. Hará bien Wenger en elaborar un discurso que convenza a los jugadores de que la derrota dolorosa llegó en otra competición, con una columna vertebral distinta, que el que perdió 5-1 no era el Arsenal que pelea el campeonato. De no ser así, los gunners corren el riesgo de sufrir una resaca tan prolongada como aquella que siguió al fin de la racha en Old Trafford el 24 de octubre de 2004. Pero sinceramente, uno ve a Fàbregas y a Flamini y se da cuenta de que este equipo tiene la personalidad suficiente para levantarse y pelear.

Crónica del Egipto-Camerún de la CAN para Público

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miércoles, octubre 24, 2007

El artículo que no escribí

Es una suerte que el domingo no escribiera un artículo que tenía en mente y que sólo se quedó allí por pura pereza. Iba a titularlo algo así como: "Ayer recordé por qué no me gusta Hleb". E iba a decir que, después de la exhibición de Robert Pires en el Madrigal frente al Barcelona, comprendí por qué, semana tras semana, el bielorruso me decepciona. Lo habría argumentado fácilmente. Aliaksandr (o Aleksandr o Alexander) llegó a Londres para convertirse en el relevo a largo plazo del francés: un media punta elegante y de talento al que Wenger acabaría situando en la banda para cumplir así con su teoría sobre los centrocampistas -aquella que dice que sólo los que tienen capacidad para recuperar balones pueden jugar en el centro-. Pero la producción ofensiva de uno y otro no resistirían comparación. Pires producía más de treinta goles por temporada. Hleb y Rosicky -que también fichó para lo mismo- no llegan entre ambos ni a la mitad.

Es una suerte, pues, que no llegara a escribir ese artículo, porque me habría dejado en ridículo dos días después. Y es que el bueno de Hleb firmó ante el Slavia de Praga su mejor encuentro desde que está en el Arsenal. No parecía el mismo que pierde una cantidad desesperante de balones todos los fines de semana: asistió con criterio, condujo el balón con ímpetu, encontró portería con convencimiento. Digamos, para ser justos, que estuvo más en la línea de esta temporada que en la de la anterior. Sin llegar al nivel de esta noche, sus partidos post-veraniegos ya venían reflejando una mejoría importante. Habrá que aplaudirle, aunque esté aún muy lejos de la dimensión estratosférica del gran Pires.

Hleb competirá por el título honorífico de mejor jugador del partido con Theo Walcott. El joven extremo le ganó el puesto de titular a Eduardo Da Silva y le devolvió la confianza a Wenger con una actuación sublime, casi ridiculizando a los contrarios. Su definición en el 5-0 recordó al mejor Thierry Henry, dando la razón a los que vieron en la llegada del ex del Southampton un recambio natural para cuando se jubilara la gacela de Les Ulis. Theo merece seguir en el once el próximo domingo en la visita a Anfield, un duro examen para comprobar si este Arsenal puede seguir mostrándose imparable también contra los gigantes.

Cesc acaba de decir en la Ser que éste no ha sido ni mucho menos su mejor partido. Estoy de acuerdo con él. Fue muy bueno, uno más de su largo recital desde que imparte clases de fútbol en el norte de Londres. Pero el mejor no se juega contra el Slavia de Praga en la fase de grupos. El mejor hasta ahora, en mi opinión, lo jugó ante la Juventus en Highbury en los cuartos de final de aquella Champions que terminó en Saint-Denis. Pero el mejor de todos está por llegar. Los mejores están por llegar. Esta temporada puede convertirse en un catálogo de regalos.

Ya me lié. Sólo quería hablar del artículo que no escribí y he acabado hablando de Walcott y de Cesc. Claro, es que me gustan mucho más que Hleb.

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lunes, febrero 26, 2007

Mucho más que un torneo menor

La final de la Carling Cup redondeó una competición que nos ha dejado partidos imborrables. La "copa mala", que es como la denominan aquellos que, no muy metidos en el fútbol inglés, necesitan una simplificación para ubicarse, nos trajo esta temporada la eliminación del Manchester United por parte del colista de segunda, el camino de un equipo de cuarta hasta las semifinales, la goleada histórica del Arsenal en Anfield por 3-6 y un derbi del norte de Londres que se resolvió en la prórroga del segundo partido. Todo ello precioso, pero aún faltaba lo mejor. La final, claro.

Wenger había dicho antes de empezar que él no renunciaría a su filosofía por muchos millones que un presidente rico le pusiera a su alcance. Y en un acto de enorme valentía, de atrevimiento admirable, sacó el mismo equipo que llegó hasta la última ronda. Sin importarle que el Chelsea formara con sus mejores hombres, con los Essien, Carvalho, Cech, Terry, Lampard, Drogba y Shevchenko. Así que dejó en la grada a Henry, Gilberto Silva, Gallas y Lehmann -aunque éste estaba sancionado, pero habría sido suplente igual-. Y sus jóvenes no decepcionaron. Le dieron un baño al Chelsea en la primera parte -con posesión, tocando, llevando la iniciativa, para que luego no se diga que el Arsenal sólo sabe jugar a la contra- y se pusieron merecidamente por delante con el primer gol de Theo Walcott con la camiseta gunner. Luego pudo haber penalti a Baptista y fuera de juego de Drogba, pero el marfileño empató en la primera llegada del equipo de Mourinho. El gol no hizo daño al equipo del norte, que terminó la primera parte dando la sensación de ser superior. Y sobretodo, fuera cuál fuera el resultado al final, de tener garantizado el futuro para los próximos diez años. Esa es la clave de la filosofía de Wenger: hoy se puede perder, pero mañana, seguro, se será competitivo.

Mourinho, que no tendrá el glamour ideológico del francés ni su visión a largo plazo, es un fenomenal estratega y lector de partidos. Así que apostó por Robben para desequilibrar por los costados, nada utilizados por su equipo en la primera parte. Y a la postre el holandés acabaría siendo decisivo. Con él en el campo el partido se igualó, y hasta se puede decir que el Chelsea lo acabó dominando. Y sobretodo, de su bota izquierda nació el centro que Drogba convirtió en gol cuando el partido agonizaba. La final, tan preciosa y equilibrada, la ganó el jugador más en forma sobre el campo, el delantero del momento en el fútbol mundial. El marfileño superó por arriba a Senderos y cruzó un cabezazo enorme que supuso el quinto título de la era Mourinho. Hubo dedicatoria final a un John Terry de hierro, que tras desplomarse sobre el césped al recibir una patada involuntaria en la cara por parte de Diaby se recuperó a tiempo para volver al estadio a celebrar la victoria. Y sí, también hubo tángana monumental, expulsiones y un descuento que se prolongó más allá del minuto cien. Resultado todo ello de una rivalidad enorme que se acentuó por el dramatismo de una final que, desde hoy mismo, ha pasado a engrosar la colección de grandes clásicos del fútbol inglés.

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